Raphinha hace al Barça supercampeón ante un dudoso Real Madrid

Vinicius marcó y Mbappé jugó los últimos minutos
<p>Raphinha, del FC Barcelona, celebra el tercer gol con Dani Olmo y Ferran Torres - PHOTO/ REUTERS&nbsp;</p>
Raphinha, del FC Barcelona, celebra el tercer gol con Dani Olmo y Ferran Torres - PHOTO/ REUTERS 

No es como para que el madridismo esté contento, más bien es para que se quede con las mismas dudas con las que el equipo llegaba a Arabia Saudí. Un 3-2 en la final de la Supercopa de España ante el Barça es un mal resultado, siempre. Y más si los blancos han perdido tres de las cuatro finales disputadas. Aquel Barça de Xavi que se marchó de Yeda con brotes verdes fue un espejismo de cómo no se debe celebrar una derrota. Tampoco el Real Madrid, que jugó a lo que le obligó el Barça y cuándo quiso Vinicius. Y eso no es para lo que ficharon a Xabi Alonso. 

El planteamiento del de Tolosa dejó a Flick incómodo los primeros minutos de partido. Tchouaméni era centrocampista en ataque y central en labores defensivas. Asencio carrilero largo, igual que Carreras, lo que permitía a Vinicius cumplir su sueño de no defender. Esos minutos fueron de control total de ambos equipos y de no querer equivocarse. Se parecía a aquellos duelos Guardiola-Mourinho donde nadie hacía nada que no estuviese en el guion. El problema de jugar así es que el Barça siempre gana. El orden es su estilo, mientras que el Madrid reina en el desconcierto. 

Vinicius volvió a dominar su banda ante un Koundé inoperante en velocidad. Una arrancada del brasileño le dejó solo ante Joan García, pero chutó a las manos. La segunda ocasión fue para Gonzalo que también mandó el balón al cuerpo del portero. Pero la tercera fue para Raphinha que encaró a Tchouaméni y puso un balón preciso al palo que hizo imposible la estirada de Courtois. El descanso llegaba con 1-0, hasta que se desató el caos. Segunda carrera de Vinicius por banda para tumbar a dos defensas del Barça y empatar el partido. Sin solución de continuidad y con el tiempo extra rodando, Lewandowski picó un balón milimétrico para el 2-1 ante la pasividad de Huijsen que jugó mal y lesionado. En el tiempo añadido de esos goles, un cabezazo del propio central en un córner, acabó en larguero y en un barullo que atinó a rematar Gonzalo para el 2-2. El canterano recuerda demasiado a Raúl. Tanto, que no es bueno para sus compañeros que juegue demasiado en el Bernabéu porque su entrega, sus carreras y, en ocasiones, su desesperación por el deambular del resto, hacen que los pitidos al equipo suban decibelios. 

<p>Vinicius Junior, del Real Madrid, celebra el primer gol con sus compañeros - REUTERS/ VINCENT WEST </p>
Vinicius Junior, del Real Madrid, celebra el primer gol con sus compañeros - REUTERS/ VINCENT WEST 

Empate al descanso y tiempo para que Flick y Xabi recompongan equipos. El alemán lo tenía fácil y no tocó nada, pero en el Madrid las bajas se acumulan hasta en la previa del partido donde Güler pasó al banquillo para dar entrada a Gonzalo. 

La segunda parte fue de dominio alterno. Arrancadas del Real Madrid y alguna presión tímida de Valverde para despertar al equipo que se mezclaban con un juego muy lento del Barça al son de Pedri. Courtois salvó al equipo en un remate de Koundé en el área pequeña, pero en ataque no carburaba demasiado si a Vinicius no le salían los regates. El ataque blanco depende de los aciertos de Mbappé, que seguía en el banquillo, y de poco más porque Alonso no ha encontrado una fórmula para que el Real Madrid vea puerta con más efectivos. 

<p>Gonzalo García, del Real Madrid, celebra el segundo gol de su equipo - PHOTO/ REUTERS</p>
Gonzalo García, del Real Madrid, celebra el segundo gol de su equipo - PHOTO/ REUTERS

La defensa blanca ya pisaba su propio área cuando el Barça tenía el balón. Nadie sacaba al equipo y Raphinha olió la sangre. El cuarto gol del brasileño en la competición fue un disparo fácil para Courtois que acabó tocando en Asencio y cambiando la trayectoria. Ese gol en el 75 no hundió al Madrid, pero sí que llevó al Barça a secuestrar el balón para desesperación blanca. Mastantuono volvió a salir cansado, Güler centró balones perfectos que dejaron a Carreras y a Asencio con el empate en su cabeza y en sus pies y Ceballos no ha perdido calidad, pero no mejora al equipo. A esto se suma que Dani Olmo o Ferran entraron a dar aire a su equipo sin que se bajase el nivel. Solo De Jong se la jugó con una fea entrada al Mbappé que le costó la roja a pocos minutos del final y con el Real Madrid buscando el empate. La final acabó con un marcador apretado y mucha emoción. Mbappé jugó poco, pero no empeoró de sus dolores de rodilla. El viaje a Arabia fue más para atemorizar con su presencia que para marcar goles.

<p>El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, estrecha la mano del entrenador del Real Madrid, Xabi Alonso, tras perder la final de la Supercopa de España - REUTERS/ VINCENT WEST </p>
El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, estrecha la mano del entrenador del Real Madrid, Xabi Alonso, tras perder la final de la Supercopa de España - REUTERS/ VINCENT WEST 

La final de la Supercopa deja al Barça con un título, el Clásico ganado y las opciones para ganar la Liga mejoradas porque el que gana este título no suele fallar. El Madrid se queda con todas las dudas del mundo. Vinicius no quiere defender y Alonso tiene que buscar un plan para él y que los goles no dependan de Mbappé porque Gonzalo volverá al banquillo.

<p>Ronald Araujo, del FC Barcelona, levanta el trofeo junto a sus compañeros tras ganar la final de la Supercopa de España - REUTERS/ VINCENT WEST </p>
Ronald Araujo, del FC Barcelona, levanta el trofeo junto a sus compañeros tras ganar la final de la Supercopa de España - REUTERS/ VINCENT WEST 

Quizá tenga crédito para el resto de temporada si no se repite una derrota sonora que moleste al presidente que, por cierto, acudió a la final, pero se ocupó de poner árabes de por medio para evitar cruzarse una sola palabra con Joan Laporta, su nuevo peor enemigo.