Los presos iraníes claman: “No a la ejecución”

Protestas en París contra la pena de muerte en Irán
Irán, bajo el régimen de los mulás, está atravesando uno de los años más oscuros de su historia moderna

En los primeros nueve meses de 2025, el número de ejecuciones en Irán alcanzó las 1200, la cifra más alta de los últimos 36 años. En todo el país, al menos 39 mujeres han sido ejecutadas este año.

La máquina de la muerte se ha acelerado bajo las órdenes directas del líder supremo Alí Jamenei. Las ejecuciones se llevan a cabo a diario, a menudo en secreto, sin un juicio justo y en flagrante violación del derecho internacional. Los presos políticos, las minorías étnicas y las mujeres son las principales víctimas.

En este clima de terror, se ha encendido una chispa de rebeldía tras los muros de la prisión más grande de Irán. El 13 de octubre, unos 1500 reclusos condenados a muerte en la prisión de Ghezel Hesar iniciaron una huelga de hambre masiva para protestar por la ejecución de sus compañeros de prisión. Rechazaron toda comida y corearon “No a la ejecución” en los pasillos de la Unidad 2. Al día siguiente, reclusos de otros bloques se unieron al movimiento, convirtiendo la protesta en una de las mayores huelgas de hambre colectivas de los últimos años.

Manifestaciones en Colonia, Alemania, en contra de la pena de muerte en Irán

Los mensajes de testigos, sacados clandestinamente de la prisión, describen una rutina escalofriante: traslados nocturnos a celdas de aislamiento, seguidos del regreso de camas vacías al amanecer. El director de la prisión, Karamollah Azizi, amenazó con cerrar la cocina y la cantina si los presos continuaban con su protesta. Su respuesta fue mordaz: “¡Adelante, ciérrelas! No hay nada peor que lo que ya estamos viviendo”.

Según el Consejo Nacional de Resistencia de Irán (NCRI), una coalición política que trabaja por una república democrática y laica, al menos 170 personas fueron ejecutadas durante los primeros 22 días del mes persa de Mehr (aproximadamente del 23 de septiembre al 14 de octubre), es decir, una cada tres horas. El NCRI ha pedido a las Naciones Unidas y a la Unión Europea que apoyen a los huelguistas y pongan fin a esta ola de ejecuciones.

En la actualidad, al menos diecisiete presos políticos se encuentran en el corredor de la muerte en Irán, a la espera de una ejecución inminente por parte del régimen. Se les acusa de pertenecer al principal movimiento de oposición, la Organización Popular Mujahedín de Irán (PMOI/MEK).

La indignación internacional sigue creciendo. Las organizaciones de derechos humanos piden una moratoria mundial y sanciones específicas contra los responsables. Pero Teherán se mantiene inflexible, justificando los ahorcamientos como la “aplicación de la justicia divina”.

La presidenta electa del CNRI, Maryam Rajavi, durante una conferencia en contra de la pena de muerte en Irán

En la conferencia celebrada en Londres el 11 de octubre, con motivo del Día Mundial contra la Pena de Muerte, la presidenta electa del CNRI, Maryam Rajavi, advirtió que el régimen de Jamenei “se sustenta en los pilares de la ejecución y la represión”.

La Sra. Rajavi afirmó que el silencio de Occidente estaba animando a Teherán: “Dejen de subastar los derechos humanos de nuestros compatriotas oprimidos. Condicionen sus relaciones con este régimen al cese inmediato de las ejecuciones”. Reafirmó la visión de su movimiento de un Irán libre de ejecuciones y torturas, basado en el perdón y la humanidad en lugar de la venganza.

Dentro del país, la solidaridad se está extendiendo. Los presos políticos del pabellón 7 de la prisión de Evin emitieron un comunicado en apoyo a la huelga de Ghezel Hesar, calificando la pena de muerte de “castigo cruel e inhumano” e instando a los ciudadanos a reunirse frente a las prisiones para protestar. Su llamamiento se hace eco de la campaña nacional “martes contra la ejecución”, que ya cumple 90 semanas, en la que los presos de 52 prisiones coordinan protestas simbólicas contra la pena capital.

El valor de estos presos ha derribado el muro de miedo erigido por el régimen. Su acto de resistencia colectiva recuerda el poder moral de las huelgas de hambre en otros capítulos oscuros de la historia. Cada declaración de “Moriremos protestando, no con una soga alrededor del cuello” pone al descubierto la crueldad del régimen y reafirma la dignidad del pueblo iraní.

Maryam Rajavi, presidenta electa del Consejo Nacional de Resistencia de Irán (NCRI)

Lo que suceda a continuación pondrá a prueba la conciencia del mundo. Algunos gobiernos occidentales han condenado la ola de ejecuciones, pero las palabras por sí solas no bastarán para detener la soga del verdugo. Se necesitan urgentemente medidas concretas: sanciones selectivas, aislamiento diplomático y apoyo a las investigaciones internacionales.

La huelga de hambre de Ghezel Hesar va más allá de una simple protesta carcelaria; es un grito desde el corazón de una nación asediada. Que la comunidad internacional decida escuchar o permanecer indiferente determinará no solo el destino de 1500 reclusos condenados a muerte en una sola prisión, sino también el valor moral de nuestra época.

La verdadera medida de la humanidad no se revela en las palabras, sino en el silencio, el silencio de quienes miran hacia otro lado. Hoy, ese silencio es complicidad, ya que estas ejecuciones no son meras tragedias nacionales, sino violaciones del propio orden internacional basado en el derecho a la vida.