Entre el progreso y la regresión
En abril participé en un evento diplomático llevado a cabo en una bella ciudad envuelta de la historia del colonialismo, de dunas que algún día fueron olas, de grandes avenidas llenas de optimismo y de una industria turística diversa y pujante.
Esa ciudad se llama Dajla y se ha convertido en el epítome del inusitado impulso que el Reino de Marruecos y su Majestad Mohamed VI le han dado a la zona.
El tiempo siempre ha sido una medida complicada. Un espectro subjetivo que se regodea en la ambiguedad. Bien dijo el poeta Mario Benedetti que era tan relativo que bastaban cinco minutos para soñar toda una vida.
Y ahora son 50 años. Medio siglo desde que por medio del acuerdo de Madrid en 1975 Marruecos comenzara a transformar una zona desértica e inexplorada en un polo de desarrollo y esperanza.
50 años de avances socioeconómicos que han convertido al Sahara marroquí en una puerta de entrada imprescindible para la inversión.
50 años que lamentablemente también coinciden con el aniversario de un status quo impuesto por una nación que bloquea la solución definitiva de esta disputa regional.
50 años de contrastes. Por un lado, un Sáhara marroquí que es un verdadero centro de modernidad y que se ha convertido en un sinónimo de cooperación internacional, desarrollo sostenible y de visión a largo plazo.
Por el otro un Frente Polisario que lo único que ofrece es ser un reducto ideológico de dogmas anquilosados con panoramas que podrían ser idóneos para los desolados planos cinematográficos de Wim Wenders o para la distopía de Mad Max.
50 años que han arrojado dos caminos. El de la unidad regional e inclusiva que transforma el tejido económico, social y de infraestructuras de la región, con iniciativas como puertos atlánticos y gaseoductos que traerán inmensos beneficios a los países del Sahel.
Esto es, el camino del altruismo y progreso que representa Marruecos y el de la regresión y la terquedad de aquellos que lejos de apostar por la construcción de un Magreb unido lo hacen por la división, la desestabilización, la amenaza y el aislamiento.
Mtro. Ramiro Chávez Gochicoa, presidente de la Fundación Cultural Carlos Greene Ramírez de México
