New York New York entra en combustión
A diferencia de Europa, sobre todo la del Sur, en que las promesas electorales “solo comprometen a quién se las cree” (François Mitterrand) o su incumplimiento no se tiene en cuenta ni castiga mucho en elecciones posteriores, en Estados Unidos esa promesa no honrada equivale a una mentira consciente, mancha muy descalificadora, que se paga electoralmente de una u otra forma.
El país todavía más poderoso de la Tierra no es en absoluto uniforme, su inmenso conglomerado de gentes termina, sin embargo y salvo las excepciones que confirman la regla, integrándose en los valores que lo han hecho grande.
Nueva York, la capital financiera de Estados Unidos y del mundo, es a la vez tan diversa como el país al que pertenece y tan distinta en sus hábitos y plataformas de promoción personal y colectiva, que la convierten en una urbe tan atractiva como única.
A su frente va a contar a partir del próximo enero a un alcalde que encarna tanto la diversidad como la ambición de la Gran Manzana, Zohran Kwame Mandani, un ugandés de nacimiento, hijo de padres indios: Mahmud Mandani, investigador y profesor de Estudios Poscoloniales, que profesa la religión musulmana chií, y Mira Nair, directora y guionista de cine, que tiene en su haber películas como La Boda del Monzón, Salaam Bombay, Kama Sutra o La Reina de Katwe.
Cuando Zohran cumplíó los siete años, la familia Mamdani emigró de Kampala (Uganda) a Ciudad del Cabo (Sudáfrica), de donde dos años después volverían a emigrar, pero a Estados Unidos, y más en concreto a Nueva York.
La influencia de su padre condujo a Zohran Mamdani por la senda de los estudios especializados en África, de los que acabó por graduarse por la Universidad de Brunswick, Estado de Maine. Fue ahí donde se despertó su interés por Oriente Medio, lo que canalizó políticamente fundando un grupo llamado Estudiantes por la Justicia en Palestina en 2014. Cuatro años más tarde, en 2018, adquiriría la nacionalidad norteamericana, ciudadanía que le permite aspirar a todo menos a la Presidencia de Estados Unidos, puesto que es requisito imprescindible para ello haber nacido en el país.
Ingresó en el Partido Demócrata, adhiriéndose casi de inmediato a la corriente de los Socialistas Demócratss de América (DSA). Fue un activista inquieto que participó desde el principio de su militancia en las campañas electorales de diversos candidatos, la mayoría musulmanes de origen árabe.
Aquel intenso aprendizaje sobre el terreno le ha valido para realizar la exitosa campaña electoral que ahora le ha llevado a hacerse con la Alcaldía de la ciudad más populosa y cosmopolita del país, mediante una arrolladora presencia en redes sociales y conversaciones puerta a puerta con el vecindario.
Mamdani se había quedado solo y frente a frente a otro demócrata muy experimentado políticamente, Andrew Cuomo, a quién ya había derrotado en las primarias del Partido Demócrata, pero que decidió presentarse para volver a perder en las elecciones municipales por 42% a 51%, que cosechó Mamdani, ambos muy por delante del 7% que cosechó Curtis Sliwa, el candidato del Partido Republicano de Donald Trump.
Un triunfo asentado en buena parte en esas promesas electorales, muy difíciles de cumplir y que en esencia son: congelación e incluso bajada de los alquileres; transporte urbano gratuito; extensión de la protección medioambiental, con generalización de las energías renovables; respaldo y ayudas económicas o en especie a las personas homosexuales; universalización de la sanidad infantil, y en fin medidas para facilitar el acceso a la vivienda, imponiendo nuevos requisitos para deshauciar a inquilinos vulnerables.
Todo ello precisaría de una multiplicación de los ingresos fiscales, o sea de importantes subidas de impuestos para obtener la correspondiente financiación, medida que, no obstante no le correspondería tomar a él sino a la gobernadora del Estado, la también demócrata Kathy Hochul.
Además de las incógnitas respecto de lo material, las mayores suspicacias que despierta Mamdani se refieren a lo ideológico. Donald Trump ha insistido sobre todo en tildarle de “comunista”, que es el apelativo extremoso que utilizan en America para “socialista”.
Sus ataques al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, han sido tomados por gran parte de la gran comunidad judía de Nueva York (unos 800.000 miembros, la ciudad más poblada por judíos después de Tel Aviv), como una amenaza, no en vano en los medios más extremistas se le ha tachado de yihadista.
Tampoco despierta una simpatía indescriptible entre la también muy numerosa comunidad latina. No están muy lejos sus comentarios en redes sociales apelando a “tirar abajo” todas las estatuas y monumentos en honor de Cristóbal Colón.
Por el contrario, sí se puede constatar el júbilo desatado entre los habitantes de Nueva York de confesión musulmana, tanto que los centros de estadística han modificado sus anteriores estimaciones, que hablaban de unos 200.000 individuos a elevarlos hasta casi un millón, tal ha sido la aparición de musulmanes que antes habían intentado pasar desapercibidos.
El recuerdo de los atentados contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 estaba todavía muy vivo, aunque ahora son muchos los analistas que dan por cerrado aquel capítulo de luto, que desencadenó la cruenta “guerra contra el terror” dictada por el entonces presidente George Bush.