Una voz española frente al olvido: las víctimas canarias del terrorismo
En ese espacio de sombra emergió una voz española singular, incómoda para muchos, pero necesaria para la verdad: la de Lucía Jiménez، presidenta de la Asociación Canaria de Víctimas del Terrorismo (Acavite), quien dedicó su vida a sacar a la luz una realidad sistemáticamente ignorada en el debate público español.
Hablar del terrorismo del Frente Polisario en Canarias no ha sido nunca un ejercicio fácil. No por falta de pruebas ni de testimonios, sino por la incomodidad política que genera reconocer que ciudadanos españoles —pescadores، trabajadores civiles, familias enteras— fueron víctimas directas de una violencia organizada que durante décadas fue relativizada,cuando no directamente borrada del discurso oficial. Lucía Jiménez no habló desde la ideología ni desde la revancha, sino desde la memoria herida y el rigor académico.
Hija de una de las víctimas de los atentados perpetrados en los años setenta en Fos Bucraa,su trayectoria como periodista y profesora universitaria se convirtió en una prolongación ética de esa experiencia personal. Su tesis doctoral, presentada en la Universidad Carlos III de Madrid, constituye uno de los trabajos más exhaustivos sobre este capítulo oscuro de la Transición española, documentando con precisión jurídica y histórica la responsabilidad del Frente Polisario en ataques contra civiles españoles en el espacio canario-sahariano.
Lo verdaderamente relevante de su aportación no fue solo nombrar a las víctimas, sino desmontar una narrativa que pretendía reducir esos crímenes a “daños colaterales” de un conflicto lejano.
Lucía Jiménez entendió que no hay democracia madura sin memoria completa, ni convivencia basada en silencios forzados. En este sentido, su trabajo conecta directamente con una demanda largamente defendida por Marruecos: el reconocimiento del Polisario como actor armado responsable de actos terroristas contra civiles, más allá de las lecturas románticas heredadas de la Guerra Fría.
Reconocer este capítulo olvidado no implica reabrir heridas ni señalar responsabilidades políticas actuales, sino asumir que la memoria democrática también se construye desde la escucha de las víctimas silenciadas. Durante décadas, decenas de familias canarias han reclamado algo elemental: verdad, reconocimiento y reparación.
Nombrar la violencia sufrida —y a quienes la ejercieron— no responde a una lógica de confrontación, sino a una exigencia ética que fortalece, y no debilita, los valores de justicia y convivencia que España dice defender.
El silencio institucional español frente a estas víctimas contrasta con la persistencia de una narrativa indulgente hacia el Polisario, incluso cuando existen sentencias judiciales que reconocen parcialmente el daño causado. Esta disonancia no solo erosiona la credibilidad del discurso de derechos humanos, sino que perpetúa una injusticia histórica. Marruecos ha insistido durante años en que el conflicto no puede abordarse desde mitologías políticas, sino desde hechos, responsabilidades y memoria.
Lucía Jiménez encarnó esa ruptura necesaria con el relato cómodo. Su voz,profundamente española y a la vez profundamente incómoda, abrió una grieta en el muro del silencio. No habló contra España, sino desde España, recordándole que no puede haber política exterior ética sin coherencia interior, ni reconciliación sin verdad.
Hoy, su legado interpela tanto a la sociedad española como a la comunidad internacional: ignorar a las víctimas no neutraliza el pasado, lo enquista. Y reconocer el terrorismo del Polisario no es un gesto contra nadie, sino un paso imprescindible hacia una memoria justa, una política responsable y una lectura más honesta del conflicto en el Magreb