De la Ciudad Condal a la perla del Mediterráneo: guía para viajar a Mallorca en ferry

Mallorca es una isla de contrastes: desde la sofisticación urbana de Palma hasta la paz monacal de la Sierra de Tramuntana
Baleària
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  1. Libertad total: tu coche, tus reglas
  2. La experiencia a bordo
  3. Mallorca más allá de sus playas
  4. Consejos finales para el viajero

Barcelona y Mallorca están unidas por algo más que la historia y el mar; comparten un ritmo de vida mediterráneo que se saborea mejor cuando el viaje se disfruta sin prisas. Aunque el avión es la opción más rápida, cada vez son más los viajeros que redescubren el placer de llegar a la isla por mar. Hay algo profundamente especial en ver cómo el skyline de Barcelona se desvanece en el horizonte mientras la brisa marina anuncia que las vacaciones, de verdad, han comenzado.

Mallorca es una isla de contrastes: desde la sofisticación urbana de Palma hasta la paz monacal de la Sierra de Tramuntana. Para exprimirla al máximo, la logística del viaje es clave, y es aquí donde la travesía marítima gana por goleada a cualquier otra alternativa.

Libertad total: tu coche, tus reglas

La razón principal por la que muchos viajeros eligen el trayecto de Barcelona a Mallorca en ferry es la posibilidad de llevar su propio vehículo. Mallorca es una isla grande, y aunque el transporte público funciona bien en Palma, para llegar a esas calas escondidas de aguas turquesas o para recorrer los pueblos de piedra de la montaña, el coche es imprescindible.

Viajar con tu propio vehículo no solo te ahorra los costes y las esperas de los alquileres en el aeropuerto, sino que te permite llenar el maletero sin preocuparte por el peso o las restricciones de líquidos. Ya sea el equipo de buceo, las bicicletas para recorrer las rutas ciclistas de la isla o simplemente esas maletas extra por si acaso, el ferry ofrece una libertad que el avión no puede igualar.

La experiencia a bordo

Cruzar el Mediterráneo desde Barcelona suele llevar entre 6 y 8 horas, dependiendo del tipo de buque. Sin embargo, lejos de ser un tiempo perdido, es un tiempo de desconexión. Las compañías que operan esta ruta ofrecen servicios que transforman el traslado en una parte más de las vacaciones:

  • Acomodación: puedes elegir desde una simple butaca hasta camarotes privados, ideales si viajas en los trayectos nocturnos para despertar ya en el puerto de Palma, descansado y listo para la aventura.
  • Viajar con mascotas: para quienes no quieren dejar a su mejor amigo en casa, el ferry es la opción menos estresante para los animales, con zonas habilitadas y camarotes pet-friendly.
  • Ocio: restaurantes, cafeterías y cubiertas exteriores donde disfrutar del sol y, con un poco de suerte, del avistamiento de cetáceos que habitan en el corredor migratorio del Mediterráneo.

Mallorca más allá de sus playas

Una vez desembarcas en el puerto de Palma, justo frente a la imponente Catedral de la Seu, la isla se abre ante ti. Aunque las playas de Es Trenc o Cala Mesquida son reclamos obvios, Mallorca guarda secretos que solo se descubren con tiempo y movilidad:

  1. La Sierra de Tramuntana: declarada Patrimonio de la Humanidad, es el pulmón verde de la isla. Pueblos como Valldemossa, Deià o Sóller (con su famoso tren de madera) son paradas obligatorias para los amantes de la fotografía y la buena gastronomía.
  2. Palma, la capital cosmopolita: no te quedes solo en la costa. Piérdete por el casco antiguo de Palma, visita sus patios señoriales y disfruta de una ensaimada auténtica en alguna de sus pastelerías centenarias.
  3. El interior y el vino: pueblos como Binissalem ofrecen una cara menos conocida de Mallorca, donde las bodegas de vino local y los mercados de artesanía muestran el carácter más auténtico de los "lluquers".

Consejos finales para el viajero

Si te decides por la vía marítima, recuerda llegar al puerto de Barcelona con suficiente antelación, especialmente si viajas con coche (se recomienda al menos 90 minutos antes). La salida del puerto, pasando junto al World Trade Center y bajo la silueta de Montjuïc, es uno de los momentos más fotogénicos del viaje.

Reservar con antelación es vital, sobre todo en temporada alta, ya que los camarotes y las plazas de garaje son lo primero en agotarse. Una vez tengas tu billete, solo queda relajarse. Porque en Mallorca, el viaje empieza en el momento en que el barco suelta amarras y el olor a salitre lo inunda todo.