Argelia: el héroe de papel que fracasó en el Consejo de Seguridad
Desde el inicio, Argelia intentó aprovechar la causa palestina como una carta diplomática para crear la impresión de que es un país defensor de los derechos de los pueblos, beneficiándose del seguimiento de organizaciones de derechos humanos y de la prensa internacional sobre distintos conflictos.
Aunque esta actuación logró temporalmente cierta simpatía mediática, la trampa era evidente para quienes conocen las reglas del juego: Palestina nunca fue una prioridad real, sino un medio para blanquear la imagen de un régimen incapaz de generar influencia auténtica.
Al mismo tiempo, Argelia utilizó esta carta en la mesa del conflicto del Sáhara marroquí, intentando explotar cualquier ventaja pasajera para alterar la balanza de votaciones a su favor. Todas las reuniones, comunicaciones, correspondencias y movilización de influencia internacional no lograron imponer la visión argelina, lo cual quedó claramente reflejado en su ausencia en las votaciones durante dos años consecutivos y su fracaso estrepitoso este año frente a la decisión que confirmó que la autonomía es el único marco para resolver el conflicto, con un respaldo claro de Estados Unidos.
La mayor paradoja apareció pocos días después del final del mandato de Argelia en el Consejo, cuando votó a favor de un proyecto de resolución estadounidense rechazado por las mismas facciones palestinas que Argelia había proclamado apoyar, incluida Hamás. Esta posición reveló el verdadero rostro de la diplomacia argelina: la carta palestina, utilizada como herramienta de presión y embellecimiento de imagen, se convirtió en cenizas, y quedó evidente que Argelia intentaba subirse al último momento al barco estadounidense para lograr cualquier beneficio mínimo en el tema del Sáhara.
El desempeño argelino refleja nuevamente rasgos centrales de su enfoque político: improvisación, saltos de una postura a otra y reacciones impulsivas en lugar de estrategias a largo plazo. La política internacional no se construye sobre engaños emocionales ni exhibiciones momentáneas; requiere una visión clara, planificación a largo plazo y credibilidad sostenida. Argelia, por el contrario, actúa según intereses circunstanciales, enciende los medios, amenaza, corta relaciones y reordena prioridades según el humor y las oportunidades del momento.
Estos hechos llevaron a muchos actores internacionales, incluido la Unión Europea, a reconsiderar sus posiciones, optando por apoyar abiertamente a Marruecos en el tema del Sáhara y reconociendo su soberanía sobre sus provincias del sur, después de que quedara demostrado que Argelia es un socio poco confiable, incapaz de mantener posturas estables y dependiente de exhibiciones temporales y reacciones inmediatas más que de estrategias genuinas.
La lección más grande de esta experiencia es clara: la política no se construye con espectáculos ni con cartas de presión temporales, sino con el arte de leer la realidad, establecer principios sólidos y trabajar a largo plazo. Los países que cambian de postura como cambia el viento y que colocan intereses circunstanciales por encima de los principios, rápidamente revelan la falsedad de sus posiciones, y el mundo percibe que son una ilusión diplomática; mientras que los Estados que desarrollan estrategias sostenibles protegen sus intereses e imponen respeto, incluso en las condiciones más difíciles.
Así, Marruecos se mantiene como un modelo de Estado que construye su poder sobre una visión clara, mientras Argelia sigue siendo un héroe de papel, mostrando su imagen ante el mundo sin peso real.
Abdelhay Korret, periodista y escritor marroquí