El Real Madrid cede ante los jugadores y fulmina a Xabi Alonso
No por anunciada, filtrada y cacareada la salida de Xabi Alonso del Real Madrid ha sido menos humillante que la de Julen Lopetegui o Rafa Benítez. Mismo perfil y mismo modus operandi de Florentino Pérez al que le sobran todos y cada uno de los entrenadores que ha fichado a lo largo de sus años de presidencia. No es una figura con la que comulgue. Él prefiere pagar a estrellas y dejarles jugar, pero las normas le imponen un entrenador al que suele tener poca estima.
La salida de Alonso estaba mascada desde mucho antes de perder contra el Celta en el Bernabéu. Quizá ese día sonó más fuerte su marcha, pero antes de eso el presidente blanco ya deslizaba en los palcos que el tolosarra aburría a los jugadores con vídeos largos y demasiada táctica. Y no se equivocaba porque su pizarra había caído en saco roto en ese vestuario. Demasiadas alforjas para un grupo de jugadores acostumbrados a la mano izquierda de Ancelotti o de Zidane donde el fútbol lo ponían ellos.
Carreras, Huijsen, Güler o Gonzalo eran los únicos que podían cerrar filas con Alonso. El resto eran hijos de otro tiempo y Vinicius su líder espiritual, el jugador que se atrevió a criticar su propio cambio a gritos y amenazar con largarse si seguían cambiándole. Esa reacción no tuvo castigo para el brasileño, el club calló, Xabi tragó y el vestuario entendió el mensaje. Antes, Valverde ya había pedido abiertamente no jugar de lateral de una manera altanera en la que aseguró haberse ganado un sitio en el centro del campo por ser coetáneo de Modric, Kroos o Casemiro. Y hubo que leer entrelíneas a Courtois cuando comentó que no todos los compañeros estaban contentos, “unos porque no juegan y otros porque juegan en otra posición”.
La muerte profesional de Xabi estaba telegrafiada desde dentro del club. José Ángel Sánchez pudo convencer a Florentino Pérez del fichaje del exjugador blanco como técnico, pero nadie puede hacer nada cuando el mandatario blanco baja el pulgar y sentencia. No hay tiempo, no hay confianza, no hay mano dura con el vestuario. Su apuesta siempre es y será por los jugadores y Vinicius lleva años ganando todos los pulsos a su propio club hasta el punto de negarle a Carlo Ancelotti recoger el premio a menor entrenador en 2025 porque él se quedó sin Balón de Oro.
En el debe de Alonso queda su actitud como representante del club en la sala de prensa. Su discurso plano de los primeros días se fue alargando en el tiempo y llegó a tener cara de Xavi Hernández cuando se sentaba ante la prensa a intentar convencer a los allí presentes de un supuesto buen juego de su equipo el día que perdió en Anfield. Una postura servil con el club en el caso Negreira y ponerse de perfil con Vinicius le sentenciaron ante una afición que le quería de entrenador y veía en él alguna Champions más.
Ese carácter de un tipo que recibe una patada en el pecho en plena final de un Mundial o que lanza el penalti decisivo el día que el Liverpool remonta al Milan la final de la Champions es lo que necesitaba el Real Madrid. Pero se encontró a un entrenador con cierto complejo de querer gustar a todo el mundo para sostener una convivencia rota desde el día que dio al play y el resumen duró más de 30 segundos.
Los jugadores han ganado. Ya no tienen al entrenador que les hacía presionar arriba o entrenar determinadas tácticas incómodas. Ahora tienen a su mejor amigo, con el que se fundió para arropar a Mourinho en plena guerra civil madridista. Y Arbeloa tiene un sapo que tragarse si quiere sentarse más de un mes en el mejor banquillo del mundo. Una mirada atrás es suficiente para recordar que por esa etapa pasó Solari entre Zidane y la segunda época de Ancelotti. Poco se recuerda de aquello más que la mala relación del argentino con Isco.
Lo de Arbeloa saldrá como quieran los jugadores que salga. calidad hay de sobra para no perder ningún partido de aquí a que empiece el Mundial de junio. Incluso sin un esquema de juego, la plantilla sabe competir y ganar porque Vinicius volverá a marca goles, Bellingham pisará el área, Valverde será incansable de nuevo y a Camavinga se le quitará la cara de amargura del que parece que no cobra su sueldo en tiempo y forma.
El Real Madrid no es de sus socios, es de los jugadores y el presidente lo permite desde aquel año que abandonó el sillón devorado por una plantilla malcriada. Con el tiempo, se puede decir que no le ha ido mal contratando a gestores de egos y despidiendo a pizarras sesudas, pero montar estos circos mediáticos a mitad de temporada no es de recibo.
Alonso volverá a ganar y a manejar un equipo de jugadores que atiendan a su forma de entender el fútbol. En la Premier (el Manchester United anda sin técnico), en Italia (la Juventus necesita reinar de nuevo) o en Alemania, una vez más. Su talento quedó demostrado y solo necesita jugadores comprometidos y un club con sentido común.