77 años: los derechos humanos vistos desde Nador

Festival de Nador
Al cumplirse 77 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, quisiera, esta vez, dedicar mi columna a mirar los derechos humanos desde África, específicamente desde Nador

La hermosa ciudad costera del norte del Reino de Marruecos, bañada por las azuladas aguas del mar Mediterráneo, y hasta donde llegué, recientemente, para participar en el Coloquio Internacional “La necesidad de la paz: hacia una justicia transicional universal”, pues en nuestra América a veces creemos que los derechos humanos, que valoramos y defendemos, solo existen en Occidente, y ese es un error de percepción lamentablemente arraigado a nuestra formación histórica, que está determinada por la importante cultura que nos llegó desde Europa, sin percatarnos que mucho de lo que trajeron los españoles en realidad tuvo su origen remoto en las poblaciones bereberes y, con el decurso del tiempo, en los árabes que irradiaron por todo el norte africano, tras la aparición de Mahoma, el profeta mayor del islam. 

Las discusiones académicas sobre los derechos humanos y la justicia transicional desarrolladas en la región del Rif tuvieron como marco la XIV Edición del colorido pero también sobrio “Festival Internacional de Cine y Memoria Común de Nador”, con intervenciones de europeos, asiáticos, americanos y, desde luego, africanos, con énfasis en la referida justicia transicional, temática del mayor interés en el discurso constante del rey Mohamed VI, que ya había dicho anteriormente: “Gracias a la decisión de poner en marcha la justicia transicional, el espacio público se ha abierto al debate social sobre las distintas reformas y cuestiones fundamentales que interesan a la opinión pública nacional”.

Mohamed VI

Revelando Su Majestad la importancia de la Comisión Equidad y Reconciliación (IER), organismo al que se ha referido como “un pilar esencial de la construcción democrática y de la transición que ha contribuido, en particular, a la consolidación del Estado de derecho y de las instituciones y a la protección de las libertades en Marruecos”, evidenciando su ejemplar y auténtico perfil de estadista. 

En sentido contrario, y como lo dije en mi ponencia en Nador, intitulada “Someter la paz al marco jurídico y despojarla de la dimensión ideologizada como garantía de una justicia transicional eficaz: la experiencia latinoamericana”, la verdad es que por nuestros lares, y puntualmente en Perú, hace más de dos décadas, no estamos mirando a los derechos humanos sin ideologías ni como política de Estado, y eso constituye un atraso imperdonable. 

El evento académico de Nador, además, fue un espacio y un ejemplo para tributar, desde la magia del cine, un homenaje a los derechos humanos, la democracia y la paz en Marruecos, principalmente. De hecho, he percibido el enorme interés del reino alauí por enfatizar la ecuación: derechos humanos es igual a democracia, una consistencia que se verifica en uno de los países árabes que expone una de las manifestaciones más tolerantes del islam y en donde he percibido un pleno ejercicio de los derechos humanos, constatándolo al participar en un acto festivo familiar, con ausencia de prejuicios o ataduras, creídas, erradamente desde Occidente, y con mucha alegría, respeto y ponderación, como debe ser en cualquier rincón del mundo.

Miguel Ángel Rodríguez Mackay, excanciller de Perú e internacionalista

Artículo publicado en el Diario expreso de Perú