Oriente y Occidente dialogan en Madrid con el encuentro internacional de Paz Sin Fronteras

El evento que cuenta con 300 religiosos y expertos en la materia, ha abordado los principales retos de la paz internacional
Comunidad de Sant'Egidio

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El Encuentro Internacional “Paz sin Fronteras” en su 33ª edición ha reunido en Madrid a más de 300 religiosos y expertos internacionales de todo el mundo con la intención de tratar temas como la migración, la prevención de conflictos, el medio ambiente o la construcción de la paz. El evento, promovido por la Comunidad de Sant’Egidio y la Archidiócesis de la capital madrileña, ha contado con 27 mesas redondas que se han celebrado entre las jornadas desde este lunes al martes. La organización ha dedicado una de estas conferencias al diálogo entre Oriente y Occidente y, especialmente, los retos en las relaciones inevitables que tienen las sociedades ubicadas a ambos lados del mar Mediterráneo. 

Y es que la palabra más repetida a lo largo de esta sesión ha sido “diálogo”. El concepto ha ido tomando diferentes perspectivas a lo largo de las intervenciones de los participantes, aunque todos ellos han coincidido en que este va a ser un factor necesario para el futuro de ambas sociedades. Concretamente, Louis Raphaël Sako, cardenal y patriarca de Babilonia de los Caldeos en Irak, señaló que “no hay de ninguna manera más diálogo que el civil”. Del mismo modo, Mahdi al-Amine, teólogo islámico libanés comenzaba su intervención apuntando a la conversación interreligiosa: “el diálogo se ha convertido en una necesidad entre los pueblos” y “el Islam guarda al diálogo como un valor para la paz”. 

El orientalista y politólogo francés, Olivier Roy, mostraba, por su parte, que en los procesos de conocer al otro se mezclan factores distintos como la religión, la cultura y la política: “Al hablar de diálogo tenemos que definir quién habla y a quién se habla”. Por esto, utilizó su intervención para referirse a las dos sociedades involucradas al norte y al sur del Mediterráneo: “Europa ya no es cristiana, no tiene valores cristianos en sus relaciones y vida política, la cultura dominante europea es pagana y secular”, sin embargo, “cuando hablamos de Oriente hablamos del Islam, pero todos los procesos en Oriente son profundamente políticos, la primavera árabe o la guerra civil en Siria no son guerras religiosas, el conflicto entre chiíes y suníes no es religioso, sino una pugna entre Arabia Saudí e Irán.”

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La instrumentalización de la religión con fines políticos, tomando especial atención al radicalismo, ha sido marcadamente nombrado por los intervinientes: “El fanatismo no tiene nada que ver con la religión, cuando la religión se convierte en política para conseguir ciertos objetivos se desvirtúa, como es el caso del islam y Al-Qaeda o el cristianismo y las cruzadas”, apuntaba el cardenal Sako. “Los radicales hablan de la yihad, que es un concepto religioso, pero si queremos luchar contra este fenómeno tenemos que interrogarnos por qué los jóvenes toman estas decisiones como es ir a morir a una guerra, que es un acto esencialmente nihilista, dentro de ese discurso religioso”, afirmaba Roy, “si los jóvenes utilizan la religión es con un objeto político, como es el supremacismo blanco”, añadía.  

En la misma línea, Hassan al-Halabi, miembro de la comunidad drusa de Líbano, se refería a otros factores como la pobreza o el analfabetismo como una de las causas detrás del radicalismo: “mientras que en Occidente los Estados están habituados a instituciones, en otras regiones estas no existen, por ejemplo, en Egipto hay corrupción, analfabetismo y precariedad. Sin embargo, la violencia no se debe a un único factor, sino que siempre hay varios involucrados como los psicológicos, políticos, etc.”

Pese a todo, existen esperanzas para un diálogo exitoso. Los ponentes apuntaban a la paz como un objetivo perseguido por todas las comunidades humanas: “lo que queda para Oriente y Occidente es la paz”, contaba el sociólogo francés. “En Argelia o en Afganistán lo que siempre se ha buscado es la paz y en Occidente hay gente que se manifiesta por la paz, incluso sin ser religiosa”, perseveraba. El egipcio Al-Mustafá Higazy, fundador del think tank “Nasaq for Strategic Thinking” completaba el debate diciendo que “existe un solo elemento humano, que es la libertad, ahora mismo asistimos a procesos que buscan libertad y derechos en todo el mundo como en El Cairo o en Hong Kong”.

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Ahora son los Estados que tienen que tomar la responsabilidad de crear las vías para relaciones fructíferas, “apreciamos los esfuerzos orientalistas porque son un puente que sientan las bases para el diálogo”, expresaba Al-Amine. “Es posible crear identidades globales que hagan acopio de valores democráticos y es por esto que el diálogo es importante”, apuntaba, por su parte, Al-Halabi. La promoción de las libertades y los derechos humanos en la cuenca mediterránea se ha perfilado como un objetivo a conseguir en el futuro próximo. 

Internet se ha posicionado como una herramienta que permite conseguir enlazar a las personas entre las dos culturas, pero también se constituye como un reto en sí mismo para las relaciones culturales y entre los seres humanos en general. Según apuntaba Al-Mustafá: “En Internet no se habla de Oriente y Occidente, internet es una cultura, niños de todo el mundo juegan a los mismos juegos sin fronteras a través de la red. La gente puede mostrar su opinión y se reproducida en plataformas como Twitter”. Sin embargo, el sociólogo francés en su intervención se mostraba prudente: “A día de hoy las humanidades y la cultura están en crisis, internet es una forma de comunicarse”. 

Comunidad de Sant'Egidio
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Finalmente, Paola Pizzo, miembro de la comunidad de Sant’Edigio, apuntó que no solo hay obstáculos para el diálogo sino también grandes canales de comunicación; Oriente y Occidente siempre han estado conectados y no solo de forma religiosa. Uno de estos grandes puntos de encuentro ha sido recientemente la visita del Papa Francisco a Emiratos Árabes Unidos y la firma del ‘Documento de la Fraternidad Humana por la paz mundial y la convivencia’ que se perfila como un órgano de llamada al diálogo entre todas las confesiones del planeta. “Ante el dibujo de la globalización esférica, debemos crear una globalización poliédrica que se desarrolle en beneficio de todos con todas sus diferencias”, comentaba Pizzo. 

La ponente terminó su intervención hablando sobre la estatua de la Libertad de Nueva York, símbolo de la civilización occidental, que tuvo sus orígenes en Oriente Medio con un proyecto construcción de una estatua en la desembocadura del canal de Suez. Proyecto que se ideó a por iniciativa del Gobierno egipcio con la intención de simbolizar la luz del progreso que atravesaba Egipto desde Asia, como la antorcha de su mano quería expresar. La empresa nunca se pudo llevar a cabo debido a los problemas económicos que arrastraba el país, sin embargo, los planos fueron recuperados por Bartholdi, quien reprodujo casi idénticamente el diseño para la construcción de una estatua por encargo de Francia en Estados Unidos, fascinado por los bocetos orientales.