Líbano bajo presión de Estados Unidos e Israel para desarmar a Hezbolá sin resultados claros
El Líbano enfrenta una fuerte presión de EE. UU. e Israel para desarmar a Hezbolá, mientras su credibilidad se erosiona y crecen las tensiones cerca de la frontera, sin señales claras de diálogo
- Presiones de EE. UU. e Israel en el Líbano
- La respuesta del Ejército y los líderes libaneses
- Conflictos y supervisión del alto el fuego
Presiones de EE. UU. e Israel en el Líbano
La creciente presión ejercida por Estados Unidos e Israel sobre el Ejército libanés para que lleve a cabo el desarme del grupo militante Hezbolá se intensifica en medio de una crisis política y seguridad sin precedentes en el país. Los líderes libaneses expresan su disposición a establecer diálogos con Israel, aunque hasta ahora no han recibido señales favorables.
Desde noviembre del año pasado, el Ejército libanés ha aumentado su despliegue en la zona sur del Líbano, próxima a la frontera israelí, tras un alto el fuego mediado por Washington que pretendía poner fin a más de un año de enfrentamientos entre Israel y el grupo respaldado por Irán. El plan oficial, acordado por el Gobierno, establece que antes de que concluya el presente año debe desmantelarse la infraestructura militar de Hezbolá al sur del río Litani, ubicado a alrededor de 30 kilómetros de la frontera. Posteriormente, se espera que esta operación se extienda a otras áreas del país.
Un funcionario militar libanés, que prefirió mantener el anonimato debido a la delicadeza del tema, afirmó: “Respetamos el calendario aprobado por el Gobierno, del cual Estados Unidos y otras partes interesadas están al tanto”. Sin embargo, manifestó preocupación ante posibles repercusiones de la presión constante por parte de Estados Unidos e Israel, señalando que “la exigencia de desarmar a Hezbolá en todo el Líbano antes de fin de año es imposible”.
Paralelamente, Israel mantiene ataques casi diarios en el sur y conserva una presencia militar en cinco zonas cerca de la frontera, acusando a Hezbolá de reconstruir capacidades militares en la región. En las últimas semanas, dichos ataques se han intensificado, lo que añade tensión a la situación en el Líbano.
La respuesta del Ejército y los líderes libaneses
El Ejército libanés ha continuado reforzando sus tropas en la frontera sur, con un despliegue que ronda los 9.000 soldados según un alto oficial. Se ha solicitado registrar viviendas en el sur del país para hallar armas o túneles asociados a Hezbolá, una tarea que el Ejército enfrenta con limitaciones en personal y recursos. Esta fuerza, que cuenta con aproximadamente 80.000 miembros, depende en gran medida de la ayuda económica estadounidense y sufre serios problemas de liquidez.
El presidente del país, Joseph Aoun, exjefe del Ejército, fue elegido mandatario en enero pasado con apoyo internacional, mientras que su sucesor en el comando militar, Rodolphe Haykal, tenía previsto viajar a Washington para reuniones oficiales. Sin embargo, las citas con funcionarios estadounidenses y políticos fueron canceladas a último momento, entre ellos el influyente senador republicano Lindsey Graham, quien expresó desde la red social X su fuerte crítica hacia lo que calificó como el “débil y casi inexistente esfuerzo de Haykal por desarmar a Hezbolá”.
Graham también reprochó una declaración oficial del Ejército libanés que definía a Israel como “enemigo”, término habitual en el discurso del Líbano, que permanece técnicamente en estado de guerra con Israel desde 1948. Ese comunicado condenaba “la insistencia del enemigo israelí en violar la soberanía libanesa”, en respuesta a disparos de soldados israelíes contra fuerzas de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL).
Ante la presión internacional, el presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam manifestaron apertura para iniciar negociaciones con Israel. Salam declaró en Bloomberg TV que su Gobierno está listo para dialogar y espera el apoyo de Estados Unidos para avanzar en este proceso. “Reitero mi oferta de disposición a negociar con Israel”, afirmó el primer ministro.
No obstante, estas posturas no han generado respuesta favorable ni por parte de Israel ni de Estados Unidos, mientras el aislamiento de Beirut parece profundizarse. La esperada conferencia internacional de donantes para fortalecer el Ejército aún no se ha concretado. “Eso me resulta un enigma. Piden negociaciones y, cuando mostramos nuestra disposición, no aceptan reunirse”, comentó Salam, señalando que planteará esta cuestión a Washington.
Conflictos y supervisión del alto el fuego
Desde el acuerdo de cese de hostilidades, la UNIFIL registra más de 7.500 violaciones aéreas, cerca de 2.500 infracciones terrestres al norte de la Línea Azul y la entrega al Ejército libanés de más de 360 depósitos abandonados de armas. Un comité integrado por Estados Unidos, Francia, Líbano, Israel y la UNIFIL realiza reuniones regulares para monitorear el cumplimiento del alto el fuego.
El Ejército libanés ha coordinado acciones con este comité y la UNIFIL para ir desmantelando la infraestructura militar de Hezbolá, pese a contar con recursos limitados. Estas operaciones han costado la vida de 12 soldados en los últimos meses. Un alto oficial subrayó que se está pidiendo a su Ejército lo que Israel no pudo alcanzar con sus misiles, tecnología aérea y capacidades militares durante el último conflicto.
El enviado estadounidense Tom Barrack ha calificado al Gobierno libanés como incapaz de arrebatar el control al “Hezbolá terrorista”. Este grupo, surgido tras la invasión israelí de 1982, mantiene sus armas desde la guerra civil libanesa (1975-1990) argumentando que actúa en defensa contra Israel. Aunque afirma respetar el alto el fuego, Hezbolá se rehúsa a entregar sus armas.
Por su parte, un oficial militar israelí declaró que el mecanismo de monitoreo está en funcionamiento, aunque “no tan rápido como quisiéramos, ni en los lugares que quisiéramos”. Alertó sobre la reconstrucción de Hezbolá y reafirmó que “no permitiremos que ese tipo de amenazas crezcan en nuestro territorio”. Informó que el grupo aún posee misiles de largo alcance y que tras el conflicto anterior conservaba entre el 20 y el 30 % de su capacidad ofensiva.
“Nunca se puede lograr el cero… Para lograr el cero, hay que ir casa por casa, a todos los rincones del Líbano, que es más o menos lo que esperamos que haga el ejército libanés, porque nosotros mismos no podemos hacerlo”, concluyó el oficial. Una fuente militar occidental consideró poco probable el desarme total de Hezbolá y mencionó que “Israel cree que, tras la presión recibida por parte de Washington sobre Gaza, tendrá vía libre para lidiar con Hezbolá”.
A diferencia de Estados Unidos, el Gobierno francés expresó preocupación por la intensificación de los ataques israelíes en el sur libanés. Un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores francés declaró: «Nos preocupa esta intensificación de los ataques israelíes en el sur del Líbano. Condenamos los ataques israelíes que están causando la muerte de civiles en el sur. Nuestra posición es de respeto al alto fuego del 27 de noviembre de 2024».