Recuerdos de una experiencia de la Marcha Verde
Recuerdos que siguen presentes en mi memoria histórica cuando yo era todavía joven rebelde estudiante de Bachillerato en el Instituto de Enseñanza Media General Alonso de Villa Cisneros con apenas dieciséis años recién cumplidos. Mi participación destacada como responsable estudiantil en una manifestación organizada contra la presencia colonial española durante la visita de la Misión Visitadora de Naciones Unidas en mayo de 1975 integrada por Costa de Marfil, Irán y Cuba frente a la iglesia católica “Nuestra Señora del Carmen” en la Plaza de España.
Eran tiempos difíciles de grandes convulsiones políticas, incertidumbre, infantilismo político y fervor revolucionario contra el colonialismo y el imperialismo.
Desde la ciudad de Marrakech, el rey Hassan II, conocido por su habilidad política de convertir las crisis en victoria, pronuncia un discurso histórico en octubre de 1975 emitido directamente en vivo y directo por la radio y televisión marroquí dirigido al pueblo marroquí y al mundo entero anunciando la organización de la Marcha Verde poco después de conocerse el veredicto del Tribunal Internacional de Justicia de la Haya. Y como líder de gran sabiduría, teólogo experto en ciencias islámicas y las leyes coránicas, además de poseer un gran conocimiento y dominio del derecho internacional y sus principales mecanismos que le regulan y rigen hace una interpretación magistral y positiva del resultado final del dictamen a favor de la tesis marroquí, y a la vez explica con claridad el acto jurídico de lealtad de las tribus saharauis a los sultanes del Reino de Marruecos desde tiempos remotos históricamente como un instrumento legal confirmativo de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental para proseguir reivindicando legalmente la integridad territorial de Marruecos como una decisión firme e irreversible.
El 6 de noviembre de 1975 comienza la partida oficial de la Marcha Verde desde Marrakech hacia Agadir para luego continuar el itinerario planificado en dirección hacia la frontera. Decenas de miles de voluntarios marroquíes con el Corán sagrado en las manos y coreando la consigna: “Dios, Patria, Rey” se dirigen a la frontera para recuperar el Sáhara de forma civil y pacífica.
Era la noticia más sobresaliente de la época. Una auténtica bomba informativa muy comentada en la prensa mundial sobre todo en los principales periódicos españoles con diferentes titulares e imágenes de los participantes con la bandera nacional y el retrato del Rey en las portadas de todos los periódicos de aquellos tiempos de aquel entonces.
España envía una carta de protesta al secretario general de Naciones Unidas, el austriaco Kurt Valdheim, a través de su embajador permanente en la sede de Naciones Unidas, Jaime Piniés, que, en declaraciones posteriores años más tarde, dijo que no tenía conocimiento de que estaban desarrollándose negociaciones secretas entre Madrid y Rabat durante el ejercicio de su cargo como jefe de la misión diplomática de España en Nueva York.
El príncipe Juan Carlos, tras su visita relámpago a la ciudad de El Aaiún el 2 de noviembre para tranquilizar las tropas españolas en alerta máxima y listas para rechazar cualquier violación a la frontera, asume la Jefatura del Estado español como rey del Reino de España semanas antes de la muerte del general Franco el 20 de Noviembre, y envía a sus representantes a negociar secretamente con Rabat con el beneplácito y la mediación de Estados Unidos para fijar las modalidades de la retirada de España del Sáhara.
Las circunstancias históricas predominantes políticamente de aquel entonces en España no permitían declarar una guerra a Marruecos. La grave enfermedad de Franco emitida diariamente al pueblo español en un parte médico oficial abre un paréntesis de espera para la entrada de España en un período de transición política después de un mandato del franquismo durante cuarenta años desde del fin de la Guerra Civil española.
El 14 de noviembre de 1975 se firma el Acuerdo Tripartito entre España, Marruecos y Mauritania en Madrid cuya cláusula principal dice: “España, como potencia rectora del territorio del Sáhara, transfiere la administración a Marruecos y Mauritania de forma temporal hasta que la población autóctona del territorio decida su destino en una consulta popular".
Poco después, España declara oficialmente su retirada definitiva del Sáhara anunciando el inicio de la Operación Golondrina para evacuar a su personal civil y militar. Y el día 26 de febrero de febrero de 1976 pone fin a su presencia colonial interrumpiéndose así el proceso de descolonización del territorio del Sáhara que había comenzado tardíamente después de cien años de colonización.
Ese día en un acto oficial de retirada y traspaso de poderes se arría la bandera española y se iza la bandera nacional marroquí en la ciudad de El Aaiún.
En mi poder personal conservo un pasaporte infantil con cargo de viaje como último documento español del Gobierno del Sáhara hecho en Dajla, la antigua Villa Cisneros, durante la época colonial española un día antes de la retirada el 25 de Febrero de 1976, y firmado por el delegado gubernativo de la Comarca Sur para trasladarme a la ciudad de El Aaiún para proseguir aquí mis estudios en el Instituto de El Aaiún bajo la responsabilidad y gestión de la Misión Cultural de España presidida por mi excelente profesor canario de Lengua y Literatura durante mi segunda etapa de Enseñanza General Básica (EGB) en Dajla.
Entre los factores más decisivos e influyentes sobre la historia de la retirada de España prematura puede considerarse en primer grado el impacto de la sorpresa de la Marcha Verde como el más determinante, seguido por el estado de salud grave del general Franco, el rechazo categórico de Frente Polisario a la oferta española en una carta escrita con un lenguaje demagógico para integrarse en la vida política pacífica y sumarse junto al Partido para la Unión Nacional Saharaui (PUNS) presidido por Jalihena Uld Rachid actual presidente del Consejo Real Consultivo para los Asuntos Saharianos (CORCAS) para negociar y pactar una autonomía para el Sáhara limitada en el tiempo, la preocupación política para garantizar el desarrollo del período de transición política en condiciones estables y seguras, sin olvidar en nuestras consideraciones el factor externo que representó la presión constante de Estados Unidos y Francia juntos al Gobierno español para retirarse y entregar el territorio del Sáhara a Marruecos en su estrategia de la alianza occidental contra el bloque socialista guiado por la URSS descompuesta y desaparecida a principios de la década de los años noventa por el efecto de la nueva mentalidad de la perestroika de Mijael Gorbachov.
A partir de aquí, se inicia el episodio más triste de la historia de la población saharaui: el conflictivo armado, el éxodo, la muerte de seres queridos, la dispersión familiar, el brote de enfermedades endémicas en la población infantil, y el refugio en el desierto más inhóspito de la Hamada de Tinduf en el suroeste de Argelia en condiciones inhumanas pésimas e inaceptables.
Con el tiempo durante el transcurso de esta guerra cruel empezamos a descubrir las verdades ocultas del mal llamado “proyecto de liberación nacional e independencia” dirigido por un grupo de jóvenes marroquíes tribalmente originarios del Sáhara Occidental oriundos de la ciudad de Tan Tan, al sur de Marruecos, que habían sido marginados y perseguidos por la autoridad local por su militancia y actividades subversivas en los partidos de la izquierda marroquí y muy en concreto en el Partido Comunista del tangerino Ali Yata como estudiantes en la Universidad de Rabat a principio de los años setenta. El falso proyecto de liberación nacional no era nuestro, ni para nosotros, sino al servicio de intereses geopolíticos de terceros países cuyas capitales Argel y Trípoli acogían periódicamente dirigentes del Frente Polisario para recibir instrucciones y planes de acción a seguir con el objetivo final de desgastar a Marruecos política, económica y militarmente en el marco de la confrontación y rivalidad histórica para neutralizar su liderazgo a nivel regional, árabe y africano. Así como un ajuste de cuentas pendiente desde la guerra de las Arenas 1963 entre Marruecos y Argelia por la disputa territorial de región de Tinduf rica en mineral de hierro y con una reserva importante de gas y petróleo cuya máxima rentabilidad de explotación sólo es viable con una salida hacia Atlántico del Sáhara Occidental.
A lo largo de este proceso interminable de silencio y olvido, que suma cincuenta años de sufrimiento, vivimos en los campamentos de refugiados de Tinduf bajo una presión constante destructora por la ausencia notable de señas de autenticidad propias, despotismo en el ejercicio del cargo, falsas elecciones para elegir los representantes legítimos, méritos y privilegios injustificables, falta de autonomía e independencia en las decisiones de fondo sobre nuestro destino, favoritismo, desvío de bienes y fondos de la ayuda humanitaria y solidaria, violaciones de derechos humanos, etc.
Los saharauis son hoy más conscientes que ayer gracias a las experiencias vividas en condiciones sociopolíticas y económicas muy adversas. Ya empiezan a surgir voces autóctonas con representatividad legitima dentro de Marruecos reclamando una participación más activa en la gestión, tratamiento y solución del conflicto del Sáhara Occidental a nivel nacional y mundial. Y Marruecos está decidido más que nunca a otorgar una autonomía con amplios poderes tras la adopción por mayoría de la Resolución 2797 aprobada el 31 de octubre por el Consejo de Seguridad que reconoce explícitamente la propuesta de autonomía marroquí presentada en el año 2007 como la más viable como partida para celebrar negociaciones directas sin condiciones para resolver el conflicto.
En la actualidad se está trabajando en la elaboración del marco jurídico de la propuesta de Estado de autonomía marroquí con la asistencia jurídica de países amigos que garantice los intereses y derechos de la población local en correspondencia con los principios básicos de la Carta de Naciones Unidas, y la interpretación del concepto y significado del derecho de autodeterminación en su dimensión y alcance más amplio en todos los ámbitos por el derecho internacional basándose en modelos y experiencias de Estados autonómicos avanzados y experiencias viables como el caso del País Vasco y Cataluña en España; Escocia en Gran Bretaña y de Nueva Caledonia bajo la administración de Francia como territorio no autónomo pendiente de descolonización en vías de realización y aplicación para febrero de 2026.
Hoy somos testigos presenciales, después de cincuenta años de la Marcha Verde, de las grandes transformaciones socioeconómicas y la realización de grandes proyectos claves que conocen las provincias saharianas bajo el reinado de Mohamed VI.
La batalla diplomática está en su recta final a favor de Marruecos y sus aliados estratégicos, que reconocen su soberanía sobre el Sáhara. Y también por el bien general de la población autóctona del territorio víctima principal de este conflicto y sus consecuencias negativas para asumir su responsabilidad en la gestión de la autonomía y ser dueña de su destino.
Sidi Machnane, licenciado en Relaciones Internacionales, exmiembro de la Comisión Saharaui para el Referéndum, exmiembro de Comité de Relaciones Exteriores del Frente Polisario, y ex presidente de Foundation Maroc Vert.