El rey de Marruecos revive el zakat en la era moderna: un modelo global para la justicia social basada en la fe
El rey Mohamed VI, en su calidad de Comendador de los Creyentes, ha dado instrucciones al Consejo Supremo de Ulemas para que emita un dictamen jurídico exhaustivo (fatwa) que aclare las normas del zakat —la obligación islámica de dar limosna— a la luz de la realidad económica actual.
Esta iniciativa es mucho más que una simple resolución religiosa. Se trata de un audaz intento de conciliar uno de los pilares fundamentales del islam con las complejidades de la economía del siglo XXI. La fatwa abordará las preguntas apremiantes de los ciudadanos sobre cómo calcular y distribuir el zakat sobre los salarios, los servicios, las inversiones y otras formas modernas de ingresos. Con ello, Marruecos está sentando un precedente para el mundo musulmán: tender un puente entre la jurisprudencia clásica y la vida financiera contemporánea.
Igualmente significativa es la estrategia de comunicación que hay detrás de esta medida. El Consejo Supremo de Ulemas no solo publicará la fatwa en el plazo de un mes, sino que también pondrá en marcha una plataforma en línea específica en la que los ciudadanos podrán enviar preguntas y recibir respuestas autorizadas. Esta apertura digital refleja el enfoque marroquí de la gobernanza religiosa, que es transparente, accesible y sensible a las necesidades de la sociedad.
El momento es simbólico. Este año se cumplen quince siglos desde el nacimiento del profeta Mahoma, y el rey Mohamed VI parece decidido a renovar la misión profética de la educación, la orientación y el servicio público. En una región en la que la religión se politiza con demasiada frecuencia, Marruecos ofrece un modelo en el que la fe se convierte en una herramienta para la cohesión social y el desarrollo equitativo.
Para los observadores internacionales, este es un momento digno de mención: un país de mayoría musulmana que utiliza la autoridad religiosa respaldada por el Estado no para controlar a la sociedad, sino para empoderar a los ciudadanos con claridad, confianza y una brújula moral compartida. Al modernizar la práctica del zakat, Marruecos está convirtiendo un deber religioso en un mecanismo nacional de solidaridad social, lo que podría inspirar reformas similares en todo el mundo musulmán.
En una época de desigualdad e incertidumbre global, la iniciativa de Marruecos ofrece una lección más allá de sus fronteras: la tradición religiosa, cuando se interpreta con valentía y visión de futuro, puede convertirse en una fuerza para el crecimiento inclusivo y la justicia social.