Mediterráneo en transformación: la alianza estratégica entre Rabat y Madrid

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el ministro de Transporte marroquí, Aziz Akhannouch, reaccionan durante la firma de acuerdos en el Palacio de la Moncloa, en Madrid, España, el 4 de diciembre de 2025 - REUTERS/Violeta Santos
Lo que ocurrió en Madrid no fue simplemente una Reunión de Alto Nivel entre Marruecos y España, sino, en su profundidad, un intento de reconfigurar el mapa de la conciencia entre dos países que comprendieron que la historia no perdona a quienes permanecen fuera del curso del tiempo

La cuestión no reside en los acuerdos firmados ni en las fotografías protocolares captadas con calma por los fotógrafos, sino en esa dinámica oculta que se mueve dentro de la estructura de la mente política marroquí y española por igual, como si ambos entraran nuevamente en un laboratorio de autocrítica tras décadas de tensiones y reacciones improductivas.

Madrid no recibió solo a una delegación gubernamental marroquí, sino a todas las transformaciones que ha conocido la región desde la caída del muro de la estabilidad en Oriente Medio tras el 7 de octubre, y las consecuentes redefiniciones de mapas y alianzas, en un Mediterráneo que se ha convertido en un espejo expuesto del choque de voluntades.

Surge entonces la pregunta crucial: ¿por qué se celebra esta cumbre en este momento? ¿Por qué se reafirma el apoyo español a la iniciativa de autonomía mientras el mundo se precipita hacia nuevos conflictos entre Oriente y Occidente? Tal vez la respuesta radique en que Madrid descubrió —tras años de vacilación— que apostar por Marruecos dejó de ser una opción táctica y se convirtió en una necesidad estratégica para proteger su frontera sur y evitar fracturas futuras en un entorno internacional que cambia con una velocidad alarmante.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda al primer ministro de Marruecos, Aziz Akhannouch, a su llegada al Palacio de la Moncloa – PHOTO/Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa

El apoyo de Madrid a la iniciativa de autonomía no es solo un gesto político, sino un reconocimiento implícito de que el conflicto artificial en el Sáhara dejó de ser únicamente regional y se transformó en una apuesta sobre quién tiene la capacidad de generar estabilidad en un entorno donde operan redes de terrorismo, crimen y migración irregular, asuntos que, España conoce mejor que nadie, no se manejan con discursos suaves, sino con alianzas sólidas.

Por su parte, Marruecos entiende que la puerta hacia el sur de Europa solo puede abrirse a través de España, del mismo modo que Madrid sabe que el pulso de la nueva África solo puede alcanzarlo mediante Rabat.

Esta interconexión orgánica entre ambas partes explica que Madrid, por primera vez en décadas, declare que las relaciones actuales son “las mejores de la historia”. Una frase aparentemente sencilla, pero que en su fondo significa que ambos países decidieron finalmente romper la cadena histórica que durante tanto tiempo obstaculizó cualquier impulso conjunto hacia el futuro.

El primer ministro marroquí, Aziz Akhannouch, estrecha la mano del ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, junto al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, durante una ceremonia de bienvenida con honores militares en el Palacio de la Moncloa, en Madrid, España, el 4 de diciembre de 2025 - REUTERS/Violeta Santos

Los acuerdos firmados en Madrid no son meros documentos técnicos, sino la construcción de una infraestructura para un nuevo pensamiento político: cooperación en agricultura y pesca, lucha contra el extremismo, digitalización, fiscalidad, educación, deporte, intercambio diplomático y preservación del archivo y la memoria. Como si ambos países comprendieran que los conflictos futuros no se resolverán con ejércitos, sino con un puerto digital, una escuela diplomática o una plataforma legal capaz de generar conocimiento en lugar de reciclarlo.

Es llamativo que la decimotercera cumbre haya coincidido con la renovación del apoyo del Consejo de Seguridad a la iniciativa de autonomía para el Sáhara, reflejando un profundo cambio en el equilibrio de legitimidad internacional, donde la tendencia separatista se ha desplazado a la sombra de la geopolítica, mientras que la idea de una solución realista y gradual gana terreno frente a la ilusión revolucionaria que solo produjo estancamiento, desplazamiento y frustración.

Existe, además, otra dimensión crucial: la dinámica real entre Rabat y Madrid. La excelente relación entre el rey Mohammed VI y el rey Felipe VI no es un detalle protocolario, sino un elemento fundamental para construir una confianza que los Gobiernos por sí solos no podrían establecer. Esta relación equilibrada y serena ha sido y sigue siendo un seguro para una nueva fase de coordinación profunda, especialmente con la cercanía del Mundial 2030, que convertirá al Mediterráneo en un laboratorio de desarrollo donde se entrelazarán inversiones, infraestructura, cultura, deporte y política.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el jefe del Gobierno del Reino de Marruecos, Aziz Akhannouch, en la entrada del Palacio de La Moncloa - PHOTO/Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa

En este contexto, surge una pregunta mayor: ¿puede realmente el Mediterráneo convertirse en un espacio de estabilidad compartida entre Rabat, Madrid y Lisboa, en un momento en que las alianzas tradicionales se descomponen? Tal vez sí, si ambos países logran mantener este ritmo tranquilo y paciente, y si convierten los acuerdos en un sistema de pensamiento capaz de gestionar no solo los asuntos, sino la mentalidad de gestión de estos.

Hoy, las relaciones no se miden por la cantidad de protocolos, sino por la capacidad de las partes de leer el mundo con ojos abiertos. En este sentido, Madrid y Rabat parecen estar, de manera no declarada, elaborando una “doctrina mediterránea” que restablezca el equilibrio en un espacio turbulento y reescriba las reglas económicas y políticas en un Mediterráneo cada vez más caliente con cada crisis en Oriente Medio y cada tensión atlántica.

Así, la reunión en Madrid trasciende lo meramente político; se convierte en un giro tranquilo hacia un futuro que solo pueden sostener quienes sean capaces de criticarse a sí mismos, reconstruir sus concepciones y superar el legado histórico sin olvidarlo. En un mundo que cambia a la velocidad de la luz, Marruecos y España parecen haber decidido finalmente redactar, juntos, un primer borrador de una nueva paz en el Mediterráneo occidental.

Abdelhay Korret, periodista y escritor marroquí