Brahim y el dolor del alma
Brahim fue el protagonista negativo de Marruecos en la final de la Copa Africana de Naciones (CAN) 2026 disputada en el país norteafricano.
Marruecos se presentaba como favorita, por su impresionante trayectoria, por ser anfitrión y por tener uno de los mejores equipos del campeonato con excelentes jugadores como Brahim Díaz o Achraf Hakimi.
Pero la final ante Senegal no salió como se esperaba desde el lado marroquí y tuvo un desenlace abrupto con el penalti decisivo fallado por el hispano-marroquí Brahim Díaz.
Me duele el alma. Soñé con este título gracias a todo el amor que me habéis dado, a cada mensaje, a cada muestra de apoyo que me hizo sentir que no estaba solo. Luché con todo lo que tenía, con el corazón por encima de todo.
— Brahim (@Brahim) January 19, 2026
Ayer fallé y asumo toda la responsabilidad y me… pic.twitter.com/W7oBP6crru
La decepción fue grande y el propio Brahim se disculpó y pidió perdón por el grave error en el lanzamiento de penalti en el tramo final del partido decisivo ante Senegal, que al final se llevó la victoria en la prórroga.
“Me duele el alma”, llegó a afirmar Brahim Díaz en un comunicado en redes sociales. “Soñé con este título por todo el cariño que me han dado, por cada mensaje, por cada muestra de apoyo que me hizo sentir que no estoy solo. Luché con todo lo que tenía, con el corazón por encima de todo”, señaló.
Brahim asumió toda la responsabilidad. “Fallé y asumo toda la responsabilidad, y pido disculpas de todo corazón”, escribió Brahim. “Me costará levantarme, porque esta herida no cicatriza fácilmente, pero lo intentaré. No por mí, sino por todos los que creyeron en mí y por todos los que sufren conmigo. Seguiré adelante hasta que un día pueda devolverles todo este amor y ser el orgullo de mi pueblo marroquí”, aseguró el jugador hispano-marroquí.
Cita con la historia
Marruecos se citaba con la historia durante la Copa Africana de Naciones (CAN) 2026 para intentar alzarse con el título de campeón cincuenta años después del único campeonato continental logrado a nivel de selecciones en el ya lejano 1976 en el torneo disputado ese año en Etiopía.
Marruecos llegaba a la cita contando solamente un título de campeón de África, pero con muchas aspiraciones este año por ser anfitrión del torneo y por el gran nivel del combinado nacional, que llegaba después de completar con brillantez sendas fases de clasificación para la CAN y para el próximo Mundial de fútbol de Estados Unidos, Canadá y México, citas para las que se clasificó dominando sus grupos y exhibiendo gran juego y excelentes resultados.
Además, en el último Mundial de Qatar de 2022, Marruecos logró alcanzar las semifinales, algo nunca conseguido por ninguna selección árabe y africana, y solamente fue apeada del torneo por la poderosa Francia de Kylian Mbappé, que al final acabó como subcampeona del mundo tras perder la final ante la Argentina de Leo Messi.
Favoritismo de Marruecos
En este escenario, Marruecos partía como favorita para alcanzar el título de campeón de África de fútbol en esta edición de 2026 organizada además por el reino marroquí.
Y, durante el torneo, la selección nacional dirigida por el exitoso técnico de la última época, Walid Regragui, confirmó las expectativas: se clasificó en la fase de grupos como primera de su grupo, por delante de Mali, Islas Comoras y Zambia, y fue eliminando sucesivamente en las diferentes rondas posteriores a Tanzania, Camerún y Nigeria, hasta plantarse en la final ante otra selección poderosa como Senegal. Durante este camino, Marruecos se consolidó con 9 goles a favor y solo uno en contra.
El combinado nacional marroquí desarrolló un juego muy sólido con una defensa prácticamente impenetrable y un portero del máximo nivel mundial como Yassine Bono y con los destellos arriba de futbolistas de mucha clase como Brahim Díaz, jugador del Real Madrid y estrella rutilante de la selección marroquí, Ayoub El Kaabi, Achraf Hakimi, considerado uno de los mejores laterales ofensivos del mundo, Azzedine Ounahi, que se lesionó en el tramo final de la competición, Abde Ezzalzouli o Youssef En-Nesyri.
Brahim, de los cielos al infierno
Brahim Díaz era uno de los grandes reclamos de la selección de fútbol de Marruecos, el hombre sobre el que recaía gran parte de la responsabilidad ofensiva y de generación de ocasiones de peligro para el equipo dirigido por Walid Regragui.
El jugador del Real Madrid no llegó a tener opción de poder jugar con España porque no fue llamado convenientemente por la selección absoluta española y Marruecos vio la opción de incorporar al talentoso mediapunta por sus orígenes marroquíes, a pesar de ser de Málaga, ciudad del sur de España.
Desde que debutase con Marruecos, la historia de Brahim Díaz con los Leones del Atlas ha sido impecable, además con una gran acogida tanto por parte de los compañeros como de la afición, que veían en Brahim el complemento definitivo para aumentar todavía más las aspiraciones de la selección marroquí semifinalista del último Mundial de Qatar.
Después de muy buenos partidos oficiales de clasificación y unos números excelentes, Brahim llegaba a la Copa Africana de Naciones de 2026 organizada por Marruecos como gran referente de un equipo nacional que contaba también con excelentes jugadores como Achraf Hakimi, Yassine Bono, Azzedine Ounahi y Abde Ezzalzouli.
De hecho, Marruecos llegó a la final ante Senegal con unos números y rendimiento impecables, aunque con dificultades en algún partido para lograr la clasificación, como en las semifinales ante Nigeria, en las que Marruecos pasó finalmente por penaltis tras empatar sin goles ante el equipo nigeriano, y con un Brahim que se había convertido en el máximo goleador del torneo con cinco goles, a pesar de no ser un delantero goleador nato.
Pero el destino quiso que Marruecos perdiese la final ante Senegal tras un fatídico lanzamiento de penalti de Brahim justo cuando el partido acababa.
Escenario épico
El momento decisivo de la final fue dantesco y épico. Con una impresionante lluvia cayendo sobre el Estadio Príncipe Moulay Abdellah de Rabat, se llegaba a los últimos minutos de una final muy disputada en la que Marruecos y Senegal habían tenido sus oportunidades para adelantarse en el marcador y ganar el partido.
Senegal vio cómo el árbitro congolés Jean Jacques Ndala Ngambo le anuló un gol por una falta muy rigurosa sobre Achraf Hakimi y prácticamente en la jugada posterior el Videoarbitraje indicó al colegiado Ndala Ngambo que revisase un posible penalti sobre Brahim, que se señalizó finalmente y que fue muy protestado por Senegal.
Ahí llegó el momento de la tragedia para Brahim, quien fue el encargado de lanzar el penalti y quien decidió tirarlo al estilo Panenka, flojito y un poco elevado confiando en engañar al portero Édouard Mendy. Pero el lanzamiento salió fatal y el propio Mendy lo atrapó sin dificultad alguna.
Todo ello después de un momento para olvidar en el que diversos miembros de la selección senegalesa amenazaron con abandonar el partido, incluido el seleccionador Pape Thiaw, por entender que se estaba produciendo un robo arbitral. Una situación muy comprometida que pudo acabar con la suspensión del encuentro por abandono senegalés y la victoria automática de Marruecos, aunque de manera deshonrosa.
Algunos jugadores, como el capitán senegalés Sadio Mané, pusieron cordura y se retomó el partido después de cuarto de hora de amenaza de abandono de Senegal. Ahí llegó el momento trágico para Brahim, que falló de manera estrepitosa el penalti, provocando la llegada de la prórroga, en la que un excepcional gol por la escuadra de Pape Gueye decantó la victoria para Senegal.
A partir de ahí, llegó el momento más duro y amargo para Brahim, quien se rompió del todo y mostró todo su pesar y asunción de responsabilidades ante todo el país marroquí. Solo había que ver la cara que tenía a la hora de recoger premios en la final, como el de máximo goleador o la medalla de subcampeón de África. No había consuelo para Brahim con un país entero decepcionado al haber visto frustrado el sueño de lograr un campeonato de África de selecciones de fútbol que no se resistía desde hace ya 50 años. “Me duele el alma”, con esa frase de Brahim Díaz se resume todo un sentimiento tras la fuerte decepción sufrida.
