Portugal aclara su posición sobre el Sáhara marroquí, el socialismo luso se queda a medio camino
La aprobación por el Parlamento portugués de un voto de apoyo a la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad consolida el reconocimiento del plan de autonomía marroquí como base realista de negociación. La abstención del Partido Socialista portugués introduce, en cambio, una nota de ambigüedad que contrasta con la evolución ibérica y con la propia dinámica europea
Según informa Hoy24 Diario Hispano Global, la adopción, en sesión plenaria el pasado 6 de enero, por la Asamblea de la República portuguesa de un voto de respaldo a la Resolución 2797 de Naciones Unidas marca una inflexión política relevante en el tratamiento del diferendo regional en torno al Sáhara marroquí. El texto parlamentario consagra de forma explícita la primacía de la propuesta de autonomía presentada por Marruecos como marco de referencia para alcanzar una solución política estable, realista y aceptable para las partes.
Este movimiento confirma una evolución que ya se venía percibiendo en la diplomacia portuguesa desde hace meses y que encaja con una tendencia más amplia en el espacio europeo, orientada a privilegiar soluciones pragmáticas frente a enfoques doctrinales que han demostrado su agotamiento. En un entorno geopolítico marcado por la inestabilidad en el Sahel, la presión migratoria y la competencia de potencias externas en el Mediterráneo, la estabilidad del Magreb adquiere una dimensión estratégica que difícilmente puede ignorarse.
El proyecto de resolución fue impulsado por CHEGA, primera fuerza de la oposición con sesenta diputados, y obtuvo el respaldo de la mayoría gubernamental —el Partido Socialdemócrata (PSD) y el CDS-PP—, así como del partido Iniciativa Liberal, que presta apoyos puntuales al Ejecutivo en determinados ámbitos, especialmente en política exterior. Las formaciones de la izquierda radical, el Partido Comunista y el Bloque de Izquierda, optaron por no participar en la votación, manteniendo una posición históricamente alineada con las tesis argelinas y del Polisario.
La sorpresa política vino de la abstención del Partido Socialista portugués. Esta posición contrasta con la línea impulsada durante el mandato de António Costa, cuando Lisboa comenzó a abandonar una neutralidad rígida, heredera de una lectura casi automática del paradigma referendario y de una comparación poco pertinente con el proceso de Timor Oriental. Aquella inflexión se materializó en la cumbre bilateral Portugal-Marruecos de mayo de 2023 y se consolidó con el respaldo explícito del Gobierno de centro-derecha al plan de autonomía durante la visita del ministro marroquí de Exteriores a Lisboa en julio de 2024.
Desde una perspectiva española, esta ambigüedad socialista portuguesa resulta aún más llamativa si se compara con la evolución del propio socialismo español. El PSOE ha asumido de manera clara el apoyo al plan de autonomía marroquí como base seria y creíble para una solución política, integrándolo en la normalización estratégica de las relaciones hispano-marroquíes. Esta convergencia entre Madrid y Lisboa refuerza la coherencia ibérica en un asunto de alta sensibilidad regional y proyecta una imagen de responsabilidad política en el flanco sur europeo.
La abstención del PS portugués abre, en cambio, interrogantes sobre la coherencia de una fuerza que ha gobernado el país durante décadas y que ha hecho del multilateralismo uno de sus ejes discursivos. Una lectura selectiva de la legalidad internacional, cuando esta se expresa con claridad a través de una resolución del Consejo de Seguridad, debilita la previsibilidad diplomática y puede tener costes reputacionales, especialmente en un momento en que Portugal aspira a un asiento no permanente en el Consejo para el bienio 2027-2028.
Desde Rabat, esta posición difícilmente puede interpretarse como continuidad natural de una relación histórica marcada por la cooperación y el entendimiento, celebrada recientemente con el 250 aniversario del tratado de paz entre ambos países. También interpela simbólicamente la herencia política de Mario Soares, figura central del socialismo portugués y actor clave en el acercamiento luso-marroquí.
El voto portugués consolida una lectura pragmática del conflicto que acerca a Lisboa a la posición mayoritaria europea y a la convergencia ibérica con España, donde el PSOE respalda explícitamente el plan de autonomía marroquí. La abstención socialista portuguesa, en cambio, deja al partido en una zona de indefinición que erosiona su propia coherencia internacional y debilita la previsibilidad diplomática del país. En escenarios sensibles como el Magreb, la ambigüedad deja de ser una estrategia cuando se transforma en ausencia de línea.