Crónica mundana de la perrita Hoshi

Arturo Pérez Martínez
El embajador Arturo Pérez Martínez introduce a su mascota como narradora de los múltiples eventos y conversaciones de alto nivel a los que ha asistido desde su privilegiada atalaya

Desde su ingreso en la carrera diplomática en 1977 Arturo Pérez Martínez ha desempeñado numerosos y relevantes cargos en representación de España en diversas capitales, desde Tokio a Washington pasando por Sídney, Viena o Dacca, con los habituales paréntesis en Madrid para recargar pilas y preparar el siguiente destino. 

En algún caso, repitió, como en Japón, en donde encontró a la que es su esposa y madre de sus hijos, Kayoko Takagi, ahora profesora titular emérita de Lengua y Literatura japonesas de la Universidad Autónoma de Madrid. 

Acaba de publicar su último libro, “El alegre perrear de la perrita Hoshi” (Ed. Vía Directa, 240 págs.). Este menudo can de raza Jack Russell es el narrador de esta crónica tan mundana como anuncia el subtítulo, pero con la enjundia propia de quién ha visto, oído e incluso callado mucho. Su originalidad radica en que aporta una perspectiva única y entretenida, una visión fresca y alegre del atribulado mundo que nos ha tocado vivir. El relato de Hoshi, esta perrita narradora, ofrece calidez, humor y un enfoque nuevo sobre los asuntos que más nos afectan, por dramáticos que sean, que muchas veces, o casi siempre, lo son. 

Arturo Pérez Martínez

El libro empieza por los propios pensamientos y sentimientos de Hoshi, para examinar después aventuras y experiencias diarias, sus relaciones con otros canes y con los humanos. Ahí está el núcleo, ahí su alegre perrear. 

Los que conocen al embajador Pérez Martínez coinciden en resaltar su carácter alegre y festivo, capaz de quitar hierro a los asuntos más espinosos de una negociación librada presuntamente a cara de perro. Y, ahora que ya está jubilado, vuelca tal acumulación de experiencias en los miles de anécdotas que desgrana, junto a sus compañeros y amigos, en las numerosas veladas, siempre en torno a una buena mesa y a las correspondientes copas, lo que hace que a veces se vaya de las manos la conversación. De todo ello toma nota Hoshi, siempre presente en tales debates dialécticos, muy atento a los relatos, de los que luego da su versión. 

Pide por anticipado su amo que el lector sea indulgente por si Hoshi se sobrepasa en sus valoraciones, lo que en efecto hace con frecuencia, para añadir picante y humor, mezclado o agitado según se tercie, a su narración. “Cultura animal es pensamiento crítico”, dice Pérez Martínez para justificar, en tanto que amanuense del perro, su buena intención y honradez, lo que además subraya generalizando: “Todos los perros la poseen”. 

Arturo Pérez Martínez

La crónica contiene una importante dosis de sátira, de la que Vladimir Nabokov dijo que “es una lección, la parodia es un juego”. Pero, en cualquier caso, detrás del humor de que está preñado el libro y de aparentes frivolidades, también hay la sensación de que el embajador, por boca de Hoshi, tiene una postura muy crítica respecto del rumbo que parece haber tomado el país, España, cuyos intereses ha representado y defendido a lo largo de cuarenta años. Valga como muestra la propia dedicatoria del libro: “A los demócratas en lucha contra la autocracia y la corrupción”.