Alex Erquicia

Pie de foto: El enviado especial de la ONU para Yemen, Martin Griffiths, durante el Consejo de Seguridad de la ONU, el 15 de mayo de 2019, en Nueva York. AFP/MANUEL ELIAS/UNITED NATIONS

Yemen vive la peor crisis humanitaria del mundo tras más de cuatro años de conflicto brutal entre una coalición que encabeza Arabia Saudí en apoyo al Gobierno yemení de Abdo Rabu Mansur Hadi, reconocido por la comunidad internacional, y los hutíes, que cuentan con el apoyo de Irán, por el control del país. A pesar de los avances en las negociaciones entre ambos bandos, la desafección hacia el enviado especial de la ONU en Yemen ha llegado en las últimas semanas a niveles inesperados, hasta tal punto que Hadi ha mandado una carta al jefe del organismo internacional pidiéndole su dimisión.

Durante los últimos meses se han vivido momentos de progreso en las negociaciones de ambos bandos por encontrar una salida a la guerra. La reciente retirada unilateral de los rebeldes hutíes de tres puertos de Yemen, entregado el control a guardacostas y supervisada por la ONU, ha devuelto a la comunidad internacional la esperanza en un final negociado a la guerra en ese país. A pesar de estos pequeños avances los episodios de violencia no han cesado en distintos puntos del país por parte de los actores implicados.

Uno de dichos puertos fue el estratégico de Al Hudeida, la principal puerta de entrada de suministros del país y foco de los enfrentamientos entre el Gobierno y los rebeldes. Era la pieza central del acuerdo y su salida se veía como un primer paso hacia la implementación del Acuerdo de Estocolmo, firmado el pasado diciembre en Suecia, entre los dos bandos. El presidente de Yemen, basado en Riad, lo crítica porque dice que los rebeldes supuestamente solo habían entregado el control del puerto a líderes de la milicia leales a ellos. Las partes en conflicto están negociando ahora la gestión de los puertos (el Gobierno yemení quiere transferir los beneficios a la sucursal del Banco Central de Yemen en Adén, mientras que los hutíes insisten en transferirlos a la sede del Banco Central en Saná, según EFE).

Según los críticos con el avance de las señales de avenencia, las certezas sobre la retirada de los rebeldes son escasas dado que se cree que están aprovechando para tomar posiciones en distintos puntos del país. Esto ha llevado a que en los últimos días haya cogido fuerza una teoría que dice que la ONU esté siendo demasiado permisiva, incluso quebrantando su mandato, con los rebeldes, por lo que la desconfianza hacia el enviado de la ONU ha ido creciendo.

Así se ha dado una campaña en medios sociales por parte de activistas yemeníes, medios de comunicación y políticos que piden el reemplazo instantáneo del enviado especial de la ONU, Martin Griffiths.  Prevalece una percepción entre los yemeníes progubernamentales y es que el enviado de la ONU perdió su capacidad de ser un árbitro neutral porque ha estado respondiendo a las demandas irracionales de los hutíes.

Esa opinión, que ha ido cogiendo fuerza en las últimas semanas, ha subido de nivel a los altos rangos del país cuando el presidente yemení decidió tomar cartas en el asunto y mostrar su disconformidad con el enviado de la ONU.  Esta semana, Abdo Rabu Mansur Hadi, reconocido por la comunidad internacional, envió una carta al secretario general de la ONU criticando a su enviado a Yemen por supuestamente estar del lado de los militantes de hutíes alineados con Irán.

En la carta Hadi considera la información presentada por Griffiths ante el Consejo de Seguridad de la ONU el 15 de mayo como un ejemplo de la flagrante violación del mandato otorgado al enviado de la ONU. "Griffiths insiste en tratar con las milicias hutíes como un gobierno consumado, y como un equivalente al gobierno legítimo", dijo el presidente yemení en su carta. Durante su intervención ante el Consejo, Griffiths confirmó que los hutíes cumplían plenamente durante la retirada y que eran muy cooperativos.

Las críticas hacia el enviado especial de la ONU no son nuevas y muestran las complejidades de la situación en el terreno. "Ya sea intencionalmente o no, el acuerdo negociado por la ONU para Yemen se está reconfigurando activamente a favor de los hutíes", escribió en marzo Fatima Alasrar, analista sénior para el think tank Arabia Foundation.  Asegura que Griffiths se encuentra bajo una presión inmensa para lograr resultados concretos para la paz y que no tiene más remedio que aceptar las demandas de los hutíes por temor a que el acuerdo se desmorone.

La implementación de los acuerdos firmados el pasado diciembre en Suecia es vista por la ONU como un movimiento absolutamente necesario para poder retomar las negociaciones de paz. La firma del acuerdo de Estocolomo es la mejor oportunidad que ha tenido la ONU para que los hutíes, el gobierno de Hadi y la coalición internacional se sentaran en la mesa y evitar una batalla por Hodeida; "hemos argumentado que como herramienta por muy imperfecta que pueda ser, Estocolmo es lo que tiene la ONU y no será capaz de lograr algo mejor (los cambios de posición en Washington hacen que esto sea particularmente improbable). También reconocimos que sería una tarea larga y difícil de implementar", escribía recientemente el analista de International Crisis Group, Peter Salisbry.

Los avances no son suficientes para pasar página ni hacer olvidar las enormes dificultades que aún quedan en el terreno. UNICEF alerta de que ocho niños son asesinados, heridos o reclutados cada día en la guerra de Yemen. La sombra de la hambruna planea sobre el país. "Diez millones de yemeníes siguen dependiendo de asistencia alimentaria de emergencia para sobrevivir", dijo el jefe humanitario de Naciones Unidas, Mark Lowcock. Otro de los problemas que preocupan a la ONU es el rebrote del cólera, que en lo que va de año ha afectado a unas 300.000 personas, acercándose ya al número de casos registrado en todo 2018.

Con las tensiones en crecimiento larga implementación del acuerdo hace que el mismo se haya acercado peligrosamente al colapso en las últimas semanas. Algo debía suceder en el terreno para preservar el acuerdo "pero aún es demasiado pronto para llamar muerto a Estocolmo, especialmente ahora hemos visto un progreso incremental", asegura Salisbry. La alternativa, nuevamente, es el derramamiento de sangre, un mayor sufrimiento humanitario y no permitir encauzar un proceso político que avance en la consecución de un acuerdo duradero. La reanudación de la guerra total amenaza.