Cuando el amor duele... el humor salva
Aunque la actriz, guionista y dramaturga María Gómez de Castro lleva más de quince años en espectáculos cómicos y ha escrito varias obras de teatro, es ahora cuando realiza su debut literario con la novela “Si el amor no duele, ¿esto qué coño es?” (Harper Collins, 252 págs.)
No es muy aventurado pronosticar que esta novela con más de un toque de humor va a ser una de las historias, especialmente para lectoras, que marcarán este 2026. Una historia que, de la mano de una actriz canalla y rompedora, constituye una mirada a la vida con humor.
Con altas dosis autobiográficas, como ella misma reconoce, el personaje central del libro, Marina, es una chica que llega a Madrid buscando su lugar en el mundo, pero, sin esperarlo, se ve atrapada en un laberinto de relaciones tóxicas, la presión de una gran ciudad y un corazón que no deja de romperse. Cansada de interpretar el papel de “niña buena” y de amar a hombres que la dejan vacía, se atreve a emprender un viaje radical hacia su interior, que la llevará a explorar nuevos límites y a tomar decisiones que cambiarán su vida de arriba abajo. Común a infinidad de seres humanos, esta es una historia donde la locura, el amor y la desilusión, pero también el humor y la sinceridad, son los compañeros de un viaje hacia la libertad emocional.
La misma María Gómez de Castro nos habla de su libro, y lo define como “una historia de desamor con la que muchas personas van a sentirse identificadas, porque muestra ese proceso de perderte a ti mismo y llegar a lugares emocionales extremos, aferrándote a una idea edulcorada del amor romántico, que no se parece en nada a la realidad. Habla de ese momento, tan cómico como doloroso, en el que la dignidad se va evaporando poco a poco mientras uno insiste en no ver lo que tiene delante”.
Y, ciertamente, el libro es un recorrido por las distintas formas de relaciones tóxicas -amistosas, familiares o románticas- contado desde una mirada cercana y cargada de humor e ironía. Tanto es así que, por momentos, es inevitable evocar al Club de la Comedia, cuando Marina explica en primera persona su incansable búsqueda del “amor real”, con todas sus dificultades; especialmente cuando la obsesión nubla el juicio y el miedo a la soledad te arrebata la capacidad de decidir con claridad.
Todo ello se narra encadenando anécdotas divertidas con historias más duras, pero siempre desde la ligereza que da la distancia y la voluntad de mirar de frente, sin dramatismos, “lo que nos lleva a repetir los mismos patrones una y otra vez”.
Esta escritora, que tiene ya en su hoja de servicios varios cortometrajes: “Mi hermano es lesbiana”, “A veces fumo”, “Llámame” y “No era el fin del mundo”, reconocidos en diversos festivales europeos, nos contesta también a la inevitable pregunta de por qué escogió para su primera novela un título tan llamativo: “La verdad es que cuando empecé a escribir, salió solo. Era el nombre provisional del documento que envié a la editorial, casi sin pensarlo, y nunca hubo discusión al respecto. Yo escribí Si el amor no duele…entonces esto qué es y creo que todos tuvimos claro que detrás iba un taco, y no precisamente suave. Hay cosas que nacen con su nombre puesto desde el principio”.
La autora estima que estamos en un momento en el que se habla mucho de la supuesta “evolución” de las relaciones hacia modelos nuevos y más avanzados, pero también cree que, si antes muchas relaciones se mantenían por conveniencia, hoy ya no hay necesidad de ello. Sin embargo, corremos el riesgo de olvidar algo esencial: que las relaciones requieren esfuerzo, cuidado y constancia para mantenerse.
“La vida, con su sentido del humor parece decirte: ¿Querías aprender sobre el amor? Pues toma dos tazas”. En ella es importante saber cuanto antes que “si no sabes estar sola, no sabes estar con nadie”. Y concluye: “La sociedad nos transmite constantemente que la soledad es una lacra, que si no tienes amigos alrededor o pareja es que hay algo malo en ti. Por eso la primera lección que deberíamos aprender en el colegio es a estar solo, quieto, en silencio, conectando contigo mismo y sin distracciones. Si no sabes quién eres, difícilmente sabrás lo que quieres o a quién puedes dar tu tiempo y tu paciencia, sin juzgarte por equivocarte”.