Sánchez declara la guerra a Israel

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la declaración institucional realizada en La Moncloa -PHOTO/Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa
Lo quiera o no, España pagará un alto precio por la declaración de guerra que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, le ha presentado a Israel.

Así lo ha interpretado el Gobierno hebreo, inmediatamente después de conocer el paquete de nueve medidas contra Israel, en respuesta a lo que él mismo califica de genocidio por “exterminar a un pueblo indefenso y quebrantar todas las leyes del derecho humanitario”.  

Consolidación jurídica de la prohibición del comercio de armas con Israel; denegación de entrada al espacio aéreo español de toda aeronave de Estado que transporte material de defensa  así como a todo barco cargado de combustible para las Fuerzas Armadas de Israel (FDI); prohibición de acceso al territorio español a todas aquellas personas que “participen de forma directa en el genocidio, la violación de derechos humanos y los crímenes de guerra en la Franja”; veto a la importación de productos que provengan de los asentamientos ilegales en Gaza y Cisjordania; limitación de los servicios consulares a los ciudadanos españoles residentes en tales asentamientos; aumento de diez millones de euros adicionales a la contribución española a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA), e incremento hasta 150 millones de euros en la partida de ayuda humanitaria y cooperación para Gaza, constituyen el resumen de lo decidido por Sánchez, sin que consten debates ni acuerdos parlamentarios que lo respalden.  

Sánchez se autoerigió en líder mundial de la condena a Israel al acusar, sin nombrarlas, a las grandes potencias de “estar encalladas entre la indiferencia de un conflicto que no termina y la complicidad con el Gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu”. Asimismo, conminó a los españoles a “que sepan que, ante uno de los episodios más infames del siglo XXI, su país, España, estuvo del lado correcto de la historia”.  

El Gobierno de Israel reaccionó con una condena sin paliativos al anuncio del presidente Pedro Sánchez, acusándole de “liderar una línea hostil contra Israel con una retórica desenfrenada y llena de odio”, antes de calificar el anuncio de “intento del corrupto Gobierno de Sánchez de distraer la atención de los graves escándalos de corrupción que le cercan”.

El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Saar, que se encontraba de visita en Budapest, inundó las redes sociales de reproches el Gobierno de coalición progresista español, al recordar los vínculos con “Gobiernos tiránicos y siniestros como los de Irán y Venezuela”, además de “su sorprendente falta de conciencia histórica de los crímenes de España contra el pueblo judío”. A este respecto, y tras mencionar “los crímenes de la Inquisición, las conversiones forzosas y la expulsión de los judíos en 1492”, Saar acusa a Sánchez de dañar las relaciones de forma deliberada que se han ido construyendo entre Israel y España a lo largo de las últimas décadas, incluido el reconocimiento de la nacionalidad española a los sefardíes descendientes de los expulsados en las postrimerías del siglo XV.  

Como medidas de venganza, Saar prohíbe no solo la entrada en Israel de la vicepresidente del Gobierno, Yolanda Díaz, y de la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, e incluso veta cualquier contacto oficial de la Administración hebrea con ellas, señaladas como las instigadoras más visibles del antisemitismo del Gobierno. A ello añade el ministro israelí su intención de informar a sus aliados sobre la conducta hostil del Gobierno español y el carácter antisemita y violento de las declaraciones de sus ministros: “Es importante que los aliados de Israel en todo el mundo comprendan la naturaleza peligrosa del actual Gobierno en España”.  

Saar compartió en Budapest rueda de prensa con su homólogo húngaro, Peter Szijjárto, y aprovechó para explicar la contundente oposición israelí a la solución de los dos estados: “Rechazamos de todo punto los intentos por forzar a que Israel acepte la instalación de un estado terrorista en nuestra diminuta parcela de tierra. Esta misma mañana varios terroristas actuaron en Israel viniendo de los territorios bajo la Autoridad Palestina. El establecimiento de tal estado terrorista no tiene más que un objetivo: eliminar al Estado de Israel”. Culpó a Francia de liderar la campaña por el reconocimiento del Estado Palestino sin exigirle siquiera a la Autoridad Palestina que se desvincule del terrorismo, revelando que la misma no se ha desvinculado nunca de la política de “Pay for Slay” (compensar con dinero a las familias de los ‘mártires’ caídos en acciones terroristas).   

Tratándose de Israel, las amenazas proferidas, pues, por su Gobierno a las medidas y declaraciones de Sánchez, preludian tiempos muy convulsos para España y sus ciudadanos. Teniendo, además, en cuenta el contexto que rodea al presidente del Gobierno español parece lógico pensar que ha querido jugarse el todo por el todo, una vez que ha comprobado, a tenor de los sondeos, no sólo el derrumbamiento de sus expectativas de ganar unas nuevas elecciones democráticas, sino también su personal arrinconamiento internacional. El presidente del país que todavía lidera el bando de las democracias liberales, Donald Trump, lo tiene claramente enfilado, y en la misma Unión Europea su cada vez más íntimo acercamiento a una China, erigida a su vez en jefe incontestable de las autocracias, le aleja claramente de las futuras páginas gloriosas de los libros de historia.  

Añadir a tales cuitas la enemistad del país que arropa, representa y protege a la minoría más influyente del mundo, los judíos, equivale a pegarse un tiro en ambos pies. Que en esa deriva suicida arrastre a España será una nueva tragedia para nuestro país, que puede hacer buena una vez más aquella sentencia de Gil de Biedma de que “nuestra historia siempre acaba mal”.