Alzheimer en Marruecos: una enfermedad que avanza en silencio
- El envejecimiento: una realidad demográfica ineludible
- Una enfermedad aún escondida en el ámbito familiar
- Vacunación contra la COVID-19 y Alzheimer: distinguir la preocupación de la evidencia científica
- Testimonios personales que merecen ser escuchados
- Una preocupante escasez de estructuras de atención
- Las familias, solas frente a la enfermedad
- Horizonte 2030: una responsabilidad colectiva
- Conclusión: testimonio personal y llamado colectivo
La enfermedad de Alzheimer está hoy reconocida como uno de los mayores desafíos sanitarios a nivel mundial. Sin embargo, en Marruecos sigue estando en gran medida ausente del debate público. A menudo se considera una consecuencia natural del envejecimiento o se oculta dentro de las familias por falta de información o por miedo al estigma social. Este silencio no refleja la magnitud del problema; simplemente retrasa su abordaje.
Al mismo tiempo, Marruecos vive una clara transición demográfica. El aumento de la esperanza de vida y los cambios en la estructura familiar conducen inevitablemente a un incremento de las enfermedades relacionadas con la edad, entre ellas el deterioro cognitivo y el Alzheimer.
El envejecimiento: una realidad demográfica ineludible
La edad es el principal factor de riesgo de la enfermedad de Alzheimer. A medida que la población marroquí envejece, el aumento del número de casos se convierte en un fenómeno previsible. Este proceso no es excepcional; lo han experimentado todas las sociedades que han atravesado una transición demográfica similar.
El problema no reside en esta evolución, sino en la falta de preparación. El envejecimiento real de la población aún no se ha integrado suficientemente en las políticas públicas de salud y protección social, lo que genera una brecha creciente entre las necesidades y las respuestas disponibles.
Una enfermedad aún escondida en el ámbito familiar
En la sociedad marroquí, el Alzheimer sigue siendo una enfermedad del silencio. Muchas familias prefieren minimizar los síntomas o atribuirlos a un envejecimiento normal. El diagnóstico suele realizarse en fases tardías, mientras que la carga del cuidado recae casi por completo en la familia.
Este silencio no protege ni al paciente ni a los cuidadores. Aísla, agota y dificulta la construcción de una respuesta colectiva e institucional adecuada.
Vacunación contra la COVID-19 y Alzheimer: distinguir la preocupación de la evidencia científica
En el contexto de la pandemia de COVID-19, surgieron inquietudes sobre un posible vínculo entre la vacunación y los trastornos cognitivos. Un estudio observacional realizado en Corea del Sur identificó una asociación estadística en una cohorte específica.
Sin embargo, dicho estudio no demuestra una relación causal. Sus autores y diversos expertos han señalado importantes limitaciones metodológicas. Hasta la fecha, la evidencia científica disponible no confirma que las vacunas contra la COVID-19 causen la enfermedad de Alzheimer.
En un contexto de rápido envejecimiento poblacional, el aumento de diagnósticos puede interpretarse erróneamente como consecuencia de acontecimientos recientes, cuando el factor demográfico sigue siendo central.
Testimonios personales que merecen ser escuchados
En Marruecos, algunas personas vacunadas reportan diversos síntomas, ya sean cognitivos, cutáneos o funcionales. Estos testimonios reflejan experiencias humanas reales y deben ser escuchados con respeto.
No obstante, por sí solos no constituyen una prueba científica. Las vacunas utilizadas en Marruecos —chinas, británicas o estadounidenses— están sujetas a una vigilancia internacional continua, y no se ha demostrado científicamente ninguna relación con enfermedades neurodegenerativas ni con alteraciones vinculadas a metales pesados.
Una preocupante escasez de estructuras de atención
Uno de los aspectos más alarmantes es la insuficiencia de estructuras dedicadas a la atención del Alzheimer. En Rabat, según las familias afectadas, existe un solo centro de día, que ofrece servicios limitados en el tiempo, con un coste mensual elevado en relación con la atención prestada.
La comparación con países vecinos como España resulta reveladora. Allí, los centros de día forman parte de las políticas públicas, están abiertos a diario y ofrecen una atención multidisciplinaria que incluye fisioterapia, neuropsicología, logopedia, alimentación y transporte.
Esta diferencia no refleja únicamente una brecha de recursos, sino también una diferencia en las prioridades sanitarias.
Las familias, solas frente a la enfermedad
Ante la falta de dispositivos adecuados, las familias asumen la mayor parte del cuidado, siendo las mujeres quienes con mayor frecuencia se encuentran en primera línea. Sin formación ni apoyo psicológico o institucional, el acompañamiento se convierte en una carga silenciosa. El Alzheimer se transforma así en una enfermedad doble: la del paciente y la del cuidador.
Horizonte 2030: una responsabilidad colectiva
De cara a 2030, cuando Marruecos se prepara para acoger un gran evento internacional, surge una oportunidad para vincular el desarrollo con el progreso social. La creación de centros de día especializados en Alzheimer, al menos en las capitales regionales y en las ciudades con infraestructuras adecuadas, sería un paso decisivo para afrontar los desafíos del envejecimiento.
Conclusión: testimonio personal y llamado colectivo
Soy consciente de que muchas enfermedades afectan a las personas mayores y constituyen, con razón, prioridades para los sistemas de salud. El envejecimiento plantea retos médicos, sociales y económicos complejos.
Pero si insisto en hablar del Alzheimer, es también porque yo mismo padezco un inicio de esta enfermedad. No se trata de acusar ni de alarmar, sino de dar testimonio y llamar la atención sobre una realidad que aún se vive en silencio.
Hablar del Alzheimer hoy no significa privilegiar una enfermedad sobre otras, sino reconocer el envejecimiento real de nuestra sociedad y reclamar una respuesta responsable, anticipada y humana.