La hospitalidad y la “faz‘a”: el rostro humano de Arabia Saudí que Europa empieza a descubrir
Sin embargo, lo que muchos descubren sobre el terreno va más allá de cualquier expectativa previa: una sociedad que sitúa al ser humano en el centro y que convierte la hospitalidad y la solidaridad en prácticas cotidianas, no en simples consignas culturales.
En la cultura saudí, la hospitalidad no se concibe como un gesto puntual ni como un servicio circunstancial, sino como un valor ético profundamente arraigado. El visitante no es un extraño, sino un huésped al que se le debe respeto y cuidado, incluso fuera del ámbito doméstico.
Por ello, no resulta extraño que un viajero sea invitado espontáneamente a tomar café o a compartir una comida por personas a las que acaba de conocer, ya sea en la calle, en un mercado o en la carretera. No se trata de una cuestión económica ni social, sino de una visión humana que entiende el acto de acoger como una responsabilidad moral.
Junto a esta hospitalidad, existe otro concepto menos conocido fuera del mundo árabe, pero muy presente en la vida cotidiana saudí: la “faz‘a”. Se trata de una forma de solidaridad inmediata, que implica acudir en ayuda del otro sin preguntar por su origen, su cultura o su religión. Si un coche se avería, varios conductores se detienen para ayudar. Si alguien parece desorientado en una ciudad desconocida, no es raro que un ciudadano lo acompañe personalmente hasta su destino. No es una cortesía superficial, sino una solidaridad práctica y directa.
Esta realidad pude observarla de primera mano durante un viaje realizado el pasado mes de diciembre, en el que acompañé a varios amigos europeos —procedentes de España— en una ruta por Arabia Saudí que se prolongó durante diez días. Habíamos previsto inicialmente un presupuesto cercano a los 2.000 euros, pero propuse reducirlo a la mitad con una afirmación que sorprendió al grupo: “Aquí la gente no te deja solo”. Lo que parecía una intuición optimista terminó convirtiéndose en una experiencia reveladora.
A lo largo del viaje, buena parte de nuestras comidas y momentos de convivencia surgieron de invitaciones espontáneas de personas que encontrábamos en el camino. Fuimos recibidos en hogares, compartimos cafés en majlis tradicionales y conocimos de cerca la vida cotidiana saudí. No era curiosidad hacia el extranjero, sino un deseo genuino de compartir y de acoger. Con el paso de los días, mis acompañantes comprendieron que aquello no era una excepción, sino una expresión habitual del tejido social.
Para el visitante europeo, esta experiencia supone una oportunidad para cuestionar estereotipos ampliamente difundidos sobre la región. Más allá de los titulares políticos o económicos, Arabia Saudí revela una sociedad en la que los vínculos humanos siguen ocupando un lugar central, y donde el progreso no se mide únicamente en infraestructuras o megaproyectos, sino también en cohesión social y confianza mutua.
Viajar hoy a Arabia Saudí no es solo una experiencia turística, sino una vivencia cultural y humana que devuelve al visitante la sensación de comunidad, de hospitalidad sin condiciones y de solidaridad sincera. Es, en definitiva, una invitación a descubrir un país que ha hecho del respeto al otro uno de los pilares silenciosos de su identidad social.
D. Hasan Alnajrani, Periodista y académico saudí