Eslovaquia, otra piedra en el zapato de la UE

El candidato presidencial Peter Pellegrini (Izquierda) y el primer ministro eslovaco Robert Fico (Derecha) hablan con los periodistas tras el anuncio de la victoria de Pellegrini en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales eslovacas, el 6 de abril de 2024 en Bratislava, Eslovaquia - PHOTO/VLADIMIR SIMICEK/AFP
El candidato presidencial Peter Pellegrini (Izquierda) y el primer ministro eslovaco Robert Fico (Derecha) hablan con los periodistas tras el anuncio de la victoria de Pellegrini en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales eslovacas, el 6 de abril de 2024 en Bratislava, Eslovaquia - PHOTO/VLADIMIR SIMICEK/AFP
Se confirmaron los pronósticos y los temores: además de un primer ministro populista prorruso, Robert Fico, Eslovaquia contará con un presidente de la República también inclinado a abandonar a Ucrania en su guerra contra la agresión de Vladimir Putin.

Era la segunda y definitiva vuelta de las elecciones presidenciales en el país de 5,4 millones de habitantes, separado de Chequia (ambos formaban la República de Checoslovaquia) en 1993, en un proceso que se denominó “revolución de terciopelo” por el carácter si no amistoso, al menos no violento que tuvo aquel divorcio. Peter Pellegrini, líder del movimiento populista Hlas-SD, se alzó con la victoria al cosechar el 53,2% de los votos frente al 46,8% que dieron su apoyo al diplomático proeuropeo Ivan Kurcok, que sorprendentemente había ganado, aunque insuficientemente, la primera vuelta de estos comicios presidenciales. 

Aunque los temas y disputas nacionales suelen prevalecer en las campañas electorales de la inmensa mayor parte de los 27 países de la Unión Europea, en el caso eslovaco la cuestión preponderante ha sido la guerra en Ucrania, debate que ha acentuado casi hasta el paroxismo la polarización del país. 

Peter Pellegrini, al igual que el actual primer ministro Robert Fico, preconizan no solo la suspensión de la ayuda a Ucrania para que el presidente Volodimir Zelenski pueda enfrentarse y resistirse al sistemático trabajo de destrucción de los bombardeos y ataques rusos de todo tipo, sino que también ha llegado a poner en cuestión la soberanía misma de Ucrania. El nuevo presidente eslovaco lo camufla con un lenguaje aterciopelado. Así, en su primer discurso tras proclamar su triunfo, señaló que será “el presidente que defenderá los intereses nacionales de Eslovaquia, de forma que el país permanezca en el bando de la paz y no en el de la guerra”. 

Con el triunfo de Pellegrini se completa un giro completo de la política eslovaca. Cierto es que el jefe del Estado tiene poderes limitados, pero conserva potestades decisivas como la ratificación de los tratados internacionales, el nombramiento de los jueces que componen la cúpula judicial y ejerce la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas, además de la capacidad de veto a leyes que vengan aprobadas por el Parlamento. Facultades que son tan importantes que a la hasta ahora presidente del país, Zuzana Caputová, le han permitido instar al Tribunal Constitucional -y éste le ha hecho caso- a que suspendiera algunos capítulos de las intensas reformas acometidas, desde que ganara las elecciones legislativas en octubre de 2023, por el primer ministro Fico, destinadas a cambiar la fisonomía del país. 

Fuera Caputová de la presidencia -transmitirá sus poderes a Pellegrini el próximo 15 de junio-, todo hace pensar que el proceso de reformas será imparable. Ucrania puede despedirse, pues, de la ayuda económica y militar de Bratislava, y la Unión Europea en su conjunto habrá de lidiar con otro miembro díscolo. El húngaro Viktor Orban ya no estará solo, cual china en el zapato de la UE, después de que el polaco Donald Franciszek Tusk haya comenzado a reintegrar a Varsovia a los raíles del Estado de derecho. 

El sesgo autoritario que ha imprimido Robert Fico a la política eslovaca deja pocas dudas en el seno de las instituciones europeas. Además de haber procedido a una amplia remodelación de las fuerzas de seguridad y de otras instituciones, ha acometido una reforma judicial que tanto la oposición liberal del país como la Comisión Europea denuncian como atentatorias al Estado de derecho.  Ahora, lejos de tener un contrapeso en la jefatura del Estado, Fico tendrá en Pellegrini un aliado. Y sobre ambos planeará la sombra protectora del presidente de la Federación Rusa. Putin pone así una nueva pica de discordia en el seno de la Unión Europea.