Power Export: el nuevo escaparate marroquí
Un nombre que parece sacado de un manual de marketing, pero que esconde algo más que un eslogan. El país quiere mostrarse como un proveedor de energía y de industria con la suficiente madurez para sentarse en la misma mesa que sus socios europeos.
El programa ofrece lo que muchos empresarios buscan y pocos encuentran: una ventanilla única. Promete simplificar los trámites, acompañar a las compañías en su aventura exterior y poner dinero sobre la mesa. En la práctica, significa que una empresa con dos años de vida y cierta facturación puede acceder a un diagnóstico de exportación y un plan de acción subvencionado casi en su totalidad. Para las más consolidadas, la ayuda alcanza cifras que superan los dos millones de dirhams. No es poca cosa en un país donde la financiación ha sido siempre el primer muro contra el que se estrellan los proyectos industriales.
Pero todo programa político tiene sus matices. Aquí también aparecen. La burocracia, siempre presente en estas latitudes, acecha tras las buenas intenciones. No todas las empresas entran en el juego: los más pequeños, los que aún no cumplen con los requisitos mínimos, quedan fuera. Y, por encima de todo, se mantiene un riesgo estructural: Marruecos continúa mirando casi en exclusiva hacia Europa. El setenta por ciento de sus exportaciones cruzan el Estrecho. Una dependencia cómoda pero peligrosa, porque diversificar mercados no es cuestión de decretos, sino de estrategia y tiempo.
La apuesta, sin embargo, tiene un componente que merece atención. Marruecos quiere ser exportador de energía limpia: electricidad, hidrógeno verde, soluciones industriales asociadas a la transición energética. Y en ese terreno el país juega con ventaja. Sol y viento le sobran. Las interconexiones eléctricas con España refuerzan esa ambición y dan solidez a la idea de convertirse en proveedor energético más allá de sus fronteras. Para quienes fabrican componentes, como semielaborados para aerogeneradores, este escenario abre un horizonte evidente: un mercado local en crecimiento y, a la vez, un trampolín hacia Europa.
El verdadero desafío no está en el papel del programa, sino en la piel de las empresas. Les tocará demostrar que no son simples beneficiarias de subvenciones, sino actores capaces de competir de igual a igual en normativas, en calidad y en plazos. Si lo logran, Power Export no será solo una campaña más, sino el inicio de un camino en el que Marruecos deje de ser únicamente un destino de deslocalización y empiece a contar como origen de valor añadido.
Al final, la iniciativa se resume en lo de siempre: un país que intenta hacerse un sitio, con sus virtudes y sus sombras, en un tablero donde ya no hay espacio para los ingenuos. Marruecos ofrece la llave. La pregunta es si las empresas sabrán abrir la puerta y, lo más difícil, mantenerla abierta cuando el viento cambie de dirección.
Juan Antonio Vidal. Plant Manager InCom Composites Morocco SARL