ONU: criticada pero en donde todos quieren estar
Como viene sucediendo desde hace ya unos cuantos años, en esta ocasión también han surgido voces críticas hacia la presunta inoperancia de la ONU, la desproporción entre sus enormes gastos y los magros resultados obtenidos en sus operaciones y, en definitiva, si no va siendo hora de ir liquidando la mayor organización internacional a nivel global, con sus 193 países integrantes y sus 37.000 funcionarios, que engullen buena parte de los 5.000 millones de dólares presupuestados para su funcionamiento anual. Y también, como siempre viene ocurriendo, nadie da una respuesta satisfactoria a la pregunta siguiente: ¿Por qué organización o institución multilateral la sustituiríamos entonces?
Viene a la memoria de inmediato el antecedente de la Sociedad de Naciones, surgida de las cenizas de la I Guerra Mundial para salvaguardar la paz y el nuevo orden establecido en los Tratados de Versalles. Si la SdN, basada en Ginebra y que llegó a contar con 57 países miembros, fracasó en evitar la erupción de nuevos conflictos, que terminaron por estallar conjuntamente en la II Guerra Mundial, su desaparición fue fruto de la falta de voluntad de paz de sus miembros. De hecho, la última decisión tomada por la SdN fue la expulsión de Rusia al día siguiente de que las tropas de Stalin invadieran Finlandia.
La ONU, pergeñada mientras se combatía con un inusitado afán destructivo en Europa, Asia y África en la II Guerra Mundial, es el último símbolo en pie de la voluntad colectiva de mantener una paz global. Es evidente que tal no es el panorama de un mundo en el que ahora mismo se están librando 51 conflictos de mayor o menor intensidad, y donde los de mayor repercusión geopolítica son la guerra en Ucrania y en Gaza, en los que la voz y el papel de la ONU han sido acallados sin contemplaciones y a menudo con desdén e incluso desprecio.
Cierto es que la organización nació haciendo gala de la igualdad de todos los países tanto en acceder como a hacerse oír en el principal foro multilateral del mundo, al que se fueron incorporando uno tras otro la multitud de países que alcanzaron su independencia, aunque no sin librarse de las correspondientes guerras, tanto con las metrópolis que se resistían a su emancipación como las reavivadas con sus vecinos o entre las tribus que conformaban la población de países, cuyos límites habían sido trazados a golpe de regla y cartabón en las cancillerías europeas durante el siglo XIX.
Sin embargo, y conforme al axioma consagrado por George Orwell en Rebelión en la Granja de que “todos somos iguales, pero unos más iguales que otros”, la principal institución de la ONU, o sea el Consejo de Seguridad se dispuso que tuviera 15 miembros, de ellos 10 con carácter rotatorio, pero 5 permanentes: EEUU, Rusia, China, Reino Unido y Francia. Ni qué decir tiene que sobre todo EEUU y Rusia han utilizado prolijamente su derecho de veto para impedir las resoluciones que les afectaran a ellos directamente o a sus aliados predilectos. Pese a ello, Naciones Unidas ha logrado aprobar no pocas resoluciones, que si no han tenido plasmación práctica ha sido por las trabas posteriores para impedirlo por parte de las grandes potencias.
Si es verdad, por lo tanto, que la ONU ha pasado a un segundo plano en los grandes conflictos que hoy condicionan la marcha del mundo, también lo es que ha volcado buena parte de sus energías en su trabajo humanitario, proveyendo a millones de víctimas de los conflictos de sus necesidades básicas en alimentación, sanidad y educación. Capítulos que no siempre han sido respetados por los países contendientes, so pretexto de que entre materiales tan básicos para la supervivencia podrían introducirse armas o ingenios destinados a servir de artefactos terroristas.
La ONU ha alumbrado también multitud de agencias y organismos dependientes. Algunas como la UNESCO, destinadas a facilitar un gran salto adelante en materia de educación y cultura. Otras, como la UNRWA, con el fin de socorrer y apoyar a la población palestina de la diáspora causada por la guerra de 1948. Aquel conflicto, desencadenado por la resolución 181, que dividía el antiguo protectorado británico de Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe, no fue aceptado por los árabes, que desencadenaron aquella primera guerra árabe-israelí para impedir el establecimiento del Estado de Israel.
La UNRWA lleva, por lo tanto, tres cuartos de siglo proporcionando a los palestinos de Gaza, pero también a los asentados en Líbano, Siria y Jordania, comida, sanidad primaria y educación. Arguye Israel que una agencia que nace con vocación provisional, con la vista puesta en autodisolverse por haberse solucionado el problema y lleva funcionando casi un siglo, constituye una anomalía hasta el punto de que sus integrantes lleguen a acostumbrase a que ese sea su medio de trabajo y vida, con el lógico y creciente desinterés porque se termine solucionando.
La otra gran agencia humanitaria de la ONU, ACNUR, ha visto asimismo incrementarse los escenarios en que su labor asistencial es necesaria e incluso perentoria. Atiende a más de 6 millones de refugiados de Ucrania, pero también extiende su trabajo al continente africano, sea Sudán, Eritrea, Etiopía o Congo.
Como toda institución de larga duración presenta sus defectos y carencias, desde denuncias de comportamientos inapropiados por parte de los cascos azules durante sus misiones de paz, hasta el desistimiento o el retraso en el abono de las cuotas para su sostenimiento. Las amenazas de Donald Trump de retirar a Estados Unidos y de no abonar su parte del presupuesto (el 30% del total de la Organización) entrañan un evidente peligro a la solvencia de la ONU y a sus capacidades para articular sus misiones de paz, que actualmente emplean a más de 70.000 personas.
Las necesidades materiales no serían en todo caso lo más difícil de solventar. Por el contrario, la falta real de voluntad en que el mundo viva y se desarrolle en paz es la mayor amenaza a la existencia de la ONU, nacida precisamente, como la precedente Sociedad de Naciones, para evitar o acabar con la guerra como medio de solucionar los conflictos.