Que no se pierda el tren del acuerdo UE-Mercosur

El presidente argentino, Javier Milei, el presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y el presidente paraguayo, Santiago Peña, posan cogidos de la mano para una fotografía en la Cumbre del Mercosur celebrada en Montevideo, Uruguay, el 6 de diciembre de 2024 - REUTERS/ MARIANA GREIF 
Nos hemos cansado de repetir que el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur alumbraría la mayor zona de libre cambio del mundo, con 270 millones de habitantes-consumidores en el conglomerado Brasil-Argentina-Uruguay y Paraguay, y 450 millones en los 27 países que conforman la UE

Hemos alternado fases de optimismo y desencanto cuando a momentos que auguraban la conclusión del acuerdo sucedían las decepciones provocadas por reivindicaciones de última hora de unos y otros. Todo ello había sucedido a lo largo de un largo cuarto de siglo, hasta que el 6 de diciembre de 2024 se dieron por concluidas las negociaciones y se dejaron listos para su redacción final los cientos de folios y anexos del tan esperado y anhelado acuerdo. 

El Consejo Europeo debía dar su aprobación final esta pasada semana en Bruselas. No hubo tal. La toma de la capital belga por 15.000 agricultores europeos, acompañados de cientos de tractores, que levantaron barricadas de excrementos animales y esparcieron miles de kilos de patatas en torno al recinto que albergan las instituciones europeas, terminaron por disuadir a los jefes de Estado y de Gobierno de ratificar el acuerdo con Mercosur. 

Francia mantuvo con su negativa su postura de oposición, basada en la “asimetría de requisitos y exigencias entre los productos agrícolas y ganaderos entre uno y otro lado del Atlántico”. El presidente francés, Emmanuel Macron, logró el decisivo apoyo de Italia para no estampar la firma. La presidenta del Gobierno italiano, Giorgia Meloni, se conformaba con un aplazamiento y así se lo hizo saber a la contraparte sudamericana. Espoleado por sus agricultores, que a su vez encabezan la protesta de sus homólogos del campo español, Macron aseguró que Francia no firmará en ningún caso el acuerdo tal y como está redactado, consciente de que sus campesinos van a seguir colapsando carreteras, autopistas y ferrocarriles del país, machacando de paso a decenas de miles de camiones, especialmente españoles, que ven impotentes cómo se echan a perder sus mercancías perecederas.  

El presidente francés, Emmanuel Macron - REUTERS/ TERESA SUÁREZ

El canciller alemán, Friedrich Merz, mostró su contrariedad, secundado por Pedro Sánchez, ambos convencidos de que el beneficio de conjunto del acuerdo para la UE supera los aspectos negativos de una agricultura europea menos competitiva frente a las legumbres, hortalizas y carnes del Mercosur. 

Estaba previsto que el acuerdo se ratificara este pasado sábado en Foz de Iguazú, en el lado brasileño de las impresionantes cataratas, donde acudieron los máximos líderes de los cuatro países que conforman el Mercosur. Todos ellos coincidieron en que esperarían a que la UE termine de limar sus discrepancias internas, pero acordaron en que mientras tanto había que enviarle “una señal” de que estaban en vías de acordar pactos similares con otros países. Caso de materializarse estos acuerdos con otros países, y sin una respuesta europea, se haría harto difícil mantener “la exclusividad”, lo que podría terminar por hacer imposible definitivamente la ratificación y entrada en vigor del acuerdo UE-Mercosur. En concreto, citaron como “países alternativos” a Emiratos Árabes Unidos, Canadá, Japón, Reino Unido, Indonesia y Malasia, además de Vietnam, con quién han anunciado negociaciones ya en curso para un acuerdo de preferencias arancelarias. El anfitrión del encuentro, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, manifestó que del lado de Mercosur “ya han realizado por vía diplomática todas las concesiones posibles”, deslizando que, caso de que Europa no acepte los actuales términos se enfrentaría a negociaciones mucho más duras.   

La Comisión Europea se habría comprometido por carta a firmar definitivamente el acuerdo el próximo 12 de enero, en tal caso en Paraguay, país que ha tomado el testigo de la presidencia rotatoria del Mercosur. Se supone que hasta entonces Giorgia Meloni podría variar el sentido de su voto decisivo a cambio de algunas pequeñas concesiones intereuropeas. En cambio, mucho más difícil parece que Macron pueda cambiar el sentido de su voto, a la vista de la intransigencia de los agricultores franceses. Estos, al igual que los españoles, serían los claros perdedores del conjunto. Pero, como en todo salto de progreso, siempre hay ganadores, que en este caso serían la industria y los servicios, y perdedores. Es a estos últimos a los que gobiernos e instituciones nacionales y europea han de facilitar la transición a la nueva etapa, para que no pierdan sin compensaciones reales su modo de vida y, por supuesto, que no caigan en la ruina de la noche a la mañana. Abrazar el progreso no significa destruir por completo lo existente. Pero, tampoco la tradición puede frustrar por inamovible intransigencia la marcha adelante de la sociedad en su conjunto.

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, asiste a la cumbre de la Comunidad Política Europea en Copenhague, Dinamarca, el 2 de octubre de 2025 - REUTERS/ PIROSCHKA VAN DE WOUNW

Una hipotética ruptura entre ambos bloques, UE y Mercosur, tampoco beneficiaría a los países iberoamericanos. El presidente argentino, Javier Milei, dio alguna pista cuando atribuyó el aplazamiento de la firma del acuerdo con la UE a la “rigidez de las reglas del Mercosur”, que obligan a los países del bloque a negociar conjuntamente acuerdos comerciales con terceros, una manera de advertir que tal obligación podría saltar por los aires. 

Milei, como seguramente sus otros tres colegas de Brasil, Paraguay y Uruguay, tenían en mente a China y Estados Unidos, especialmente a este último, ya que el presidente Donald Trump es un decidido partidario de los acuerdos bilaterales.