Francia vota la abolición del débito conyugal

Asamblea Nacional francesa - REUTERS/ GONZALO FUENTES
En el Código Civil de Francia no hay ninguna disposición explícita que imponga a los cónyuges el deber de mantener relaciones sexuales

Sin embargo, tanto los usos sociales como no poca jurisprudencia han interiorizado que la existencia de una relación matrimonial, o simplemente de pareja estable, conlleva la obligación de cumplir los requerimientos sexuales de cualquiera de los dos miembros de esa comunidad compuesta por dos personas.  

Tanto las numerosas voces que han denunciado la supuesta ambigüedad legal como la firme y generalizada creencia en la sociedad de que tal obligación era absoluta, han movido a los diputados de la Asamblea Nacional francesa a votar por unanimidad a favor de consagrar en la ley “la ausencia de deberes conyugales dentro del matrimonio”, haciendo suyo el argumento de los promotores de que así “se prevendrá mejor la violencia sexual y, por consiguiente, se defenderá positivamente el consentimiento”.  

La autoría del proyecto de ley ahora aprobado corresponde a la diputada de Los Ecologistas Marie-Charlotte Garin, y a Paul Christophe, del centrista Horizontes, el partido fundado por el ex primer ministro Édouard Philippe, él mismo aspirante a la Presidencia de la República. En su alegato final, la diputada Garin hizo alusión a expresiones tan arraigadas en la sociedad como “el derecho de pernada”, “meterse en la olla”, “inalienable derecho de la primera noche”, para explicar la creencia de que “uno debe tener relaciones sexuales con el otro o que tiene derecho a exigirlas en el marco del matrimonio, en particular, y de la pareja, en general”.  

En los debates se ha mencionado repetidas veces la ignorancia del gran público de que el Código Civil sí establece cuatro deberes para los libres contrayentes de un matrimonio: fidelidad, apoyo mutuo, asistencia y convivencia. Pero, aunque no establece deber alguno de mantener relaciones sexuales, la jurisprudencia ha equiparado no pocas veces la convivencia con el lecho compartido, perpetuando así la creencia general en un supuesto deber conyugal.  

La parlamentaria Marie Charlotte Garin del partido ecologista EELV - REUTERS/ SARAH MEYSSONNIER

Al contextualizar la información de este debate, el diario Le Monde, por ejemplo, recuerda que, en 2019, un hombre obtuvo el divorcio alegando culpa exclusiva de su esposa, quién había dejado de tener relaciones sexuales con él desde hacía varios años. En 2020 la mujer recurrió sin éxito ante el Tribunal de Casación, y el caso llegó hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), que, en enero de 2025, condenó a Francia por la primera sentencia favorable al hombre. 

Este ejemplo le sirvió a la diputada Garin para denunciar que “al permitir que tal deber permaneciera en nuestro ordenamiento jurídico, hemos respaldado colectivamente un sistema de dominación, incluso de depredación del marido sobre su esposa”. Y concluyó su alegato con un llamamiento a toda la cámara a “cambiar la ley para que esta noción no vuelva a existir, ni en la ley ni en la mente de la gente; el matrimonio no puede ser una burbuja donde el consentimiento para las relaciones sexuales se adquiere, de forma definitiva, para toda la vida”.  

Por su parte, el otro ponente, el diputado Paul Christophe, señaló que en Francia uno de cada cuatro hombres considera normal que la mujer casada, o emparejada, tenga relaciones sexuales por obligación y no por deseo, y “es nuestro deber recordarles, con la nueva ley en la mano, que se equivocan”. En una sociedad como la francesa, tan mezclada con una inmigración masiva procedente de países musulmanes, que interpretan muy restrictivamente los derechos de la mujer, la aplicación de esta nueva ley puede provocar nuevos y muy encendidos choques culturales y sociales.  

El proyecto de ley ahora aprobado por la Asamblea Nacional pasará para su examen en el Senado, de forma que pueda promulgarse y entrar en vigor antes del próximo verano. Para entonces, en las ceremonias matrimoniales será imperativo que el registrador civil que dé fe de la nueva unión lea no solo los principales derechos de los contrayentes, sino que también les instruya sobre la cuestión de la violencia sexual.  

A resaltar también que de la redacción de la nueva ley aclaratoria fue desechada la proposición del Partido Socialista de eliminar la mención a la fidelidad en el artículo que enumera las obligaciones resultantes del matrimonio, aludiendo a que la noción de fidelidad puede interpretarse también como obligación de mantener relaciones sexuales entre cónyuges.  Una amalgama que también está muy enquistada no solo en la sociedad francesa sino también en muchas otras, que consideran indisociables la fidelidad y las relaciones sexuales.