Trump y la peligrosa espiral del racismo

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Raúl Redondo

Pie de foto: El presidente Donald Trump en un mitin de campaña en Williams Arena en Greenville, N.C., el miércoles 17 de julio de 2019. AP PHOTO/CAROLYN KASTER

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha metido en un serio ‘problema’ para su imagen pública y personal, con una doble vertiente, ya que forma parte de su ya consabida estrategia política que le ha aupado a la Casa Blanca, basada en fomentar la división, el odio y el miedo al oponente político para acaparar un determinado voto de la América más tradicional y cerrada, pero que también puede seguir dañando aún más su carrera y su imagen pública y política, ya envuelta en polémicas habituales por su agresiva dialéctica contra todo aquel que no comulga con su ideología y principios.

El líder republicano profirió insultos racistas contra cuatro congresistas del rival Partido Demócrata: Alexandria Ocasio-Cortez, neoyorquina de origen portorriqueño, la afroamericana Ayanna Pressley, Rashida Tlaib, hija de palestinos, e Ilham Omar, somalí que llegó a EEUU a temprana edad. Estas políticas se han convertido en los máximos exponentes del ala izquierda de los demócratas y Trump les ‘invitó’ a volver a su casa y les acusó a través de Twitter de “despreciar” a Estados Unidos, reseñando que “proceden de países cuyos Gobiernos son una completa y total catástrofe” y que esos Ejecutivos con “los mas corruptos e ineptos del mundo”.

Estas palabras levantaron un auténtico vendaval político y social ante el que la Cámara de Representantes ha reaccionado reprobando a Trump por estas ofensas verbales. Es la primera vez en más de un siglo que esta institución da luz verde a la reprobación de un presidente. La Cámara Baja del Congreso condenó, de esta manera, las duras palabras de Trump en las que instaba a las legisladoras a que “vuelvan a sus países”; por 240 votos a favor y 187 en contra, la Cámara repudió este ataque dialéctico del presidente estadounidense. A pesar de todo, un sector reaccionario del bando republicano denunció esta actuación como una maniobra de acoso y ataque político a la figura de su líder, poniendo así de manifiesto la discrepancia existente en el corazón y la sociedad de EEUU, con un estrato social de la América más profunda, mucho más conservadora, y otro más abierto socialmente y más cosmopolita, de cariz más progresista, que busca la integración de los venidos de fuera con los ‘nativos’. 

Pie de foto: Las representantes de EEUU Ayanna Pressley (D-MA), Ilhan Omar (D-MN) (2R), Rashida Tlaib (D-MI) (R) y Alexandria Ocasio-Cortez (D-NY) durante una conferencia de prensa, para dirigirse a los comentarios hechos por el presidente de EEUU, Donald Trump, en el Capitolio de EEUU en Washington, DC, el 15 de julio de 2019. AFP/BRENDAN SMIALOWSKI

Dentro de esta controversia, el representante republicano Mitch McConnell quiso reseñar que su presidente “no es un racista”. Mientras, la presidenta de la Cámara, la demócrata Nancy Pelosi, tildó los desafortunados exabruptos de Trump de “desgraciados, asquerosos y racistas”.

Esta resolución de los congresistas reseñaba que “los comentarios han legitimado el miedo y el odio hacia los nuevos estadounidenses y las personas de color”, manifestación demoledora de la Cámara de Representantes contra la controvertida figura de Donald Trump, quien, por su carácter soberbio, sigue incidiendo en su opinión y forma de ver el mundo a pesar de que ello signifique denostar a determinadas personas y colectivos. 

Trump parece insistir en la estrategia electoral que le condujo a la Presidencia de EEUU, basada en el lema ‘America First’, anteponiendo a los norteamericanos ante todo, y en sembrar ciertamente la división y el odio hacia el contrincante político e ideológico, intentado fomentar de esta manera, de cara a la búsqueda de la reelección en noviembre de 2020, una mayor adhesión de los que piensan o pueden llegar a pensar como él, los cuales son muchos ciudadanos a tenor de los resultados de las elecciones que le otorgaron el poder. 

Pie de foto: La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, demócrata de California, llega a una sesión a puerta cerrada con su grupo antes de que se vote una resolución que condena lo que ella llama "comentarios racistas" del presidente Donald Trump en el Capitolio de Washington, el martes 16 de julio de 2019. AP PHOTO/SCOTT APPLEWHITE

Contra viento y marea, el mandatario estadounidense ha continuado con su agria retórica utilizando duros términos en su herramienta de comunicación favorita, la red social Twitter.“Antisemitas”, “pro Al Qaida” o “antiestadounidenses” han sido algunas de las últimas ‘perlas’ más recientes de un Trump que sigue envalentonado y que no incluye en su diccionario personal la palabra ‘disculpa’ o ‘rectificación’, propio de una figura política que, por ejemplo, no ha mostrado mucha compasión por todos los afectados por la crisis migratoria en la frontera.

A todas luces, la postura de Trump está fuera de lugar ya que el país de estas congresistas insultadas por él es, a todos los efectos, el mismo país de la bandera de las barras y estrellas que ha acogido a tantas y tantas personas a lo largo de su historia, las cuales han disfrutado de oportunidades para prosperar y buscar el llamado ‘sueño americano’. Al igual que ha ocurrido en el seno de la familia del propio Trump, hijo de la escocesa Mary MacLeod, quien a los 18 años emigró a EEUU, y de Fred Trump, hijo de inmigrantes alemanes. Frederick Trump, abuelo del actual presidente norteamericano, arribó a suelo americano en 1885 atraído por la ‘fiebre del oro’ para acabar haciendo fortuna con la apertura de hoteles en Alaska. Yendo más allá, la propia esposa de Donald Trump, Melania, es una modelo eslovena que en 2005 se casó con el que por aquel entonces era un gran magnate y hombre de negocios, una década después de haber llegado a Norteamérica. 

Trump y el racismo, asunto mezcla de la propia personalidad del líder republicano y de una estrategia electoral peligrosa que puede llevar con mucha probabilidad a incitar el odio y la animadversión, una impredecible espiral que puede llevar a la división, el enfrentamiento social y ha generar un aumento de la tensión, todo lo cual no se sabe dónde puede desembocar.