El Renacimiento no fue como nos lo contaron

Alberto Garín presenta su libro “Renacimiento. El Arte que Conquistó el Mundo”
Alberto Garín
Alberto Garín

Hace falta estar muy seguro de tus investigaciones y de tus tesis para intentar desmontar una determinada visión de un período de la historia, cuya interpretación ya está prácticamente grabada a fuego en todas las generaciones posteriores. 

El historiador del Arte y arqueólogo, además de doctor en Arquitectura, Alberto Garín osa dar a conocer su versión en su libro “Renacimiento. El Arte que Conquistó el Mundo” (Harper Collins, 302 págs.). Tampoco se anda con remilgos este profesor de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala a la hora de adelantar el final de su trabajo, calificando de “incorrecta” la acendrada tesis de que “el Renacimiento recuperó el mundo clásico, sí, pero no para poner al hombre en el centro del universo (algo que tampoco había ocurrido ni en Grecia ni en Roma), sino porque, de partida, una Florencia exitosa quería librarse del lastre del Sacro Imperio”. 

Otra cosa es que ese Renacimiento florentino gustó tanto a los Papas, que lo terminaron por convertirlo en el arte católico por antonomasia. Y afirma rotundo: “Sí, el Renacimiento es el arte de los católicos, porque si algo caracterizó a los protestantes fue su abierto rechazo por las formas renacentistas, y el saber clásico en general”. Un desmentido en toda regla, con abundante documentación al apoyo, de las tesis que han traspasado siglos de historia afirmando que el Renacimiento fue la luz que vino a iluminar y acabar con la presunta tenebrosidad de la Edad Media, otra creencia generalizada que Garín tampoco tiene empacho alguno en poner seriamente en cuestión. 

Lo cierto es que tan potente como universal movimiento artístico necesitó del apoyo resuelto de personalidades que lo impulsaron proyectándolo hacia el futuro. Pero, ya lanzado en la demostración de sus tesis, vuelve a apoyarla en una de las afirmaciones que seguramente más dará que hablar: el Renacimiento precisaba como gran impulsor de un príncipe sabio, humanista, que respeta la tradición cristiana, pero que se abre a todos los saberes clásicos. “Ese príncipe que vive en un palacio armónico pero rodeado de una naturaleza bien racionalizada, en jardines perfectamente ordenados. Ese príncipe que se rodeó de sabios y miles de libros para bien gobernar, sí que existió. Pero no, no fue Lorenzo el Magnífico, ni el papa Julio II. No fue el emperador Carlos V, ni el rey Francisco I de Francia. El príncipe que sí supo ajustarse a todos los principios que defienden los grandes teóricos del Renacimiento fue Felipe II”.  

Renacimiento Alberto Garin
Renacimiento Alberto Garin

En suma, entre 1400 y 1527 el Renacimiento fue un movimiento artístico anecdótico en unas cortes, las de los Reyes Católicos, su nieto, el emperador Carlos V, los reyes de la dinastía Valois de Francia y Enrique VIII de Inglaterra, donde dominaban las formas más alambicadas del arte medieval. Y, aunque en estos tiempos de descreimiento, aumente la controversia, lo cierto, según Garín, es que “solo cuando el Renacimiento pasó a ser un símbolo del catolicismo se convirtió en un estilo artístico que conquisto el mundo”. 

Poniendo su saber científico al nivel de la divulgación, el autor explica también cómo los artistas aceptaron someterse al mercado, de manera que supieron moverse desde el arte medieval, que es lo que sabían hacer, les gustaba y les proporcionaba los ingresos para vivir, al arte clásico que les reclamaban los clientes. Tanto es así que, cuando habla de los artistas que cabría calificar de rompedores, cita exclusivamente a Miguel Ángel, inmerso él mismo en el proceso de reconstrucción del Vaticano, junto con tantos otros grandes creadores, tales como Bramante o Rafael, pero sin el demoledor carácter independiente exhibido de continuo por el gran Micheangelo Buonarroti Simoni, “el artista tocado por los dioses”.