La juventud y el desafío histórico del Istiqlal ante la desconfianza política

Nizar Baraka junto a miembros del partido Istiqlal - PHOTO/ARCHIVO
En Marruecos crece un divorcio silencioso entre jóvenes y política que alarma al sistema y genera debate sobre recuperar su confianza
  1. Desencanto juvenil y crisis política en Marruecos
  2. Reconocimiento desde el propio sistema político
  3. Advertencias de Nizar Baraka sobre soluciones radicales
  4. Importancia histórica y rol del Partido del Istiqlal
  5. Propuestas e iniciativas para la juventud
  6. Desafíos para reconstruir la confianza política

Desencanto juvenil y crisis política en Marruecos

En Marruecos se habla cada vez más de un divorcio silencioso entre la juventud y la política. El desencanto no es nuevo, pero ahora ocupa un lugar central en el debate: los jóvenes desconfían de los partidos, de las instituciones y del propio Gobierno. 

Lo singular es que este diagnóstico no llega desde la oposición, sino desde dentro del propio sistema. Nizar Baraka, secretario general del Partido del Istiqlal y figura de la mayoría gubernamental, lo reconoció sin rodeos: las promesas no han estado a la altura de las expectativas juveniles. 

Reconocimiento desde el propio sistema político

Ese reconocimiento marca un punto de inflexión. En un país donde a menudo los dirigentes prefieren justificar o minimizar, Baraka optó por un discurso de sinceridad. 

Admitir la brecha entre lo prometido y lo realizado abre la puerta a un debate más honesto sobre cómo recuperar la confianza perdida. 

Advertencias de Nizar Baraka sobre soluciones radicales

El líder del Istiqlal fue más allá: advirtió contra las voces que reclaman soluciones de ruptura, como la abolición de instituciones o la instauración de un Gobierno tecnocrático. 

Para Baraka, Marruecos no puede permitirse apartarse de su trayectoria democrática. Con todas sus limitaciones, las instituciones representativas siguen siendo el pilar que garantiza la participación ciudadana y la rendición de cuentas. 

Importancia histórica y rol del Partido del Istiqlal

El mensaje tiene un peso particular porque procede de un partido que forma parte de la memoria nacional

El Istiqlal no es un actor cualquiera: fue protagonista en la independencia y se ha mantenido, durante décadas, como defensor de la legitimidad democrática. Su capital histórico le da hoy una autoridad moral para tender puentes entre las instituciones y los jóvenes desencantados. 

Propuestas e iniciativas para la juventud

Pero la credibilidad no se gana solo con palabras. El Istiqlal ha puesto sobre la mesa propuestas como la creación de una “Academia de la Juventud” y una ley de voluntariado. Iniciativas todavía incipientes, pero que buscan transformar el diagnóstico en acción. Si se enmarcan en una estrategia integral capaz de responder a las demandas más urgentes —empleo, educación, salud—, podrían convertirse en la base de una relación renovada entre jóvenes y política. 

Desafíos para reconstruir la confianza política

En definitiva, el reto es claro: no basta con constatar la crisis, hay que reconstruir la confianza. El Istiqlal, con su historia y su enraizamiento, se perfila como un mediador natural en esta tarea. 

La interpelación de Baraka, lejos de ser un simple mea culpa, abre una perspectiva de futuro: cuando la juventud vuelve a creer en la política, el país entero recupera fuerza y estabilidad para seguir avanzando en sus reformas democráticas