Dos años de la masacre israelí por Hamás
El macabro suceso, sin antecedentes en esa dimensión en la difícil relaciones entre Israel y Palestina, que puso al descubierto las vulnerabilidades en los protocolos de seguridad, removió profundamente la conciencia nacional del Estado de Israel, es verdad que acostumbrado a vivir bajo la amenaza, pero, sobre todo, puso a prueba al propio Gobierno del primer ministro, Benjamín Netanyahu, por ese entonces, desgastado políticamente -tiene el mayor número de años en el más alto cargo ejecutivo del país-, que no demoró en anunciar la reacción militar israelí sobre Gaza en la idea de ir con todo a la cacería de los miembros de Hamás, la milicia que controla el territorio gazatí desde 2006, en que ganaron las elecciones políticas.
Netanyahu, cuya supervivencia política desde entonces ha estado atada al desarrollo de la guerra que libra Israel contra Hamás, al cumplirse los dos años de la referida masacre, que ha producido otra que se ha cobrado la vida de 65.000 gazatíes, sabe muy bien que no puede haber una prolongación del estado actual de violencia que se vive en ese territorio palestino pegado a Egipto. Israel no ha ocultado su poder de respuesta frente a la masacre del 7 de octubre de 2023, a pesar de las montañas de críticas que ha recibido por parte de la comunidad internacional, encabezadas por las Naciones Unidas, debido a las acciones militares indiscriminadas que ha producido en la población civil palestina en acto marginal a las reglas del derecho internacional humanitario, siendo imputado del delito de genocidio por partida doble, es decir, el Estado de Israel por parte de Sudáfrica, ante la Corte Internacional de Justicia, y su primer ministro, Netanyahu, ante la Corte Penal Internacional, ambos fueros judiciales supranacionales con sede en La Haya, Países Bajos, -ninguno depende del otro y son distintos, pues a la CIJ van los Estados y a la CPI, las personas-, tienen la mirada judicializada hacia Israel.
Cuando uno aborda el conflicto en Medio Oriente debe cuidar de no perder el juicio crítico, pero también de no renunciar a la objetividad, dada la montaña de información que inunda las redes, muchas veces, promoviendo corrientes de opinión en favor o en contra de una u otra parte. Después de los dos años transcurridos, con dos masacres a cuestas, independientemente del número de muertos israelíes o gazatíes, la ventana abierta en diplomacia que siempre me enseñó mi maestro, el embajador Gonzalo Fernández Puyó, parece abrirse paso para la solución, donde la devolución de los casi 50 rehenes israelíes más los cuerpos de muertos en cautiverio, aun retenidos por Hamás, y la liberación de los miembros de esta milicia considerada terrorista por Israel y por eso encarcelados en el país, es el cuerpo central de la negociación. Veremos.
Miguel Ángel Rodríguez Mackay, excanciller del Perú e Internacionalista
Artículo publicado en el diario Expresso del Perú