Ánimo Pedro, ya queda menos

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, llega para una foto familiar con el canciller alemán, Friedrich Merz, el presidente francés, Emmanuel Macron, el primer ministro húngaro, Viktor Orban, y otros jefes de estado, durante una cumbre de la OTAN en La Haya, Países Bajos, el 25 de junio de 2025 - REUTERS/ YVES HERMAN
A nuestro ínclito e incansable presidente del Gobierno se le puede reconocer por muchas propiedades, que, aunque la mayoría de ellas son desde malas a nefastas o de difícil explicación y seguimiento

Sin dar lugar a la menor duda, lo más característico de todos sus actos, actuaciones o decisiones es que prevalece su persistencia, insistencia, poco tino y singular trascendencia negativa para España, para los españoles e incluso para los pacientes y cada vez menos seguidores que le van quedando al PSOE.  

Por supuesto que no es mi intención enumerar todas y cada una de ellas; y no lo hago, por diversas razones como el general conocimiento y sufrimiento de todas ellas por los verdaderos sufridores; por necesitar dos o tres artículos o trabajos de esta envergadura para enumerarlas y porque muchas me producen tal desasosiego y desazón que me cuesta volver a recordarlas con toda su plenitud, desgracia y esplendor. 

Pero si, me gustaría destacar algunos de aquellos elementos que son comunes a la mayoría de ellas, como puedan ser las graves repercusiones nacionales e internacionales de sus decisiones, el elevado coste material de la mayoría, la poca desazón y nula reflexión que le provocan todas ellas, el alto grado de incumplimiento de sus promesas y ofertas y, sobre todo, la orientación a la insana significancia o mal entendido prurito personal del susodicho personaje que, tras no mucha reflexión e incluso a bote pronto, las máquina, elabora más o menos -más bien poco- y las lanza al público como una idea genial, relevante y original aunque valgan poco o nada, sean contraproducentes para el prestigio y valoración de España, constituyan una mera copia o repetición de otras similares o iguales o lo haga exclusivamente a modo de chaleco salvavidas personal e incluso, buscando el mínimo y estrecho espacio necesario por el que salir del mal trago o como el método más rápido y eficaz para sacrificar a sus peones de brega cuando ya no le sirven o están más que achicharrados. 

Es un dirigente, déspota, ególatra, autócrata y ácrata (esta última definición tomada en el sentido que le otorga el diccionario panhispánico del español jurídico ‘Persona que defiende la supresión de las reglas de derecho y de cualquier Gobierno’). 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de España, Pedro Sánchez, se estrechan la mano mientras posan para una foto en Sharm el-Sheikh, Egipto, el 13 de octubre de 2025 - Yoan Valat vía REUTERS

Además, es insensible al sufrimiento ajeno, salvo para disimular o encontrar réditos personales, temerosos de los demás por su cercanía física u opinión real y sincera, que precisa siempre de escoltas, seguridad y protección personal que supera a la de muchos mandatarios de mayor prestigio y solera y, sobre todo, de una multitud de baja cualificación intelectual para trabajar a su lado y de unificados aduladores en todos los medios de comunicación posibles. 

No le gusta que se le lleve la contraria o le digan la verdad sobre su irrelevante camino o por la equivocada dirección adoptada en su política por muy patética y clara que esta sea.   

Le gusta pavonearse cual gallo en un gallinero y cultivar mucho su físico o apariencia; tanto, que se desfigura en sus escasas apariciones en las malas conferencias de prensa —sin preguntas— o con ellas tasadas y con todas las cartas marcadas. Solo aparece en medios afines a los que riega con todo tipo de prebendas posibles y tiene un gran ‘corazón’ y mucho tino para colocar a sus ‘amigos del alma’ en sustanciosos y muy rentables puestos o destinos dentro y fuera de España, sin importarle su grado de preparación, valía personal o experiencia demostrada en dicho u otro sector. 

Últimamente, como tiene conquistadas la mayor parte de las instituciones y organismos de rigor y con capacidad de decisión en España y ya le quedan pocos trastos y regalías que ceder a los que forman parte de su Gobierno o le apoyan votando sus felonías con los dedos en la nariz, parece que ha encontrado cierto gusto a trabajar en solitario o dando la nota contraria a todos los demás y con apoyos muy puntuales, si se da el caso y según las circunstancias. 

Desde hace más de tres años no presenta presupuestos generales, pese a ser preceptivo constitucionalmente; no parece por el Senado —en manos de la oposición— y se salta multitud de obligaciones naciones cuando le viene en gana o estima que pueden serle molestas u origen de manifestaciones callejeras ante su presencia por mucho que se rodee de potentes y cada vez más alejados cordones policiales y dispuestos a no dejar pasar a nadie. 

La Postura esta de ir por libre o peor aún, a contracorriente, no solo se ha limitado a su actuación como jefe del Gobierno en lo que es el territorio nacional y las políticas de Gobierno, económicas, de cohesión nacional o energéticas; sino que también se ha extendido e incluso, intensificado a los aspectos internacional

Parece que para rellenar su estantería de trofeos, en los dos o tres últimos años, se ha volcado a dar la nota en todos los foros internacionales y en las relaciones bilaterales que ha mantenido con todos los vecinos, amigos y aliados como Marruecos con el tema del Sáhara, Reino Unido con el de Gibraltar y su futuro, con la UE en varios foros y decisiones e incluso mintiéndoles en los informes del grado de cumplimiento de nuestros compromisos, estado democrático del país, acoso al poder judicial y planes de futuro en política energética con respecto a la desnuclearización de España contra la re nuclearización de Europa, el cambio climático, la política de defensa común, los apoyos a Ucrania y en cómo afrontar los problemas derivados de la masiva inmigración desde países del sur a toda Europa, principalmente. 

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, aplaude junto a sus compañeros del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) tras dirigirse al Parlamento sobre la presunta corrupción que involucra a su partido, en Madrid, España, el 9 de julio de 2025 - REUTERS/ VIOLETA SANOS MOURA

Pero hay dos figuras fijantes y recalcitrantes en su camino que han pasado de ser meras chinas en sus zapatos a tremendas rocas infranqueables que le producen malos sueños, vómitos y le impiden su descanso personal; estas son Trump y Netanyahu. Personas que, desde el principio, han calado sus pasos y actos de verdadero trilero y no les toleran sus delirios con respecto a los problemas en Palestina y las aportaciones para la defensa en la OTAN. 

Mientras Trump anunciaba la firma del alto el fuego en Gaza y el principio de una posible paz más o menos duradera en la zona, el Gobierno azuzaba a sus huestes propias y subyugadas para aprobar el embargo -aunque meramente ficticio- de armas y tecnología militar y de seguridad con Israel y por la noche recorrió como la pólvora la sugerencia -hipotética y nada factible según los propios estatutos- de Trump de que España debería ser expulsada de la OTAN por su negativa a unirse, aunque solo sea en un acto de voluntad a cumplirse o no, para aumentar los gastos de defensa cercanos al 5 %. 

Pero, en esta vida todo llega, y los frutos de las actuaciones y propuestas fuera de contexto empiezan a cosecharse. Así la propia Comisión de Venecia advierte a España de que el modelo creado por el Gobierno para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) no cumple los estándares europeos y la Comisión Europea dictamina que España no puede incluir el gasto climático en el apartado de defensa tal y como pretendía Sánchez tanto para la UE como la OTAN. 

En resumen, cortar amarras y tratar de navegar a remo contra una fuerte corriente, no conduce a ningún buen puerto u objetivo, sino todo lo contrario. España está siendo víctima de los excesos, reproches y desprecios de su presidente de Gobierno. 

La Comunidad Internacional (CI), parece ser ciega, muda o insensible; pero, realmente dispone de herramientas claras y efectivas para mostrar su descontento con los socios díscolos, molestos o que se han salido de la vereda; herramientas, que van desde dejar de ponerte una silla en los foros más importantes en los que por, entidad económica y militar, te debería corresponder, hasta en dejarte sin fondos de cohesión o sacarte los colores ante propuestas e intentos de legislaciones fuera del contexto y los estándares de la propia CI. 

A Sánchez parece que aún nadie le ha advertido y como doy por sentado que él no va a cambiar por iniciativa o convencimiento propio, desde hoy mismo, auguro un mal porvenir para este aficionado de mago y vendedor de humo; aunque lo malo es que, si algo gordo no ocurre y le aparta de la Moncloa pronto, cuando finalmente lo hagan las urnas, podría quedar muy poco de aquella nuestra España, por la que tanto hemos luchado y trabajado muchos dentro y fuera de ella.