Entre diplomacia, reformas y cohesión social: Istiqlal marca el rumbo hacia 2025
- Propaganda y resistencia: un viejo frente
- 2025: La oportunidad de cristalizar un consenso
- Reforma electoral: la legitimidad como recurso estratégico
- Cohesión social: la base silenciosa de la estabilidad
- Vision de Conjunto
A través de un comunicado, el Comité Ejecutivo del Partido del Istiqlal refleja un doble movimiento estratégico que trasciende lo coyuntural: por un lado, consolidar la legitimidad democrática interna mediante una reforma electoral profunda; por otro, fijar 2025 como el año decisivo para la resolución política del conflicto del Sáhara bajo el marco de la autonomía marroquí.
Ambos ejes, aunque distintos, remiten a una misma lógica: la fuerza internacional de Marruecos depende de la solidez de sus instituciones internas y de la cohesión social que respalde su política exterior.
Propaganda y resistencia: un viejo frente
En un contexto marcado por campañas de desinformación, el Istiqlal denuncia la reactivación de maniobras de propaganda contra Marruecos. La estrategia de sus adversarios es conocida: erosionar los logros alcanzados por Rabat en materia de diplomacia y desarrollo para frenar la creciente aceptación internacional de su propuesta de autonomía.
Desde un punto de vista analítico, lo relevante no es tanto la recurrencia de esas campañas —previsibles en la dinámica de un conflicto de larga duración—, sino la reacción política interna: reafirmar que el prestigio diplomático se fundamenta en la confianza acumulada por el Estado marroquí, tanto en su estabilidad institucional como en su capacidad de ofrecer una visión clara para la región.
2025: La oportunidad de cristalizar un consenso
La apuesta más audaz del Istiqlal es fijar el horizonte de 2025 como “año de la decisión”. Esta temporalidad no surge de la nada. El plan de autonomía marroquí ha dejado de ser una propuesta unilateral para convertirse en la referencia más citada por actores internacionales de peso. Estados Unidos, España, Alemania, Emiratos Árabes Unidos o Senegal, entre otros, han reconocido explícitamente su seriedad y credibilidad.
Lo que propone el partido es transformar ese apoyo político y diplomático en una validación formal dentro del marco de Naciones Unidas. En términos analíticos, esto equivale a pasar de una fase de legitimidad creciente a una de institucionalización internacional. Para Marruecos, ese salto cualitativo sería el cierre definitivo de un ciclo abierto desde 1975.
Reforma electoral: la legitimidad como recurso estratégico
El segundo eje de la reunión del Comité Ejecutivo no es accesorio: la reforma electoral. El Istiqlal recuerda que la capacidad de Marruecos para sostener su narrativa internacional depende de la fortaleza de su democracia interna. En este sentido, la iniciativa real de revisar el sistema jurídico de las elecciones legislativas se convierte en un elemento clave.
No se trata solo de garantizar mayor transparencia o mejorar la competencia política. Se trata de reforzar el vínculo entre ciudadanía y Estado, generando un capital político que refuerce la credibilidad externa. Dicho de otro modo: la estabilidad democrática funciona como un activo de poder blando, en tanto proyecta a Marruecos como un país que no solo exige reconocimiento internacional, sino que también lo respalda con prácticas internas consistentes.
Cohesión social: la base silenciosa de la estabilidad
El apartado relativo al recuento del ganado podría parecer anecdótico, pero encierra un mensaje estratégico. En la narrativa del Istiqlal, el desarrollo social y económico —con especial atención a los pequeños productores y a la soberanía alimentaria— se coloca en el mismo nivel que la diplomacia y la reforma institucional.
Este énfasis revela una concepción integral de la seguridad nacional: la soberanía no se garantiza únicamente mediante acuerdos internacionales o mecanismos militares, sino también asegurando equidad, justicia social y sostenibilidad económica. La estabilidad interna se convierte así en el núcleo silencioso de la fuerza externa.
Vision de Conjunto
El comunicado del Istiqlal debe leerse como algo más que una declaración partidista. Es la articulación de una visión en la que tres dimensiones —soberanía territorial, legitimidad democrática y cohesión social— se refuerzan mutuamente.
En perspectiva, Marruecos parece orientarse hacia un año 2025 que podría ser histórico, no únicamente por la posible consolidación internacional de su plan de autonomía, sino también por la oportunidad de profundizar en un contrato social renovado, capaz de sostener su proyección exterior.
El verdadero desafío no reside en la propaganda de sus adversarios, sino en la capacidad del Estado marroquí de mantener esta coherencia estratégica: conjugar diplomacia y democracia, firmeza territorial y justicia social. Si logra hacerlo, Marruecos no solo resolverá un contencioso regional, sino que reforzará su posición como modelo de estabilidad en un Magreb fragmentado.