Por Ahmed Brahim
Foto: Mohamed Budiaf fue un símbolo del cambio democrático y la honradez política en Argelia en 1992.
 
Hace 22 años, el 29 de junio de 1992, el presidente argelino Mohamed Budiaf, un hombre íntegro y un político demócrata y responsable, fue asesinado durante un mitin en Annaba, una ciudad de Argelia situada cerca de la frontera con Túnez. Algunos argelinos conmemoraron hace pocos días este triste acontecimiento. Los medios de comunicación sólo publicaron breves. Budiaf fue uno de los fundadores del Frente de Liberación Nacional (FLN) que luchó por la independencia de Argelia contra el colonialismo francés. Se unió a los patriotas argelinos en 1945, tras las masacres que el Ejército francés llevó a cabo en las ciudades de Setif y Guelma. Militó en el Movimiento por el Triunfo de las Libertades Democráticas (MTLD) en Argelia y Francia, y fundó el Comité Revolucionario para la Unidad y la Acción (CRUA), junto a históricos dirigentes como el socialista Hocine Aït Ahmed, Ahmed Ben Bella, Krim Belkacem, Mustafá Ben Bulaïd, Murad Diduche, Mohamed Khider y Rabah Bitat. En octubre de 1956, fue detenido por el Ejército francés durante un viaje aéreo  y encarcelado en Francia. En 1958, fue nombrado ministro del Gobierno Provisional de la República de Argelia y en 1961, vicepresidente. Estuvo en prisión hasta que Argelia consiguió la independencia en 1962. En septiembre de ese mismo año fundó el Partido de la Revolución Socialista (PRS). Enfrentado al presidente Ahmed Ben Bella, fue detenido en junio de 1963 y las autoridades argelinas le obligaron a exiliarse. Budiaf viajó a Europa y después se instaló en Marruecos, donde siguió de cerca la evolución política autoritaria de su país. Desde la ciudad marroquí de Kenitra, Budiaf dirigió una fábrica de ladrillos, pero nunca se desentendió de la política y de su país. Regresó a Argelia en 1992, tras la renuncia del presidente Chadli Bendjedid y a petición del Alto Comité de Estado que se creó para dirigir el país. 
 
Un símbolo del cambio
Mohamed Budiaf era en aquel momento para muchos argelinos que no compartían las ideas extremistas del Frente Islámico de Salvación (FIS) ni estaban de acuerdo con el poder, un hombre honrado y valiente que abandonó el país para no mancharse las manos de sangre de su pueblo. Budiaf era un símbolo del cambio, porque quería de verdad una Argelia democrática, moderna, próspera y socialmente justa, pero no supo calibrar bien la situación política del país. Se creyó las promesas de  renovación y democratización que le hizo el poder y no se dio cuenta que el Estado estaba en manos de clanes de generales muy peligrosos, burócratas envejecidos y hombres de negocios sin escrúpulos. En 1992, el islamismo político ganando terreno era una cara de la siniestra situación  de Argelia. Los grupos de poder que luchaban entre ellos por el control de las riquezas y de los aparatos del Estado eran la otra cara. Budiaf anunció cambios sustanciales. Una parte del pueblo argelino estaba con su presidente. Los aparatos del Estado y los islamistas estaban en contra. Budiaf murió asesinado seis meses después de haber pisado el suelo de su patria, el 29 de junio de 1992. Un subteniente del Grupo de Intervención Especial (GIS) del Ejército, Lambarek Bumaarafi, lanzó una granada al escenario donde estaba el presidente dando un mitin. Budiaf murió. Aunque Bumaarafi fue juzgado y condenado a muerte en junio de 1995, la motivación del asesinato es objeto de controversias todavía hoy en día.
 
Dos hipótesis sobre su muerte
Una hipótesis apunta a que fue una acción aislada cometida por un militar con simpatías islamistas. Otra hipótesis, sin embargo, denuncia un complot más vasto protagonizado por generales del Ejército. Es la versión que sostiene la esposa del presidente asesinado, Fatiha Budiaf, que es también una defensora de los derechos de la mujer y una militante pacifista. Budiaf fue una víctima política del coronel golpista Huari Bumediene, que gobernó con mano de hierro Argelia entre 1965 y 1978, y del grupo dirigente. Pagó muy caro el no pertenecer a ningún clan político, ni al de Uchda ni al de los generales de ciudades como Batna, Tibisa y Suk Lahras, que desempeñaron un papel clave durante décadas. Los generales y políticos que propusieron a Budiaf ser presidente se pensaron que sería un mandatario fantoche. Se equivocaron. Toda la clase política, excepto el FIS, lo recibió en el aeropuerto de Argel el día de su regreso al país, el 15 de enero de 1992. Budiaf aceptó el reto de dirigir el país, pero dejó muy claro que lo haría a su manera, luchando contra la corrupción, la rapiña y la opresión e impulsando la democracia en todos los mecanismos de la vida política, social, institucional y económica. Según medios marroquíes, su posición a favor de un entendimiento entre Argelia y Marruecos para solucionar el conflicto del Sáhara occidental, que concretó en una entrevista con el rey Hasan II  en Rabat,  precipitó su asesinato.
 
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