Opinión

#Scorecard2015 MENA: Destacando por los motivos equivocados

                                                                                                Helene Michou . ECFR. European Council Foreign Relations

Oriente Medio se caracteriza un año más por conflicto, estados colapsados, la consolidación de regímenes autoritarios, y la manipulación de eventos por parte de los dos grandes rivales regionales: Irán y Arabia Saudita. Frente a este abanico de complejidades, tanto la Unión Europea como los Estados Unidos han visto los límites de su capacidad de ejercer influencia sobre los principales actores. Su patrón de actuación en la región ha sido el de reaccionar a crisis en vez de saber anticiparse a ellas. Por si no lo fuera ya de antes, su visión de los acontecimientos en la región se rige cada vez más por un sesgo de seguridad, y estamos presenciando un cambio de consigna, desde apoyo para procesos de transiciones hasta la preocupante vuelta a políticas de antiterrorismo.

El Scorecard nos muestra un 2014 que destaca por datos preocupantes. El conflicto de Siria ha seguido empeorando, con más de 200,000 muertos, 3 millones de refugiados y 7,6 millones de desplazados. Los estados miembros europeos, a excepción de Suecia y Alemania, no han sabido reproducir sus compromisos en materia de ayuda humanitaria en temas de acogida de refugiados sirios huyendo del conflicto. Además, el proceso de diálogo coordinado desde la ONU entre actores en este conflicto no ha brindado resultado ninguno. La situación se ha complicado aún más con la aparición de dos fenómenos: la extensión del autollamado Estado Islámico en territorio sirio e iraquí, y la presencia de combatientes europeos entre ellos. Debido a esto, ha surgido un debate a nivel europeo sobre la inmigración, políticas de antiterrorismo y la erosión de las libertades civiles.

En el Norte de África, el Scorecard señala la insuficiencia de la Política de Vecindad Europea (PVE) frente a casos tan distintos, tal y como son los de Libia (un conflicto derivado en guerra civil), Egipto (una transición cuyo recorrido ha cerrado el círculo hasta volver al autoritarismo bajo el-Sisi) y Túnez (tal vez el único país en poder consolidar su transición desde los levantamientos de la Primavera Árabe del 2011, debido a elecciones parlamentarias y presidenciales cuyos procesos fueron consensuados con antelación y cuyos resultados fueron respetados a posteriori). Las demás elecciones en la región resultan ser una mera formalidad de una falsa democracia, tanto en Siria como en Argelia y Egipto, países que buscan cimentar un liderazgo autoritario vía las urnas.

Otro asunto en el que la Unión Europea no ha sabido desempeñar un papel de liderazgo ha sido el conflicto Israelí-Palestino, cuyo 2014 fue marcado por otra incursión israelí en Gaza con más de 2100 víctimas, la mayoría civiles. Respecto a las negociaciones nucleares con Irán, el rol facilitador de la ex Alta Representante Catherine Ashton fue reconocido en su momento, pero el alcance de un acuerdo final en otoño fue obstaculizado por los diálogos adicionales entre Irán y Estados unidos.

En conclusión, el Scorecard refleja un balance de la UE que destaca por su ausencia, indecisión, y reactividad antes de pro-actividad. Las notas han bajado con respeto al año pasado y los autores advierten que si su política hacia la región sigue con la falta de coherencia y estrategia que la caracteriza, Europa corre el riesgo de caer en la irrelevancia justo cuando haría bien en mejorar su entendimiento y compromiso con su vecindad sur.