Resolución 2797: desinformación al servicio de una causa moribunda

Sede del Consejo de Seguridad de la ONU  - REUTERS/ JEENAH MOON
Pasan las semanas y los ecos de la reciente Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU en relación con el Sáhara no dejan de sucederse

En España, la noticia ha tenido un recorrido escaso en términos de caudal informativo en relación con su importancia, sobre todo siendo este un país vinculado históricamente con el territorio. Especialmente en medios generalistas, donde la actualidad en clave de política interna devora toda la atención. La resolución recibió cobertura inicial, pero rápidamente perdió protagonismo sin generar un debate significativo, dejando a la opinión pública española algo desorientada sobre las implicaciones reales de una resolución que, por otra parte, consolida el marco internacional para la solución del conflicto del Sáhara. Esto es algo que no sorprende, ya que pese a los antedichos vínculos históricos no es un tema que suscite demasiado interés informativo, más allá de aquellos que por motivos ideológicos o personales mantengan un vínculo emocional o profesional con la cuestión.

Dentro de estos últimos, están los que de manera profesional se entregan a esta cuestión con una inusitada frecuencia y aversión en contra de todo lo que pueda resultar favorable a Marruecos, y que desde la aparición de esta resolución han redoblado esfuerzos y han multiplicado ataques. Casi a jornada laboral completa, constituirían el singular grupo de los que emplean horas y páginas a divagar con todo tipo de teorías conspirativas y tendenciosas acerca de las consecuencias e implicaciones de esta resolución.

Se trata de fuentes tan variopintas como reveladoras de la desesperación que ahora embarga a quienes se aferraban a narrativas obsoletas. Y hasta cierto punto son nodos que se comunican entre sí: la mayoría tienen o han tenido cierta interacción reciente o pasada en común, mostrando una inaudita transversalidad, pese a las diferencias que pudieran tener en otros ámbitos, como a continuación veremos.

Estamos hablando desde periodistas asentados y con cierto recorrido en la materia —un recorrido siempre acrítico, de militancia polisaria, beligerante contra Marruecos y carente de objetividad alguna— pasando por opinadores varios como ex militares con delirios de grandeza, algún catedrático de Universidad tuitero exaltado fanboy de Alvise —vergüenza ajena, como poco—, hasta autodenominados expertos en geopolítica del Magreb, pero que casualmente solo hablan de Marruecos y el Sáhara. También algún militante de origen saharaui afincado en España desde antes de tener uso de razón, de los que exigen resistencia en Tinduf, pero que no han pisado el desierto ni en los Monegros. De todos los anteriores, buena parte son figuras más o menos vinculadas a la extrema derecha —no institucional— española que, si bien son irrelevantes en términos electorales, tienen una presencia de relativa importancia en redes sociales a través de diferentes discursos de odio y agitación. En este caso distribuyendo propaganda polisaria o anti marroquí para posterior viralización.

Soldados del Frente Polisario desfilan durante las celebraciones del 35.º aniversario del movimiento independentista - PHOTO/REUTERS

Estos campan a sus anchas desde fosas sépticas como Telegram hasta acabar en lo que antes se llamaba Twitter, pasando por Whatsapp y sus malditos e infinitos mensajes reenviados repletos de disparates, muy útiles para embaucar a los usuarios de mayor edad. Ganan dinero en sus grupos con banners publicitarios de Cryptobros, o engatusándote para que te suscribas a sus cuentas de Substack. Por no hablar de los famosos streams y canales de Youtube con personajes de singular pelaje, ávidos de hacer caja camelando a miles de incautos entregados a la conspiranoia ultra, con el estudiado fin de engrosar sus cuentas a través de sus monetizadas estadísticas de reproducciones. Entre otros reclamos, utilizan vistas previas o thumbnails apocalípticos repletos de llamas como si el fin del mundo se acercase.

El miedo vende, y ellos lo saben explotar y capitalizar bien, además de utilizarlo convenientemente como arma arrojadiza en clave nacional, empleando una supuesta trama marroquí. En realidad, ese fue siempre su objetivo, no el bienestar los saharauis. Es evidente que tienen su público, ideológicamente afín, ansiosos del próximo post e incluso de rascarse el bolsillo consumiendo una bazofia que, por cierto, apesta a redactada por IA. Y como no, ellos lo aprovechan, es el mundo de hoy. Es el vertedero humano en el que se han convertido las redes sociales.

Lo más hilarante son sus quejas más recientes, donde denuncian un supuesto control marroquí en España del relato en redes, en detrimento del Polisario, a base de “reclutar españoles”. Si, lo han leído bien: en España. El país donde históricamente más apoyos políticos y mediáticos —que pregunten en el Cabildo de Gran Canaria o en las instituciones vascas, por ejemplo— ha recibido el Polisario casi desde sus orígenes. Aun así, en el colmo de la desfachatez, persisten sus quejas de no recibir ayuda suficiente en nuestro país. Además, se quejan de que esto suceda en las redes, allí donde los amigos del Polisario en España dominan el terreno y se mueven como pez en el agua. ¿Se creerán sus propias mentiras? Ver para creer, imposible no tomárselo a guasa.

Si lucrarse es su objetivo, la estrategia de estos "arribistas" para conseguirlo en un asunto como este, que realmente nunca les interesó —donde estaban hace 10-15 años, por ejemplo, cuando este tema tenía poco o ningún alcance en la opinión pública— es idéntica: manipular el lenguaje, tergiversar hechos y difundir ambigüedad donde existe una claridad jurídica cada día más contundente, a raíz de esta última resolución 2797.
Dentro de este ‘Circo de los horrores’ de amigos del Polisario antes descrito, alguno de estos personajes son viejos conocidos por su papel de voceros del movimiento antivacunas y negacionista durante la pandemia, o como altavoces de Putin durante la invasión de Ucrania desde sus miles de seguidores en Telegram o Youtube.

En algún caso los hay hasta fieles admiradores del régimen de los Ayatolás. En otros casos falangistas confesos y antisionistas (más por antisemitas que porque les importen un mínimo los palestinos). Y en varios, un compendio de todo lo anterior. Cuando uno de esos ítems deja de ser rentable y da menos beneficios, saltan al siguiente que esté de moda, como es el caso del Sáhara durante estos últimos años. Incluso gozan de espacio en medios afines al Polisario. Suponemos que nada de lo anterior lo harán por amor al arte. No daré nombres, solo faltaría, difusión gratis a mi costa. Pero si bucean por las redes, no les será difícil dar con ellos.
Lo paradójico es que el Frente Polisario, históricamente apoyado desde sus albores por la extrema izquierda e independentismos, haya encontrado nuevos amigos procedentes de su rango opuesto. Desde esta premisa, no sorprende ver incluso al máximo representante del Polisario en España, Abdullah Arabi, acudir a cadenas de televisión afines a ese rango (El Toro TV). Así sucedió el pasado verano tras los sucesos de Torre Pacheco, queriendo pescar en rio revuelto al acusar a Marruecos de “utilizar la inmigración con fines políticos o de financiar el terrorismo con su droga”, justificando veladamente los violentos ataques estivales contra la población marroquí trabajadora asentada en dicha localidad desde hace décadas.

Estos son los nuevos compañeros de viaje del Polisario desde hace algún tiempo, y no está de más recordarlo. Si algo les une es el odio hacia Marruecos, y su objetivo es agitar el miedo al “moro malo” en referencia a nuestro vecino del sur en todas sus vertientes (migratoria, cultural o incluso de amenaza bélica) de manera febril y desenfrenada. Pudiera sorprender en primera instancia que apenas haya referencia alguna en sus divagaciones a las recientes oleadas migratorias que llegan por el mediterráneo desde Argelia, pero dado que su único target es Marruecos y no lo ocultan, el doble rasero —presumiblemente remunerado— sorprende ya menos. El giro polisario hacia esta reata de impresentables revela la fragilidad de una causa política en irreversible declive y una catadura moral bajo mínimos.

Pero no son los únicos alineados con esta estrategia discursiva de azuzar la llama del odio. Durante estas últimas semanas también nos hemos encontrado con afirmaciones insólitas de profesionales pretendidamente moderados que se presentan como expertos en la materia, pero que en redes dan rienda suelta a sus más bajos instintos alineándose con la teoría de la invasión silenciosa al afirmar que “el próximo paso irredento de Marruecos después del Sáhara será Canarias, Ceuta, Melilla, espacios aéreos y aguas territoriales a España”. La rabia desatada en ellos tras la resolución 2797 deja en evidencia su falsa moderación y muestra el verdadero rostro de estas personas, que se entregan al “hooligansimo” tuitero cada vez que tienen la ocasión. 

Usando la estrategia de la maquinación y la sospecha hacia nuestro vecino, su verdadero propósito es sembrar el pánico a través de sus tribunas y redes para deslegitimar una resolución internacional respaldada internacionalmente de forma masiva, y con bastante antelación a la misma, a través de sucesivos reconocimientos a la propuesta de autonomía. Estos al menos tienen la decencia de reconocer como éxito diplomático marroquí la resolución 2797 del CSNU. Llevan años en esto, saben lo que hay en juego y actúan en consecuencia. Por eso ahora van con todo.

Un combatiente del Polisario se sienta en una roca en una base avanzada en las afueras de Tifariti, Sahara Occidental - REUTERS/ ZOHRA BENSEMRA

También han intentado colarnos como anómalo y sospechoso el hecho de que la resolución tardara algunos días en publicarse oficialmente como si de una mano negra se tratase, un argumento estúpido que carece de sentido. El borrador que finalmente se votó incluso había circulado previamente por redes, cualquiera con un mínimo interés pudo conseguirlo. Obviamente la publicación oficial de la ONU disponible bajo descarga en .pdf en varios idiomas no iba a estar disponible a pocas horas de ser aprobada. O la teoría desquiciada de que hubo un traductor marroquí de la ONU que trató de manipular el texto final de la resolución. A estas chorradas dedican su tiempo los amigos mediáticos del Polisario en España. Una tras otra, es un no parar.

Estas personas también recurren a una estrategia argumentativa de lenguaje ambiguo, afirmando que la resolución no constituye un reconocimiento de soberanía marroquí sino solo una "victoria narrativa, no normativa". Esta distinción es engañosa y revela una confusión deliberada entre niveles jurídicos completamente distintos. Es decir, la recua de iluminados a los que vengo a referirme a lo largo del presente artículo circularon falsamente la idea de que Marruecos celebraba un reconocimiento de la ONU a su soberanía, nada más lejos. El Consejo de Seguridad no es un órgano competente para reconocer soberanía territorial de iure, aunque sí posee competencia para establecer el marco normativo y político vinculante que debe guiar la resolución de conflictos que constituyan una amenaza a la paz internacional. Esto es lo que en realidad ocurrió y así se celebró.

Cuando el Consejo establece que la autonomía marroquí es “la base” de las negociaciones, no está simplemente mencionando una opción entre varias, sino mandatando de forma vinculante cuál es la estructura jurídica dentro de la cual pueden producirse negociaciones legítimas internacionalmente. Pretender que esto no constituye un cambio normativo de trascendencia es distorsionar deliberadamente cómo funcionan las resoluciones del Consejo de Seguridad. Además, repiten con insistencia que “el statu quo no cambia”, ignorando que la resolución de 2025 introduce por primera vez de manera explícita que las negociaciones deben tomar como base la propuesta marroquí—algo que en resoluciones previas aparecía en términos mucho menos categóricos—. Lo cierto es que Marruecos sigue avanzando paso a paso, y se omite que en este "avance paso a paso" el resultado hasta ahora más relevante es precisamente el resultado de la resolución de 2025, que consolida como base mandatoria lo que previamente era una propuesta mencionada formalmente.

Asimismo, durante estos días muchos de estos opinadores y pseudo medios adoptaron una estrategia de manipulación terminológica basada en un sofisma que merece refutación específica: “La MINURSO sigue siendo la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental. No para la autonomía”. Este argumento es un engaño semántico de primer orden que confunde deliberadamente mandato nominal con mandato operativo. Es correcto que MINURSO significa “Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental” —el nombre no ha cambiado— pero el mandato operativo sí se ha ido transformando progresivamente.

Por ejemplo, la ONU tuvo una “Misión de Estabilización en Mali” (MINUSMA), lo cual no significa que estuviera limitada a “estabilizar” en sentido literal. Los mandatos se pueden modificar sin cambiar acrónimos, y lo cierto es que la MINURSO no parece que hoy en día se dedique ni un ápice a la organización de ningún referéndum. Y el hecho de que se deba revisar en seis meses, tal y como quedó incluido de forma inédita en la Resolución 2797, puede ser un síntoma de nuevos cambios, aunque formalmente el nombre persista. El nombre de la misión es una reliquia nominal de 1991, no una indicación de que ese mecanismo siga siendo viable internacionalmente.  Y no porque la misión se llama “para el Referéndum”, esta opción tiene que permanecer abierta o, como mínimo, ser realista. La sustitución progresiva de “referéndum” por “solución política realista mutuamente aceptable” desde 2007 ha significado precisamente que el Consejo ha ido descartando la viabilidad del referéndum. Todo lo demás es ignorar cómo funcionan las resoluciones del Consejo de Seguridad y vender humo.

Una señal que indica un campo minado en una zona militar se muestra mientras un helicóptero Mil Mi-8 de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) sobrevuela el lado marroquí del paso fronterizo entre Marruecos y Mauritania en Guerguerat, en el Sáhara Occidental, el 25 de noviembre de 2020 - PHOTO/ ARCHIVO 

Por otro lado, cuando algunos de estos gurús de la información argumentan de forma delirante que la resolución no “aprueba” la autonomía, sino que solo la “menciona”, se comete otro sofisma. Claro que la resolución del Consejo no promulga la autonomía como una suerte de “ley internacional de aplicación inmediata”, no tienen potestad para ello. Pero operativamente, una resolución del Consejo de Seguridad que ordena a las partes negociar bajo una base específica está aprobando de facto ese marco como único viable. Y cuando enfatizan que Rusia, China y Pakistán se abstuvieron, presentándolo como “rechazo”, hablamos de desinformación pura y dura. Rusia se abstuvo porque negoció enmiendas sobre Argelia, China por su posición habitual de cautela diplomática y Pakistán por razones domésticas. Ninguno vetó la resolución, lo que demuestra que incluso quienes se oponen reconocen la legitimidad de lo decidido.

La realidad que estos críticos intenta ocultar es contundente: la resolución del 31 de octubre de 2025 representa un cambio jurídico y político radical sin precedentes. Hay una redefinición vinculante del marco internacional de resolución del conflicto. Por primera vez en treinta y cuatro años de MINURSO, el Consejo de Seguridad ordena explícitamente a las partes negociar tomando como base la propuesta de autonomía marroquí. Dieciocho años de diplomacia marroquí coherente, paciente y sistemática han transformado una propuesta política en un mandato casi vinculante de la comunidad internacional. Esto es una victoria diplomática de magnitud histórica. Igualmente, la solicitud de “revisión estratégica del mandato en seis meses” es inédita y comunica urgencia temporal: si no hay avances en negociaciones sobre autonomía marroquí, el Consejo podría replantearse la viabilidad misma de continuar la MINURSO. El Consejo de Seguridad también reitera enérgicamente, por vigésimo año consecutivo, la solicitud de censo de refugiados en Tinduf. Un rechazo crónico del Polisario que constituye admisión implícita de malversación de ayuda humanitaria.

Campo de refugiados saharauis de Smara, en Tinduf - REUTERS/BORJA SUÁREZ

En definitiva, la postura intransigente de personajes sectarios y dogmáticos del mundo de la comunicación y las redes en todas sus vertientes ideológicas, que por interés personal o pecuniario permanecen sine die, o han irrumpido recientemente en este debate, encaja plenamente en este ecosistema de desinformación camaleónica que ha convertido el Sáhara en simple munición propagandística al servicio de su propia causa, no de los saharauis. Ya lo hemos dicho, algunos son los de siempre: peinan canas y salen mucho en prime time televisivo mostrando un fingido talante serio y profesional —de mediocre pose actoral— para después mutar en redes hacía otro bien distinto, perverso y sin escrúpulos, a costa de pisar los cuellos que hagan falta de aquellos que rebatan su ‘confidencial’ relato. Ni que decir tiene, con las mentiras que sea menester.

No tan lejos tenemos a los otros: radicalizados, arrogantes, manipuladores. Pero, sobre todo, ignorantes arribistas al dictado y sueldo de quienes creen ver en ellos un altavoz autorizado. Seguirán hasta que se cansen o surja un tema nuevo en política internacional que aumente sus expectativas de lucro. En cambio, nosotros seguiremos aquí, como hace casi 20 años, apoyando una solución realista y no una imposible. También seguirá ahí la población saharaui, que sufre y malvive en los campamentos esperando soluciones de verdad desde hace medio siglo, porque las soluciones imposibles solo benefician a unos pocos, aquellos que les gobiernan. Y, de paso, también a los que les apoyan en España, sean permanentes o transitorios.