Marrakech renace: la resiliencia que desafía al tiempo
Marrakech ofrece hoy al mundo algo más que una historia de reconstrucción: ofrece una lección de liderazgo y de gobernanza en tiempos de crisis. Menos de un año después del devastador terremoto de Al-Haouz, la ciudad roja ha logrado lo que en muchos países requiere varios años: un 85 % de avance en la rehabilitación de viviendas, cifra que superará el 90 % antes de fin de septiembre y el 96 % en los próximos dos meses. En un contexto global donde las promesas suelen diluirse en la burocracia y la lentitud, este resultado es un mensaje de eficacia y determinación.
El secreto de este éxito no radica en la improvisación, sino en una estrategia claramente diseñada desde las primeras horas tras el desastre. Las autoridades coordinaron un censo exhaustivo de las víctimas, retiraron miles de toneladas de escombros y otorgaron permisos de construcción en plazos inusualmente cortos. Esa planificación permitió iniciar las obras en febrero de 2024 y supervisarlas a diario, logrando un equilibrio difícil entre velocidad y calidad técnica, especialmente en la aplicación de normas antisísmicas.
Pero el verdadero valor de esta operación no se mide solo en cifras. Cada familia que recupera su hogar es un símbolo de dignidad restaurada. Las ayudas económicas mensuales evitaron el colapso social y permitieron que los damnificados no cayeran en la trampa de la precariedad crónica que suele acompañar a las catástrofes. En la medina, las casas reconstruidas respetan la arquitectura tradicional marroquí, preservando el alma de la ciudad y reforzando su atractivo cultural y turístico.
El caso de Marrakech va más allá de la mera respuesta humanitaria: es una narrativa de superación nacional. La reactivación de los Foundouks, el regreso de los artesanos y comerciantes, la recuperación del pulso económico de la ciudad… todo ello convierte a esta reconstrucción en una oportunidad para fortalecer la identidad local y consolidar la resiliencia comunitaria.
En el plano internacional, la experiencia marroquí ofrece algo que los grandes organismos globales buscan con ahínco: un modelo replicable de reconstrucción postcrisis. Rápido, inclusivo y alineado con los estándares internacionales, este enfoque podría inspirar a países que aún lidian con los efectos de terremotos, inundaciones o huracanes. Marruecos demuestra que la adversidad puede convertirse en motor de progreso, si existe voluntad política, planificación inteligente y un compromiso sostenido con la población.
Marrakech no solo se ha levantado: ha elevado el listón. Su ejemplo debería invitar a gobiernos de todo el mundo a repensar la manera en que se gestionan las catástrofes, a situar a las personas en el centro y a transformar el dolor en oportunidad. Porque lo que hoy se reconstruye en la ciudad roja no es solo piedra sobre piedra: es confianza, cohesión social y futuro.