Estados Unidos asesta un golpe mortal a la ONU

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se dirige a la 80.ª Asamblea General de las Naciones Unidas en la sede de la ONU en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, el 23 de septiembre de 2025 - REUTERS/ MIKE SEGAR
La orden ejecutiva del presidente Donald Trump de retirar a Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales, 31 de ellas afiliadas a la ONU, acelera la crisis de la institución creada al final de la II Guerra Mundial para preservar la paz

Esta vez, el actual inquilino de la Casa Blanca tampoco se anduvo con medias tintas. Ordenó a su Secretaría de Estado salirse de 66 organizaciones internacionales, casi la mitad de ellas agencias, comisiones y grupos asesores de Naciones Unidas. El pretexto, explicado en un comunicado por el mismo Departamento de Estado, señala que ya no sirven a los intereses estadounidenses.

“La Administración Trump considera que estas instituciones son redundantes, están mal administradas y son  innecesarias, costosas e ineficaces, utilizadas por actores que persiguen objetivos contrarios a los nuestros o que amenazan la soberanía, las libertades y la prosperidad general de nuestra nación”, según reza la transcripción literal de la agencia AFP.

El principal organismo que ya no contará con la participación norteamericana es la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que fue el tratado fundador de todos los demás acuerdos internacionales sobre el clima, y que fuera concluido en 1992 en la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro. Científicos, funcionarios y voluntarios dedicados a la lucha contra el cambio climático critican con más o menos vehemencia el abandono de Estados Unidos.

El denominador común de las críticas hace hincapié en que esta actuación ordenada por Trump obstaculizará los esfuerzos globales por reducir los gases de efecto invernadero”. Entre los críticos más acervos cabe señalar a Jean Su, la abogada del Centro para la Diversidad Biológica, que acusa a Donald Trump de “adoptar una medida ilegal, por retirarse de manera unilateral de un tratado que requiere el voto afirmativo de dos tercios del Senado”.

Andreas Sieber y Jean Su hablan con los medios de comunicación en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP28 en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, el 13 de diciembre de 2023 - REUTERS/ AMR ALFIKY

Cabe recordar que Trump ya retiró a EE. UU. del Acuerdo de Paris durante su primer mandato, aunque luego su sucesor, Joe Biden, restableció la membresía del país. En su segundo mandato Trump ya preludió su obsesión por abandonar los postulados onusianos sobre el cambio climático, al proclamar que “el cambio climático es la mayor estafa de nuestra historia”. Lo hizo desde la tribuna y ante la asamblea general de la ONU del pasado septiembre, en un discurso en el que calificó al carbón como “una energía limpia y hermosa”.

En consecuencia, en el decreto firmado por el presidente se establece que Estados Unidos se retire, además, del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPC) de la ONU, considerada la principal autoridad científica sobre el clima, y también de otras organizaciones vinculadas a la protección del planeta, tales como la Agencia Internacional de Energías Renovables y la Unión para la Conservación de la Naturaleza.

Otros organismos multilaterales, encargados de mejorar el futuro de la humanidad, también dejarán de contar con la participación, y sobre todo la contribución económica norteamericana. Es el caso del Fondo de Población de Naciones Unidas, especializado en salud materno infantil, y de ONU Mujeres, así como la Agencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD). Al frente de esta última está ahora la costarricense Rebeca Grynspan, después de haber ocupado durante una década la Secretaría General Iberoamericana en Madrid, y que ahora aspiraba a suceder al portugués Antonio Guterres al frente de la propia ONU.

Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica, habla durante una rueda de prensa en la que el Gobierno anunció su candidatura a secretaria general de las Naciones Unidas, en San José, Costa Rica, el 8 de octubre de 2025 - REUTERS/ MAYELA LÓPEZ

El encargado de ejecutar el decreto de Trump, Marco Rubio, remachó el clavo, al afirmar en el comunicado que las organizaciones de las que ahora se retira Estados Unidos promueven una ideología progresista, que, para el lenguaje político norteamericano es el disfraz semántico de comunista, ideología a la que acusa de haber promovido campañas de ingeniería social como la igualdad de género y la ortodoxia climática.  

Este nuevo golpe asestado a la ONU ahonda la herida provocada por las anteriores retiradas de EE. UU. de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (OOPS), el Consejo de Derechos Humanos y la UNESCO.  

Imposible no evocar la crisis y desaparición de la Sociedad de Naciones (1919-1946) ante esta retirada de estos organismos de la ONU de la primera superpotencia y, por lo tanto, de su mayor contribuyente. Por el momento, no se ha certificado la defunción de la ONU, pero es evidente que habrá de reducir drásticamente tanto sus programas de actuación como el número de funcionarios y asesores.

Trump no sólo ha criticado duramente la existencia de muchos de los organismos citados y que ahora abandona, “por no estar conforme a los intereses estadounidenses”, sino que no se ha privado nunca de señalar que la enorme proliferación de tantos organismos internacionales solo servía para colocar un enjambre de políticos de toda laya, muy bien pagados y con enormes privilegios.

Ciertamente, la impotencia de la ONU de constituirse en mediador eficaz y, a la postre, evitador de conflictos, que era su primera misión, hizo cambiar el foco hacia otras causas universales, como la sostenibilidad. Que bajo ese paraguas crecieran exponencialmente funcionarios, asesores y colaboradores de toda laya y condición, aumentando consiguientemente las necesidades presupuestarias, es el pretexto que ha dado pie a Trump a propinar este golpe brutal a la existencia misma de la ONU.

Mención aparte, pero no menos importante, es también la retirada de Estados Unidos de la Alianza de Civilizaciones, el proyecto pergeñado por el entonces presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, junto con el presidente de Turquía, Recep Tayyep Erdogan, haciendo suya la propuesta que había hecho a la ONU en 1998 el entonces presidente “moderado” de Irán Mohammad Jatami. Trump le ha aplicado el mismo calificativo que a los demás organismos de los que se ha retirado: “ineficaz y perjudicial”.