El documento del Frente Polisario ante la ONU: una reiteración vacía y una estrategia agotada
El 20 de octubre de 2025, el Frente Polisario presentó ante el secretario general de la ONU una propuesta titulada “Solución política mutuamente aceptable que prevea la libre determinación del pueblo saharaui”. A primera vista, el gesto parece una apertura diplomática. Pero al examinar su contenido, se revela como una reiteración vacía, sin aportaciones nuevas, ni reconocimiento de las transformaciones políticas, jurídicas y regionales que han marcado el conflicto saharaui en las últimas décadas.
La “nueva” propuesta del Polisario se limita a recordar que ya presentó otra en 2007. No hay evolución, ni ajuste, ni reconocimiento del contexto actual. Se insiste en el referéndum como única vía, ignorando que la autonomía —como la propuesta por Marruecos— es una forma reconocida por el Derecho Internacional como forma de libre determinación y en especial la Resolución 1514 completada por la Resolución 1541 sobre descolonización.
El documento afirma que el Polisario está dispuesto a negociar con Marruecos “no solo para resolver el conflicto de soberanía”, sino para establecer “relaciones estratégicas y mutuamente beneficiosas entre ambos Estados”.
Esta formulación revela una obsesión por una autodeterminación predeterminada, como bien advirtió el último ministro del gobierno de Franco, Cortina Mauri, quien trató con el Polisario a fondo el tema en plena crisis de 1975: el Polisario no busca una consulta libre, sino “una autodeterminación predeterminada”. Una conclusión obtenida cuando España aún estaba en el Sáhara y buscaba formas de salir dentro de la legalidad internacional.
Fue Hassan II quien propuso solemnemente el referéndum en la Cumbre de la OUA en Nairobi en 1981, comprometiéndose a aceptar incluso la independencia. En 1984, lo reiteró desde la tribuna de la ONU. Pero Argelia y el Polisario rechazaron la oferta, alegando que ya existía una “realidad sobre el terreno” y exigiendo el traspaso de poderes. Para presionar, promovieron el ingreso de la RASD en la OUA, sin que esta entidad reuniera las condiciones de Estado.
La indiferencia internacional y el sometimiento de Marruecos a graves y continuas agresiones bélicas y terroristas —incluidos asaltos a barcos en plena mar, asesinatos y secuestros de marineros conducidos como rehenes a Tinduf en territorio argelino, presentados como trofeos propagandísticos en televisiones internacionales y como moneda de cambio, en especial con España— obligaron a Marruecos a construir los muros de contención.
En 1988, el levantamiento popular en Argelia —que atacó símbolos del régimen como el FLN y la sede del Polisario— junto con los avances marroquíes, obligaron a aceptar estudiar la propuesta de la ONU. Así nació el Plan Cuéllar, que no pudo implementarse hasta septiembre de 1991.
Después de una década de infructuosos esfuerzos, la ONU tuvo que abandonar el referéndum, como medio para la autodeterminación, en vistas de que Marruecos no podía permitir al Polisario, lograr mediante un cuerpo electoral confeccionado a la medida, una independencia del Sahara que, mediante las armas no pudo lograr.
El informe S/613/2001 del secretario general es clave: plantea la autonomía como tercera vía entre dos posiciones maximalistas fallidas. Fue la ONU quien preguntó a Marruecos si aceptaría ofrecer un modelo autonómico sustancial, y Marruecos, con gran esfuerzo institucional, jurídico y económico, aceptó el reto.
Durante cinco décadas, Marruecos ha enfrentado una guerra impuesta por el Polisario, armado y financiado por los regímenes “revolucionarios” de Gadafi y Boumediene. Al mismo tiempo, ha desarrollado las provincias saharauis, celebrando elecciones democráticas, creando instituciones locales y garantizando representación parlamentaria. Estos avances han sido sistemáticamente rechazados por Argelia y el Polisario, que protestan incluso ante la ONU mientras mantienen una retórica belicista.
El Polisario denuncia el statu quo, pero olvida que fue obra del régimen militar argelino. El coronel Boumediene es quien lo definió como “una chinita en el zapato marroquí”. Una estrategia para mantener a Marruecos en un constante desgaste y en un statu quo que permitan consolidar la hegemonía regional de Argelia. Muchos dirigentes del Polisario, al escuchar esa confesión, comprendieron que habían sido utilizados como instrumentos del DRS.
El Polisario propone “alejarse de políticas unilaterales e impuestas por la fuerza”, olvidando que su acta fundacional invoca la violencia revolucionaria como método. En febrero de 1976, autoproclamó la RASD, sin previo referéndum, ni otra legitimación jurídica. Desde entonces, ha buscado regularizar esa autodeterminación ya ejercida unilateralmente, sin desmantelar la estructura que la sostiene.
El documento del Polisario invoca la construcción del Magreb, ignorando que ya existe institucionalmente con cinco Estados miembros. La propuesta marroquí de autonomía bajo soberanía nacional, elogiada por la mayoría de la comunidad internacional y en especial dentro del Consejo de Seguridad, podría inspirar un “Magreb de las Autonomías”, donde se respeten las peculiaridades regionales sin comprometer la integridad territorial, en especial Argelia frente al movimiento independentista en la Cabilia (MAC).
La propuesta del Polisario no aporta soluciones, sino repeticiones. Ignora la historia, el derecho internacional y las transformaciones regionales. Marruecos ha ofrecido una vía política seria, creíble y conforme a los principios de la ONU. Es hora de que la comunidad internacional reconozca las dinámicas reales del conflicto y apoye una solución que garantice la paz, la estabilidad y la dignidad de todos los pueblos del Magreb.
Jamal Eddine Mechbal, jurista, ensayista y exdiplomático