La pluralidad de la representación saharaui: entre la legitimidad de lo real y los límites de la paciencia histórica

Conferencia Internacional por el Diálogo y la Paz en el Sáhara Occidental celebrada por el MSP en Dakar
El conflicto del Sáhara Occidental, uno de los más prolongados del Magreb, atraviesa generaciones sin desaparecer

Sigue marcando trayectorias humanas, políticas y sociales —en El Aaiún, Dajla, Smara, los campamentos de Tinduf o en el seno de la diáspora— sin que su intensidad simbólica se vea mermada. Sin embargo, reconocer esta continuidad ya no basta para justificar una representación política única. Se está produciendo una profunda transformación: la voz saharaui ya no es monolítica, sino que se está volviendo plural. Este cambio no es una fisura, sino un signo de madurez política.

La aparición del Movimiento Saharaui por la Paz (MSP) ilustra esta mutación interna. El movimiento no niega ni el pasado ni a los actores históricos, sino que abre un espacio político necesario. Su ambición es clara: proponer un estatuto saharaui basado en el diálogo, la dignidad y la paz, capaz de integrar a todos los componentes del pueblo saharaui: refugiados, poblaciones de los territorios bajo administración marroquí, diáspora mundial.

Esta posición se basa en cuatro pilares:

  • •Reconocer la diversidad interna de los saharauis y no negarla.
  • Hacer del contrato político saharaui-saharaui la base de un futuro compartido.
  • Considerar que la legitimidad de una solución dependerá de la inclusión, no de la exclusividad.
  • Defender un marco de paz negociada, con garantías institucionales, sociales y culturales.

El MSP propone así superar la antigua dicotomía entre independencia total y adhesión incondicional, ofreciendo un tercer espacio de reflexión y construcción política.

La Resolución 2797 del Consejo de Seguridad (31 de octubre de 2025) marca un punto de inflexión decisivo. Por primera vez de forma explícita, consagra el plan de autonomía marroquí de 2007 como «base política de negociación», con vistas a una solución justa, duradera y mutuamente aceptable.

Implica tres cambios importantes:

  • La autonomía bajo soberanía marroquí se considera la solución más realista y viable.
  • El marco de las negociaciones se centra en torno a esta opción, reduciendo el espacio del «todo o nada».
  • El histórico referéndum ya no es el eje central del proceso internacional.

La consecuencia es clara: el tiempo de los absolutos se desvanece; el del compromiso estructurado se afirma.

Se puede redactar un acuerdo en Nueva York, pero su aplicación se juega en la vida real de los saharauis. Cualquier solución que no integre la pluralidad de las representaciones internas será frágil. No se trata de una cuestión ideológica, sino de una ecuación de supervivencia política.

El MSP, al promover un estatuto saharaui pluralista, responde directamente a esta nueva ecuación impuesta por la Resolución 2797:

  • Ofrece un mecanismo político de inclusión.
  • Crea un espacio que permite a diferentes generaciones participar en el futuro.
  • Garantiza que un acuerdo negociado no solo se firme, sino que se acepte.

La pluralidad deja de ser una amenaza para convertirse en una garantía de sostenibilidad.

A menudo se invoca la «larga respiración saharaui». Pero la paciencia no tiene el mismo peso para:

  • ⁠quien lleva 50 años esperando en un campo de refugiados,
  • quien vive bajo la administración marroquí en las ciudades del sur,
  • quien ha nacido lejos del Sáhara y nunca ha visto la tierra reclamada.

El tiempo político avanza, a veces en contra de quienes esperan detenerlo.

La verdadera pregunta ya no es: ¿Cuánto tiempo más podemos esperar? Sino más bien: ¿A cuántas generaciones más tenemos derecho a condenar a la espera?

Ninguna paz duradera nace de una sola voz.

Nace de un encuentro, de un contrato político, de un pueblo que se habla a sí mismo antes de hablar al mundo.

La conjunción actual —de un MSP que propone un estatuto saharaui inclusivo y una resolución 2797 que establece la autonomía como base internacional— abre un momento histórico.

Se presentan dos caminos:

  • Una solución escrita desde fuera, sin pluralismo, por lo tanto frágil.
  • Una solución construida desde dentro, por pluralidad, y por lo tanto legítima.

El futuro saharaui ya no depende solo del mundo. Depende de la capacidad de los saharauis para hablar juntos, no para hablar uno en lugar del otro.