Una retórica de normalidad

Mohamed VI
Mohamed VI
El discurso de Mohamed VI a los representantes de la nación
  1. Cambio en la continuidad
  2. Valorización y responsabilidad
  3. Entre proyectos nacionales y programas sociales

Unos días después de las manifestaciones del movimiento GenZ212, que expresaron un descontento social y exigieron la salida del Gobierno, el país contenía la respiración a la espera del Discurso Real de apertura del año legislativo. Contrariamente a las expectativas de un giro espectacular o de una intervención excepcional, el Rey optó por una retórica de normalidad: un tono calmado y mesurado, un énfasis en la confianza y una reafirmación de la continuidad institucional.

Esta elección discursiva parece inscribirse en una estrategia de comunicación que favorece la desactivación simbólica del riesgo, y la reintegración de una excepción virtual en el marco del funcionamiento normal del Estado. Al mantener el marco ordinario del lenguaje monárquico, el discurso sitúa el contexto percibido como excepcional en la esfera de la política ordinaria. 

Sin embargo, esta normalidad no es sinónimo de inmovilismo. El discurso se estructuró claramente en torno a la idea de un “cambio en la continuidad”, una fórmula que condensa la tensión entre estabilidad y reforma. Esta permite conciliar la exigencia de adaptación a las expectativas sociales con la preservación del fundamento institucional y simbólico del régimen. 

Así, el Rey reafirma que el cambio no es un trastorno del orden establecido, sino un proceso controlado, dirigido desde el centro del poder e inscrito en el largo plazo. A través de esta retórica del equilibrio, el Discurso Real restablece la confianza al tiempo que reconfigura la temporalidad de lo político: la excepción se convierte en un momento de reaseguramiento, y la crisis se transforma en una oportunidad para una continuidad renovada.

Cambio en la continuidad

En este marco de cambio en la continuidad, el Rey adopta una retórica de autoridad destinada a establecer el ritmo y la dirección de la acción pública. Mientras aboga por la estabilidad institucional, exhorta a los poderes ejecutivo y legislativo a acelerar el paso: finalizar los proyectos de ley pendientes durante lo que resta del mandato parlamentario, optimizar las políticas públicas e instaurar una cultura de seriedad, compromiso y rendimiento. 

Este registro imperativo refleja la voluntad del Soberano de reafirmar la centralidad de la Monarquía como instancia reguladora y motor del cambio. En otras palabras, la normalidad del discurso no excluye la autoridad, al contrario, la hace aún más eficaz al ejercerse en un lenguaje de racionalidad y continuidad. Así, el Rey se posiciona como el director de orquesta del tiempo político, definiendo las prioridades y recordando que el cambio, para ser legítimo, debe inscribirse en el orden de lo posible, la disciplina y el desempeño institucional.

El mensaje político principal transmitido por el Discurso Real consistió, por tanto, en rechazar categóricamente la excepción: ni un cambio de tono, ni una dramatización de la coyuntura, ni anuncios espectaculares alteraron el marco de un discurso deliberadamente anclado en la normalidad institucional. Sin embargo, tras esta aparente normalidad se perfila una promesa implícita de reforma controlada, sustentada en la fórmula del “cambio en la continuidad”. Al articular las nociones de normalidad, confianza y estabilidad institucional, el Discurso Real introduce simultáneamente la idea de un cambio progresivo inscrito en el orden establecido. 

Este posicionamiento retórico permite transformar la excepción política en un momento de equilibrio, donde la promesa de reforma se conjuga con la estabilidad institucional. A través de este lenguaje mesurado, el Soberano inscribe el cambio no como una ruptura, sino como una prolongación ordenada de la legitimidad existente.

Cuando el Rey se dirige en su discurso a los representantes de la Nación afirmando que “es la ocasión de aseguraros el valor que atribuimos a vuestro trabajo”, busca tranquilizar y restaurar una forma de confianza simbólica en la institución parlamentaria, pero también enviar una señal positiva que consiste en reconocer al Parlamento, a pesar de sus insuficiencias, como actor del proceso político.

Valorización y responsabilidad

Al invitar a los miembros de la Cámara de Representantes, en el último año de su mandato, a “trabajar con seriedad y responsabilidad para llevar a buen término los procesos legislativos, implementar los programas y proyectos en curso, y mantenerse alertos y comprometidos en la defensa de las causas de los ciudadanos”, el Soberano busca también demostrar que las instituciones funcionan, que las reglas del juego se respetan y que no hay motivo para dramatizar. Sin embargo, el Rey insiste en responsabilizar a los representantes del pueblo: “Confío en ustedes, así que estén a la altura”. Se trata, por tanto, de una legitimación encuadrada, donde el Parlamento es valorizado sin escapar nunca al arbitraje real.

A través de este reconocimiento explícito del trabajo de la institución legislativa en materia de legislación, control gubernamental y diplomacia parlamentaria, el Rey realiza un gesto estratégico para reforzar la legitimidad de las instituciones, especialmente en un contexto en el que las expresiones de protesta en las calles podrían cuestionar la capacidad del sistema representativo para responder a las demandas ciudadanas. El mensaje político, dirigido no solo a los parlamentarios, sino también al conjunto de la Nación, es un mensaje de confianza afirmada en las instituciones representativas, de legitimación del rol de los electos en el marco de la Monarquía constitucional y de reaseguramiento sobre la continuidad del funcionamiento institucional a pesar de algunas tensiones sociales. Este gesto de reconocimiento simbólico permite al Soberano posicionarse como garante del buen orden político, al tiempo que exhorta a los parlamentarios a asumir su responsabilidad y a desempeñarse con eficacia.

Aunque el Discurso Real no menciona explícitamente las protestas de los jóvenes marroquíes, su énfasis en la cooperación entre los actores institucionales (Gobierno, partidos, parlamentarios) y su llamado a una comunicación clara sobre las leyes y decisiones que afectan los derechos de los ciudadanos, podrían interpretarse como un intento de canalizar el descontento social hacia las vías formales y, por consiguiente, evitar que las protestas deriven en soluciones extrainstitucionales. 

Al destacar que el objetivo buscado es “desarrollar el país y mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, dondequiera que estén”, el Rey insiste en que el Parlamento, los partidos políticos y las instituciones elegidas deben ser el espacio donde se aborden las demandas sociales.

Entre proyectos nacionales y programas sociales

Cuando el rey Mohamed VI afirma en su discurso que “no debería haber ni antinomia ni rivalidad entre los grandes proyectos nacionales y los programas sociales”, busca responder directamente a ciertas preocupaciones sobre los gastos en infraestructuras relacionados con la Copa del Mundo 2030 (que Marruecos coorganizará con España y Portugal), en detrimento del desarrollo social y los servicios públicos esenciales. Esta interpretación, manifestada en el contexto reciente de protestas de jóvenes, critica que estos “grandes proyectos nacionales” se prioricen por encima de los programas sociales locales, como la mejora de las escuelas, hospitales y la lucha contra la pobreza. 

El Discurso Real no solo busca aclarar que no existe “contradicción” entre estos proyectos y los programas sociales, sino también conciliar ambas dimensiones, argumentando que las grandes inversiones (como las de la Copa del Mundo) coexisten perfectamente con el desarrollo local, lo que se alinea claramente con su llamado a una “justicia social y espacial” y a una mejora de las “condiciones de vida de los ciudadanos, dondequiera que estén”. El mensaje parece estar dirigido aquí a apaciguar las inquietudes de la juventud y la sociedad civil, que ven en la Copa del Mundo un símbolo de prioridades desequilibradas, cuando en realidad representa una oportunidad para un “Marruecos emergente” que beneficie a todos.

El Discurso Real porta una perspectiva de desarrollo basada en la complementariedad entre los megaproyectos nacionales, como las infraestructuras para la Copa del Mundo 2030, y los programas de desarrollo social y local. Esta visión integrada subraya que ambos tipos de iniciativas no son contradictorios, sino sinérgicos, contribuyendo juntos al progreso global de un “Marruecos emergente y solidario”. El discurso llama a una movilización colectiva, a una coherencia entre los niveles nacionales y territoriales, así como a una comunicación clara de los resultados para reforzar la confianza social y promover una imagen de estabilidad y modernización frente a los desafíos internos e internacionales.

Por otro lado, cuando SM el Rey insiste en la importancia de “la comunicación sobre las iniciativas emprendidas por los poderes públicos y las diferentes leyes y decisiones, especialmente aquellas que se relacionan directamente con los derechos y libertades de los ciudadanos”, subraya que las instituciones del Estado, incluido el Gobierno, trabajan en la implementación de políticas públicas, pero comunican de manera insuficiente. Esta crítica sugiere que, aunque las instituciones son activas en la producción de leyes, programas y proyectos, su capacidad para transmitir estas iniciativas de manera transparente, comprensible y eficaz a los ciudadanos es insuficiente, lo que puede generar desconexión, desconfianza o descontento social.

En resumen, se trata de un Discurso Real decisivo, que busca de manera elocuente y mesurada absorber la excepción en el marco ordinario: la reforma ya está en marcha, los problemas están en proceso de resolución, las agendas están establecidas y respetadas, el Estado mantiene el control, y los marroquíes siguen movilizados por un Marruecos emergente, próspero y solidario. Una retórica de normalidad que prioriza la continuidad sobre la ruptura, el orden sobre la crisis, la razón sobre la pasión.