CAN 2025: cuando la etiqueta de mal perdedor recae sobre los aficionados argelinos

Imagen de partido de Argelia
El pitido final en Marrakech no solo marcó el fin del sueño argelino, sino que también reavivó viejos demonios que el fútbol africano esperaba no volver a ver

Al negarse a reconocer la superioridad de las Súper Águilas en el campo, un sector radical de la afición argelina prefirió el caos a la dignidad. 

Esta reacción eruptiva, marcada por el vandalismo y la agresión, refuerza tristemente el estereotipo del "mal perdedor" que ahora parece inextricablemente ligado a los grandes reveses de los Fennecs. 

En lugar de celebrar los logros de sus jugadores, estos individuos prefirieron atacar la infraestructura del país anfitrión, transformando una decepción deportiva en un lamentable desastre de comportamiento.

Más allá de los daños materiales, es la propia imagen de la diplomacia deportiva argelina la que se ha visto profundamente dañada por lo ocurrido en Marrakech. 

Al cometer tales excesos ante el mundo entero, estos aficionados no solo han penalizado a su propia federación, que ahora se enfrenta a fuertes sanciones por parte de la CAF, sino que también han traicionado los valores de respeto inherentes a una competición continental. 

Este comportamiento recurrente plantea ahora la cuestión de la responsabilidad de los órganos rectores y de la gestión de la afición: mientras la derrota se viva como una injusticia insoportable en lugar de como una lección de deportividad, la etiqueta de mal perdedor seguirá pegada, con razón, a un público que se resiste a aceptar las reglas del juego.