Sáhara marroquí: hechos frente a clichés

El Aaiún, Sáhara Occidental
Hace unos días, la revista británica The Economist titulaba provocadoramente: «Morocco is practising a strange sort of colonialism». Con ese artículo, optó por la metáfora fácil antes que por la realidad
  1. Contexto histórico y política internacional
  2. Un modelo de desarrollo concretado en infraestructuras y proyectos (datos clave)
  3. Gobernanza local: saharauis con roles institucionales reales
  4. Identidad cultural y protección del patrimonio
  5. Reconocimiento y apoyo internacional: un mapa en movimiento
  6. Lectura económica y estratégica: por qué importa Dakhla (y por qué interesa a España y a Europa)
  7. Conclusión

Esta tribuna es una respuesta directa a esa lectura parcial: reducir la dinámica ejemplar de desarrollo en el Sáhara marroquí a una caricatura colonial ignora la historia, las transformaciones sociales y económicas en curso, y el papel activo de los propios saharauis en la construcción de su futuro.

Contexto histórico y política internacional

Desde el retorno de las provincias del Sur a la soberanía marroquí en 1975, la cuestión del Sáhara Occidental ha sido objeto de negociaciones y resoluciones en la ONU; la comunidad internacional, incluida la propia ONU, pide una solución política negociada, mientras que en la práctica las iniciativas y posiciones externas han evolucionado en los últimos años.

Un modelo de desarrollo concretado en infraestructuras y proyectos (datos clave)

Marruecos lanzó en 2015 un “nuevo modelo de desarrollo” para las provincias del Sur con una dotación de alrededor de 77.000 millones de dírhams, destinado a cerrar brechas de infraestructuras y servicios. Este marco es el motor material de los cambios observables en la región.

Entre los proyectos más tangibles: la vía express Tiznit–Dajla, de ≈1.055 km, conecta la costa atlántica con el extremo sur y articula el corredor terrestre del país.

El puerto de Dajla Atlántico, diseñado como nodo logístico y puerta hacia África Occidental, es otra apuesta estratégica —en construcción y con fases previstas a finales de la década— que altera la geografía económica de la región.

En energía, el sur alberga proyectos significativos: el parque eólico de Tarfaya (≈300 MW), plantas solares en Laâyoune y Boujdour, y planes de hidrógeno verde vinculados a Dajla.

En salud y educación, el CHU de Laâyoune y la implantación de campus universitarios modernizan la oferta pública y retienen talento local.

Gobernanza local: saharauis con roles institucionales reales

Lejos del estereotipo de administración impuesta, los consejos regionales de Laâyoune-Sakia El Hamra y Dajla-Oued Eddahab están presididos por políticos electos saharauis y gestionan presupuestos y agendas de desarrollo regional. Esa descentralización y protagonismo local son un dato político objetivo a considerar

Identidad cultural y protección del patrimonio

La Constitución marroquí de 2011 incluye la preservación de la cultura hassaní como componente de la unidad cultural del país; además, eventos como el Moussem de Tan-Tan están inscritos en la lista de la UNESCO, lo que evidencia esfuerzos de valorización cultural y patrimonial.

Reconocimiento y apoyo internacional: un mapa en movimiento

El posicionamiento de potencias clave ha cambiado visiblemente en los últimos años. Estados Unidos reconoció formalmente la soberanía marroquí sobre el Sáhara y calificó la propuesta de autonomía como “seria, creíble y realista”.

Emmanuel Macron reafirmó solemnemente, el martes 29 de octubre 2024 ante el Parlamento marroquí en Rabat, que « el presente y el futuro » del Sáhara Occidental « se inscriben plenamente en el marco de la soberanía marroquí ».

En junio de 2025 el Reino Unido anunció su apoyo explícito a la autonomía marroquí, confirmando así la tendencia de alineamiento con la propuesta de Rabat por parte de tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Lectura económica y estratégica: por qué importa Dakhla (y por qué interesa a España y a Europa)

La transformación económica del sur no es un asunto local: el puerto de Dajla, los corredores logísticos hacia África y los proyectos de energías renovables convierten a la región en plataforma para la conectividad atlántica africana. Para España —vecina y socia de Marruecos— esto abre oportunidades en inversión, turismo, pesca, energías limpias y seguridad marítima.

Conclusión

La caricatura de The Economist no resiste el contraste con los hechos: el Sáhara marroquí no es un territorio colonizado, sino una región en auge, con infraestructuras modernas, cultura reconocida, instituciones dirigidas por saharauis y un apoyo internacional creciente.

Para España y Europa, mirar al Sáhara con rigor y no con clichés es una cuestión de responsabilidad y de interés estratégico.