Irán entre el estancamiento económico y las tensiones políticas: ¿hacia un punto de inflexión inevitable?

Protestas en Irán
El Centro de Investigaciones del Parlamento de la República Islámica de Irán ha anunciado que el crecimiento económico del país durante el primer semestre del año iraní 1404 (2025) se estima en un -0,3 %. Esta institución atribuye este retroceso a la creciente brecha entre los objetivos macroeconómicos fijados y la realidad sobre el terreno
  1. El mecanismo de activación y la perspectiva de recesión
  2. Señales de fisuras en el poder
  3. Presiones internas, fracturas visibles
  4. ¿Hacia un cambio inevitable?

Los medios de comunicación iraníes, refiriéndose al último informe del Centro sobre los resultados del primer trimestre del séptimo plan quinquenal de desarrollo, informaron el lunes 13 de octubre de que existe una brecha significativa entre los objetivos previstos y la situación económica actual del país.

Según este informe, el crecimiento económico alcanzado en 1403 (2024) fue solo del 3,1 %, y las previsiones para el primer semestre del año siguiente también son negativas.

El Centro de Investigaciones del Parlamento destaca que este crecimiento de casi el 3 % registrado el año pasado se debió principalmente a un «repunte temporal en el sector petrolero» y que, debido a los desequilibrios estructurales, las sanciones internacionales y las condiciones internas y externas desfavorables, parece poco probable que se mantenga este ritmo de crecimiento.

El mecanismo de activación y la perspectiva de recesión

Tras la activación del mecanismo denominado «snapback», la Cámara de Comercio iraní publicó un informe titulado «Las consecuencias económicas del retorno de las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU». En él se barajan tres escenarios económicos para Irán de aquí a finales de 2025: optimista, probable y pesimista.

En todos los casos, se prevé un crecimiento negativo. En el escenario pesimista, el tipo de cambio podría alcanzar los 165 000 tomans por dólar y la inflación subir hasta el 90 %. Este escenario se considera el más probable dada la situación política actual.

Por otra parte, el jefe del poder judicial, Gholamhossein Mohseni Eje’i, declaró: «Uno de los principales problemas actuales es la cuestión del poder adquisitivo de los ciudadanos. La seguridad también es una prioridad. Los enemigos buscan activamente perturbar la estabilidad y la cohesión social, y fomentar los disturbios».

Señales de fisuras en el poder

Ali Akbar Nategh-Nouri, expresidente del Parlamento y figura históricamente cercana a Ali Khamenei, declaró recientemente: «En mi opinión, se cometieron algunos errores desde los inicios de la República Islámica. Por ejemplo, la toma de la embajada de Estados Unidos, calificada de «nido de espías», fue un grave error. Parece que muchos de los problemas actuales comenzaron en ese momento». »

Por su parte, Mohammad Reza Bahonar, figura destacada de la corriente conservadora y antiguo diputado durante ocho mandatos (dos de ellos como vicepresidente del Parlamento), afirmó: «Siempre he dejado claro que no estoy a favor del hiyab obligatorio. Desde el principio, no creí en tal obligación».

Presiones internas, fracturas visibles

Estas declaraciones no deben interpretarse como una evolución paradigmática hacia una mayor moderación dentro del régimen. De hecho, cualquier transformación fundamental parece imposible en un sistema dominado por la doctrina del *velayat-e faqih* (gobierno del Líder Supremo). Estas fisuras reflejan más bien la creciente presión ejercida por la sociedad, en particular por las clases desfavorecidas, que afecta incluso a los círculos más cercanos al poder.

Bajo la creciente presión internacional y el inmovilismo interno en la toma de decisiones, el régimen iraní, históricamente basado en la gestión de crisis y una postura belicista, busca preservar su supervivencia. Sin embargo, el contexto regional evoluciona hacia una mayor paz, lo que coloca a Teherán en una delicada posición geoestratégica. Algunas corrientes internas, en particular las reformistas, abogan por un acercamiento a Estados Unidos, pero el Guía Supremo lo ve como una amenaza existencial, potencialmente más peligrosa que un levantamiento popular.

¿Hacia un cambio inevitable?

Los analistas políticos estiman que las divisiones en el seno del poder pueden crear oportunidades para movimientos sociales de gran envergadura, como ocurrió en 2009, cuando los desacuerdos internos en torno a los resultados electorales desencadenaron una protesta masiva. Esta crisis surgió del apoyo del líder supremo a Mahmud Ahmadineyad, a pesar de la reivindicación de la victoria de Mir Hossein Mousavi.

Desde 2022, el régimen intenta cerrar las brechas que podrían provocar una revuelta, pero según muchos sociólogos, el hambre y la sed de los ciudadanos son realidades ineludibles. Si no se produce un cambio en el modelo de gobernanza, estas tensiones crecientes podrían desembocar inevitablemente en un colapso estructural.