El deporte marroquí, una industria nacional integrada

PHOTO/FILE - El rey Mohamed VI con los integrantes de la selección de fútbol de Marruecos y sus madres

La victoria de Marruecos en la Copa Árabe no es el final, sino el comienzo de un camino más largo, en el que los triunfos deportivos se convierten en un activo nacional que se invierte en el desarrollo y refuerza la posición de Marruecos como potencia regional en ascenso

 

 

La merecida victoria de la selección marroquí en la Copa Árabe en el estadio Lusail de Doha no fue un acontecimiento deportivo pasajero, ni un simple momento de alegría colectiva para un pueblo ansioso de un rayo de esperanza, sino un hito significativo en el largo camino de la construcción nacional y un símbolo de una experiencia excepcional que ha convertido el deporte, y el fútbol en particular, en un motor de desarrollo integral. 

La escena que las masas siguieron a través de las pantallas, con un alto nivel táctico y un gran espíritu de lucha, no fue más que la cara visible de una apuesta estratégica más profunda, que sitúa el deporte en el centro de la ecuación del renacimiento, como motor de la economía, factor de cohesión social y plataforma diplomática eficaz.

De ahí que este logro sea una introducción natural para hablar de la preparación para acoger la Copa del Mundo de 2030, no solo como un gran evento deportivo, sino como una herramienta transformadora para reforzar la posición de Marruecos a nivel mundial.

El fútbol marroquí ha experimentado una transformación cualitativa durante la última década, pasando de depender del talento individual a convertirse en una industria institucional basada en una planificación científica a largo plazo. Esta transformación se debe al patrocinio directo del rey Mohamed VI, que ha convertido el desarrollo del deporte, y del fútbol en particular, en un pilar fundamental del progreso nacional.

Los pies de oro no se descubren por casualidad, sino que se forjan en un entorno adecuado, como lo demuestra la Academia de Fútbol Mohammed VI, que se ha convertido en un referente internacional de excelencia deportiva, combinando un entrenamiento meticuloso, una formación académica y una educación en valores. Este sistema ha producido una generación dorada que ha logrado el cuadrado de honor en el Mundial de Qatar 2022 y se ha coronado con la Copa Árabe, lo que confirma que la inversión en capital humano deportivo es una inversión en la imagen de Marruecos como país organizado, ambicioso y capaz de competir al más alto nivel.

Recepción real del Príncipe Heredero, Moulay El-Hassan, a la selección sub-20 campeona del mundo en el Palacio Real de Raabat, Marruecos el 22 de octubre de 2025

El deporte marroquí ya no es solo una actividad popular, sino una industria nacional integrada que contribuye a la economía, une a la sociedad y abre nuevas perspectivas diplomáticas.

El gasto en estadios, centros deportivos y academias no ha sido solo una política de gasto público, sino una inversión inteligente que genera beneficios económicos sostenibles.

El turismo deportivo se ha convertido en una importante fuente de ingresos, y el valor de los contratos de patrocinio y los derechos de retransmisión ha aumentado, lo que ha convertido las competiciones deportivas en un producto económico comercializable a nivel mundial. 

La organización de la Copa del Mundo de 2030, en colaboración con España y Portugal, supone la culminación de este proceso, ya que representa un proyecto de desarrollo integral que acelera el ritmo de construcción de infraestructuras, ofrece amplias oportunidades de empleo, atrae inversiones extranjeras y refuerza la marca nacional «Marruecos» en el mapa inversor mundial. Este gigantesco evento no es solo un campeonato de un mes, sino un proyecto nacional integral que traduce una visión real a largo plazo y convierte el deporte en una puerta de entrada para acelerar el desarrollo económico y social.

En el plano social, el deporte ha demostrado su capacidad para ser un factor de unidad nacional, ya que disuelve las diferencias geográficas y sociales en un momento de alegría colectiva.

De la victoria deportiva al proyecto de renacimiento integral

La selección marroquí, apoyada por la corona, se ha convertido en un símbolo que une el norte, el sur, el este y el oeste, y el deporte ha abierto nuevas perspectivas para los jóvenes en los ámbitos del entrenamiento, la gestión, la medicina deportiva y los medios de comunicación, contribuyendo a absorber el desempleo y a mejorar las competencias.

Además, el deporte consolida los valores de disciplina, trabajo en equipo y respeto, lo que se refleja positivamente en la personalidad social y refuerza la confianza nacional y la apertura cultural. Esta función social del deporte no se limita a las emociones momentáneas, sino que se extiende a un papel más profundo en el empoderamiento de los jóvenes y su integración en los proyectos de desarrollo nacional.

El gasto en estadios, centros deportivos y academias no ha sido una mera política de gasto público, sino una inversión inteligente que genera beneficios económicos sostenibles.

A nivel diplomático, las victorias deportivas se han convertido en puntos fuertes políticos, ya que los jugadores de la selección nacional se han convertido en embajadores no oficiales que transmiten el mensaje de Marruecos como un país abierto y moderno. A través del deporte, Marruecos ha reforzado sus relaciones con África mediante el apoyo al fútbol continental, con Europa mediante la cooperación técnica y con el mundo árabe mediante momentos de alegría compartida.

Imagen panorámica del Estadio Moulay Abdellah en Rabat - PHOTO/REDES SOCIALES

La organización del Mundial de 2030 supone la cumbre de la diplomacia deportiva, ya que los estadios se convierten en plataformas para el diálogo civilizado y el intercambio económico y cultural. El deporte aquí no es solo una competición, sino una herramienta para reforzar la cooperación regional e internacional y plasmar la imagen de Marruecos como un país capaz de combinar la ambición deportiva y la visión política.

La copa que levantó el capitán de la selección el jueves no es solo un título deportivo, sino un símbolo de un largo proceso de planificación y logros, enmarcado por el continuo apoyo real. Es un recordatorio de que la victoria en el campo es una prolongación de las victorias en el desarrollo económico, social y diplomático, lideradas por el rey Mohamed VI con una visión estratégica a largo plazo.

Por lo tanto, la organización de la Copa del Mundo de 2030 debe considerarse como la culminación natural de un proceso integral, en el que el deporte corona un proyecto nacional completo, demostrando que el país que logra construir un equipo de talla mundial es el mismo que está capacitado para construir un futuro prometedor para su pueblo e inspirar a su entorno regional e internacional.

Ha quedado claro que el deporte marroquí ya no es solo una actividad popular, sino una industria nacional integrada que contribuye a la economía, une a la sociedad y abre nuevas perspectivas diplomáticas.

 En este sentido, forma parte de un proyecto de renacimiento integral que convierte a Marruecos en un modelo de Estado moderno que invierte en las personas, se basa en sus logros y les abre las puertas del futuro. Ganar la Copa Árabe no es el final del camino, sino el comienzo de un recorrido más amplio, en el que las victorias deportivas se convierten en un activo nacional que se invierte en el desarrollo y refuerza la posición de Marruecos como potencia regional en ascenso.

Mohammed Al-Salheen Al-Huni. Editor jefe de Al Arab