Donald Trump insiste en la presión a la Venezuela de Nicolás Maduro mientras afronta problemas internos
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, expresó a través de su red social Truth Social que seguiría mandando barcos de guerra al Caribe hasta que Venezuela devuelva todo el petróleo, la tierra y otros activos que anteriormente les robaron. También reiteraba su demanda de los derechos petroleros.
Mientras, la semana pasada las fuerzas estadounidenses apresaron un buque petrolero, lo que significa una gran escalada de tensión entre las dos naciones.
Sin embargo, esta acción y otras que han llevado a cabo en el Caribe en los últimos meses violan el derecho internacional en algunos aspectos. Uno de ellos se trata de apresar y confiscar material ilícito en aguas internacionales. El protocolo de la ONU describe que el procedimiento sería ponerse en contacto con el país que opere esas embarcaciones y recibir permiso de este para intervenir.
Por el contrario, Estados Unidos se refugia en su argumento de combatir el narcotráfico. Pero en la operación estadounidense, que lleva activa desde el 2 de septiembre, Estados Unidos directamente ha atacado a estas embarcaciones, dejando a más de 90 muertos y negándoles, por tanto, el derecho a presentarse ante la justicia. Estas operaciones marítimas estaban respaldadas con el objetivo de reprimir el flujo de migrantes y sustancias ilícitas en Estados Unidos, pero Trump sigue asegurando que intervendrá en territorio venezolano pronto.
Esto aumenta la presión sobre Nicolás Maduro para abandonar el poder, considerado por Estados Unidos un presidente ilegítimo. La estrategia de seguridad nacional norteamericana contempla este problema y otros, como el conflicto con Rusia.
Mientras, el presidente estadounidense afronta también diversos problemas internos que amenazan su imagen.
José María Peredo, catedrático de Comunicación y Relaciones Internacionales de la Universidad Europea de Madrid y autor del libro “Esto no va de Trump”, analizó en el programa “De cara al mundo” de Onda Madrid la situación de la Administración Trump.
La estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, que hemos conocido hace pocos días, ¿debe preocuparnos a los europeos? O, como dice el secretario general de la OTAN, a pesar de las críticas a los europeos, Washington mantiene sus compromisos de defensa con sus aliados europeos.
Las dos cosas. Es decir, este mantenimiento de los compromisos de Estados Unidos, fundamentalmente de OTAN y de una seguridad compartida.
Están ahí y, por consiguiente, en el documento no aparece explícita ningún cambio en ese sentido, y eso nos da tranquilidad, seguridad, evidentemente. Y, por otra parte, debemos estar preocupados los europeos, pero no porque lo haya dicho Donald Trump, sino porque lo dicen los datos y la percepción de la opinión pública, y la sensación de que Europa está perdiendo protagonismo en su capacidad de ser un polo de influencia y de atracción internacional, y está perdiendo, y eso lo dicen los datos, capacidad y protagonismo económico a nivel internacional. El propio documento señala que lo que hace una década era el 25 % de la riqueza internacional, del PIB a nivel internacional, ahora es el 14 %.
No hace falta que nos diga Donald Trump que nos preocupemos. Si no nos preocupamos, tenemos un problema. Y, sobre todo, mirando a la inmigración, quizá la crítica más relevante que hace la estrategia de seguridad nacional a los europeos.
Sí, ahí el documento efectivamente lo que señala es que hay, desde el punto de vista, lógicamente, de la Administración Trump, una pérdida, un deterioro de la cultura tradicional, vamos a decir, de los valores europeos, sean estos entendidos de una manera amplia, pero desde luego de los valores del liberalismo, los valores de la solidaridad, del libre mercado. Estos fundamentos, y también otros fundamentos de cultura política europea, también cultural, como no, pues se están en este momento diluyendo, debilitando, y, según el documento, esto es debido también a la inmigración masiva, que está en un momento dado alterando distintas cuestiones dentro de Europa.
Eso es un análisis, naturalmente, que necesita una reflexión, evidentemente tenemos esa situación, pero también hay otras, es decir, los problemas como la polarización en distintos países, el debilitamiento ahí, yo creo, de los partidos tradicionales ha sido también un problema de gran magnitud y, fundamentalmente, la ausencia de un proyecto exterior y de seguridad común. Entonces, sea como sea, construirlo, siempre con el vínculo trasatlántico, es una pieza esencial.
Y los populismos que siguen amenazando y mucho las democracias liberales, ¿no?
Claro, el asunto del populismo que está aparecido en distintos países, que ha extremado muchísimo las posiciones, que ha convertido Europa en un ring, ¿no?
Prácticamente con problemas de una trascendencia extraordinaria, como es la guerra de Ucrania. Y luego distintos conflictos sociales que han ido apareciendo de manera recurrente, prácticamente desde la crisis económica.
No hace falta que venga la estrategia de seguridad para decirnos a los europeos que seguimos viviendo en el lugar mejor del mundo, el más rico, el más próspero, el que es no tener ni noticia de lo que está ocurriendo alrededor.
En el ámbito internacional, Estados Unidos parece que en las últimas semanas se lleva más o menos bien con China y con Rusia, después de muchos avatares, lo digo por las dos últimas abstenciones de China y Rusia como miembros permanentes y con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, una sobre el Sáhara y la otra sobre Gaza.
Ahí hay una cierta conciliación. Creo que el documento y la política de Trump lo que quiere es estabilizar la situación a nivel internacional y abandonar un poco, dar por hecho que la competición entre grandes potencias ya existe, pero que esa competición sea una competición de rivalidad económica, fundamentalmente de alianzas, intereses, conjuntos, y que incluso puedan incluir alguna de esas grandes potencias consideradas como rivales también en muchísimos aspectos del propio documento.
O sea, China no es considerada una enemiga, pero se rivaliza con ella clarísimamente como objetivo a la hora de buscar mercados nuevos y competir, incluso apartar de alguna manera a la influencia china.
Pero igualmente ha sorprendido mucho en el documento, por ejemplo, el caso de Rusia, que es considerado evidentemente como un rival activo desde la agresión de Ucrania. Creo que ahí también Trump ha intentado abrir una puerta también a la diferenciación con respecto a los líderes demócratas, Obama o Biden, que eran más frentistas con las políticas de Putin. Y difícil de entender en parte porque evidentemente nuestra visión es una visión de preocupación y de riesgo con respecto a Rusia, que parece que Trump intenta alejar un poco.
Creo que es una estrategia de estabilización primero y luego ya volvemos otra vez a entender lo que quiere cada uno. Las drogas, sobre todo el fentanilo, la cocaína, la heroína, etc., pero aún el fentanilo que convierte a los seres humanos en zombis, son una gran amenaza para generaciones de norteamericanos. Lo estamos viendo en numerosas informaciones y vídeos.
Trump ataca al narcotráfico para defenderse.
Clarísimamente. Esto es una de las primeras identificaciones de la nueva estrategia de seguridad nacional.
Identificar este problema, el crimen organizado, el tráfico de drogas. Ojo, Richard Nixon ya identificó a las drogas como el primer enemigo de Estados Unidos. Hablamos de los años 70, o sea que no estamos descubriendo nada nuevo, pero sí estamos descubriendo de dónde vienen, a través de dónde vienen, y cómo desestabilizan el país.
Hay una política de priorización del hemisferio occidental, es decir, América Latina, y, por consiguiente, entrar a este tipo de combates contra el narcotráfico, que ya ha entrado. Estamos viéndolo en el caso de Venezuela de manera muy clara, y entrar también en una política de mayores inversiones, de generación de nuevos mercados, y dice incluso el documento de identificación de algunos puntos estratégicos, nuevos puntos o no estratégicos. Creo que se refiere mucho al canal de Panamá, por ejemplo. Creo que se refiere también mucho a intentar cortar precisamente esas vías de entrada, fabricación, etcétera, de la droga como un elemento clave.
Sí, pero a nivel interno también hay criminales norteamericanos que trafican y luego que fomentan el consumo. Los mexicanos siempre lo han dicho, el problema es el consumo que hay en esta región.
Evidentemente, hay una cuestión también de intentar ligar la seguridad interna y externa, o sea, no solamente por supuesto la entrada, sino que se trata del tráfico interno, el consumo, etcétera. Entonces, creo que ahí va un poquito la estrategia también de Donald Trump, complicada de entender, en ocasiones criticada mucho a nivel interno, esto de haber perseguido la inmigración con la Guardia Nacional y este tipo de acciones muy duras, de utilización del poder duro a nivel interno. Habla incluso de terrorismo doméstico en el documento, para hablar de estos actores que actúan dentro de los países, en este caso Estados Unidos, como instrumentos de desestabilización, por motivos económicos, con las drogas, o por motivos también de desestabilización política, terrorismo, grupos extremistas, etcétera.
Eso es lo que el documento efectivamente habla. Además, lo ha mencionado usted, el tema de la inmigración, las continuas polémicas con los aranceles, un día sí y otro no. ¿La economía de Estados Unidos responde? Porque en su discurso luego ha habido críticas de que ha inflado un poco los resultados.
La economía sí responde, pero hay que decir que viene respondiendo ya unos años.
La salida de la crisis de la COVID ya con Biden dio unos resultados muy satisfactorios que siguen. Un país tremendamente dinámico, con un mercado extraordinario, estamos hablando de más de 300 millones de habitantes. Y es que también hace referencia a la estabilidad y a la inmigración, Donald Trump dice que la inmigración se ha terminado.
Eso es una exageración evidentemente. Si usted quiere estabilizar el mundo, una de las cosas que tiene que hacer es estabilizar su movimiento. Entonces, un fenómeno abierto como la inmigración a los Estados Unidos le ha venido bien durante unos años, décadas, y ahora tiene una situación demográfica bastante buena, mejor que otras potencias en términos de envejecimiento de la población, etc.
Ha renovado su población, tiene más de 300 millones de habitantes con un mercado laboral muy activo también. Todo ese movimiento también del mercado laboral y de la inmigración también ha ayudado al dinamismo del país y a que esa economía sea una economía activa y próspera.
Una última cuestión. Trump tiene demasiados frentes abiertos. Es cierto que algunos los está cerrando con éxito. Por ejemplo, la situación en Gaza con Israel, el plan de paz, etc., aunque queda todavía el cadáver de un rehén, pero que puede entrar ya en la segunda fase. Pero demasiados frentes abiertos que pueden producirle un desgaste de popularidad, según las últimas encuestas. Y luego tiene algunos problemas internos ahí, vinculados con esas informaciones que también salen constantemente ahí en los medios de comunicación, como el tema de Epstein, por ejemplo. Digamos que Trump hasta ahora ha sabido vivir con esa presión mediática y hasta ahora ha sabido salir de ahí.
El caso Epstein ha afectado, sí. Indudablemente, los éxitos que aparentemente, y yo creo que es así, va teniendo en política exterior pueden verse también debilitados a nivel interno. Ahí tenemos las elecciones ya de este año 2026. Ahí sí que va a haber elecciones, sí o sí.
Llega el midterm y ahí vamos a ver también cómo está ese índice de popularidad. Y habrá que ver las actividades ahora del centro Trump-Kennedy. El centro Kennedy ahora tiene nuevo nombre porque el señor Trump ha añadido su nombre a este prestigioso centro.