Avis

La OTAN, más allá de la resiliencia

Sede de la OTAN - PHOTO/FILE
photo_camera PHOTO/FILE – OTAN

Este documento es copia del original que ha sido publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos en el siguiente enlace.

El autor, a través de la evolución de la naturaleza humana en relación con la defensa de las comunidades, aborda la necesidad de adaptar el modelo de defensa de la OTAN a los desafíos del siglo XXI. Destaca cómo las amenazas actuales, especialmente en el ámbito cibernético y de la «guerra» no declarada en la conocida «zona gris», han cambiado la forma en que se percibe la seguridad. Argumenta que la OTAN debe enfocarse en la resiliencia de las sociedades de los países miembros, concienciándolas sobre la necesidad de mantener un alto nivel de preparación y alerta para proteger sus valores y sistemas de vida. Se presentan dos pilares fundamentales para la defensa: las infraestructuras críticas y la conciencia de las personas. Se señala la importancia de educar y dotar de herramientas a la sociedad para afrontar la influencia de los adversarios. En última instancia, se plantea la necesidad de que la sociedad participe activamente en la defensa colectiva de la Alianza, siendo un elemento de disuasión clave ante cualquier adversario.

Introducción

En el principio, la existencia de nuestros antepasados sobre la faz de la Tierra se podría considerar un asunto sencillo.

Efectivamente, si echamos la vista atrás a los comienzos de la humanidad conocida, a aquellas primeras comunidades que crecieron y se forjaron alrededor de un fuego, a aquellas incipientes sociedades, podríamos concluir que sus vidas eran sencillas, duras sí, pero sencillas. Su existencia se basaba en alimentarse y poblar la tierra1; pero, la naturaleza humana no se caracteriza por haber buscado siempre el bien sino contrariamente, desde los primeros tiempos2, la lucha y la confrontación han sido el denominador común.

Estas referencias que pudieran confundir al lector del propósito de este ensayo, no hacen más que poner de relieve la realidad de la naturaleza humana, que queda reflejada a lo largo de la historia a través de innumerables escritos. El hombre que se organiza alrededor de un fuego, posteriormente levanta una empalizada para defenderse a sí mismo y proteger sus propiedades de aquellos que se las quieren arrebatar. Ese hombre, conforme el «grupo» va creciendo y las sociedades comienzan a tener conciencia de su ser, construye fortificaciones, castillos, delimita sus territorios, establece fronteras.

Todo ello para acotar aquellas zonas que cada grupo siente suyas y de las que necesita para subsistir. Esa delimitación permite una fácil identificación de los extraños y lo que es más importante, de los enemigos. Por tanto, para mantener la capacidad de autoabastecimiento y de supervivencia, el grupo debe ser capaz de defender sus fronteras de un ataque exterior.
Este ha sido el caso desde la antigüedad hasta el final del pasado siglo XX; pero esto ya no es así, como veremos más adelante.

Pareja a esta evolución, aquellos que se dedicaban a defender a su comunidad evolucionaron también. En un principio la defensa era un asunto de la comunidad en su conjunto; todos los miembros de esta tomaban parte en la protección de sus pertenencias, de sus vidas; era esto un tema de supervivencia. Conforme el grupo crecía en número, la necesidad de diversificar las tareas dentro se hizo patente, aquellos más fuertes quizá se convirtieron en los defensores de los ataques de posibles adversarios, otros se encargaban de la recolección de alimentos, de las cosechas, y posteriormente aparecerían diferentes oficios; no obstante, el vínculo entre ellos permanecía siendo estrecho, de manera que cuando era necesario defender a la comunidad todos tomaban parte de una forma o de otra.

Pero este empeño social en la defensa de la comunidad ha ido cambiando a lo largo de los siglos, y más acusadamente durante la segunda mitad del siglo XX; de manera que poco a poco, la defensa de la comunidad se ha confiado en exclusiva a un grupo específico de esta, a lo que comúnmente se conoce en cada país como sus Fuerzas Armadas (FAS). Bien es cierto que no es exactamente así en todos ellos, pero en mayor o menor medida se puede decir que todos los miembros de la Alianza Atlántica así lo han hecho.

Por diversas razones en las que profundizaremos a lo largo del presente documento, el modelo occidental de defensa3 necesita ser revisado, de manera que permita garantizar la seguridad de las sociedades a las que sirve frente a las nuevas amenazas que se reconocen ya en la realidad del siglo XXI y en su horizonte más próximo. Un modelo que, de alguna manera, debe volver a recuperar el compromiso y la implicación de todos los componentes de la sociedad que se pretende defender, si queremos garantizar el mantenimiento de los logros alcanzados tras siglos de luchas, y con el esfuerzo y la «sangre» sí, de aquellos que nos precedieron.

Dónde estamos

Si en el pasado el adversario, aquel que quería arrebatarnos lo nuestro, se encontraba al otro lado de la empalizada, muralla, barricada, o frontera bien delimitada (llamémosle como queramos), y era fácilmente reconocible, hoy día ya no es así.

A pesar de existir fronteras geográficas, hay otros campos (hoy le llaman dominios o espacios) en los que esas fronteras no están delimitadas, es más, no se pueden delimitar. Son dominios que el adversario utiliza para introducirse en el entramado de la sociedad, por que trascienden las fronteras geográficas de igual forma que el aire discurre por la faz de la Tierra.

De esta manera, podemos decir que la táctica del «caballo de Troya» se ha convertido en algo normal en este siglo XXI; no es casualidad que los conocidos virus informáticos que se introducen inadvertidamente en nuestros ordenadores y crean toda clase de problemas, roban nuestra información o toman control de nuestros sistemas, hayan sido denominados «troyanos» por la comunidad cíber, en clara referencia al clásico episodio del drama griego.

Pero no solo es que el adversario este «circulando libremente» por nuestras «calles y avenidas sociales», también la sociedad denominada «civil»4 ha creído que la contienda se libra en un campo de batalla ajeno a su día a día; como si se tratara de un partido de fútbol cuyo desarrollo sucede en un campo acotado, y nada sucede (o debiera suceder) fuera de él. Desafortunadamente la realidad de los acontecimientos nos demuestra que esto no es así, y a poco que estemos atentos a las noticias, seremos capaces de entender que las guerras se libran en casa, en nuestra casa.

A ello se suma que, para las actuales generaciones de la Europa Occidental, hasta ahora las guerras sucedían en países lejanos, en otros continentes, en países denominados del «tercer mundo»5; hoy tampoco es así.

La invasión de Ucrania por tropas rusas y la consiguiente guerra entre ambos países nos ha devuelto a la realidad de lo que es una guerra, y el impacto que tiene en la vida de esa «sociedad civil» que se ve inmersa en ella; en este caso no solo en la de Ucrania, también en la rusa.

Lo sucedido en Ucrania ha sido reconocido por los miembros de la Alianza Atlántica como un «toque de atención» (wake up call); un darse cuenta de que no estamos preparados para tal eventualidad. En un principio se podría pensar que el «déficit» se encontraba en la «cantidad», en referencia a la escasez de munición, más que en la calidad de nuestros medios militares. Pero algunos han ido más allá, y han identificado el verdadero problema en las sociedades a las que tenemos que defender; en su capacidad de «soportar» una contienda bélica y en su voluntad de apoyar la defensa de los territorios de la Alianza.

Este análisis no ha sido obviado por la Alianza que, ante la gravedad de las consecuencias de una falta de compromiso por parte de sus miembros para cumplir con el art. 3 del Tratado6, ha impulsado el concepto de resiliencia. Este impulso se inició en la cumbre de Varsovia de 20167, y se ha ido reforzando en los últimos años como queda reflejado en el Concepto Estratégico aprobado en Madrid en 20228 y más concretamente en iniciativas para estrechar relaciones y esfuerzo común con la Unión Europea, como es el caso de la EU-NATO Task Force on the Resilience of crititcal Infrastructure9.

No voy a entrar aquí en el enfoque que la OTAN10 da a la resiliencia y tampoco como lo enfoca la Unión Europea (UE)11 pues, más allá de la capacidad para recuperarse de
«tensiones y shocks», de lo que se trata es de convencerse de la necesidad de estar preparados y actuar para evitar, o hacer frente a una situación de ataque a nuestra forma de vida, a nuestra libertad, nuestros valores, en definitiva, a nuestros intereses vitales, aquello que garantiza la supervivencia de los logros alcanzados durante tantos siglos de empeño.

En este sentido ya hay autores que mantienen que nos encontramos en situación de
«guerra»; acepción más acorde con lo que lo que se vive en Ucrania, en Sudán, en Yemen, o en Palestina y no con lo que nuestras sociedades están sufriendo a diario, que no son más que «ataques» por debajo del umbral de la guerra; en la conocida «zona gris» (ZG).

Es en esta ZG donde se trata de actuar de tal manera que se consiga influir en la voluntad de defenderse de la sociedad a la que se ataca, doblegándola para que se pliegue a los intereses del atacante, sin necesidad de llegar al conflicto armado (la guerra)12, y en caso de que llegase, que la capacidad de defensa del oponente esté tan degradada que la victoria sea segura e inmediata13 (posiblemente, esto fue lo que pensó el Vladimir Putin cuando decidió invadir Ucrania).

En los gráficos precedentes se observa como esta ZG se ha ido ensanchando durante el presente siglo XXI, donde nos encontramos con un amplio espectro gris en el centro y dos pequeñas áreas en cada extremo (paz /guerra). Con ello se pone de manifiesto que la relación entre actores internacionales se mueve mayoritariamente en esa ZG en la que tanto uno como otro trata de influir en su «oponente» para alcanzar sus propios intereses. Esto sucede incluso entre aliados, por lo que la situación de paz es casi una quimera, y la de guerra, tal y como está sucediendo en Ucrania, es algo que se trata de evitar a toda costa, pues todavía tenemos en la memoria la devastación de las guerras del siglo XX y la amenaza nuclear.

Por tanto, es en la ZG donde nos movemos a diario, unas veces gris claro y otras gris bien oscuro, pero siempre bajo los «ataques» constantes de nuestro adversario que, como decía al principio, se mueve con libertad por nuestras «avenidas sociales»; avenidas cimentadas en nuestros valores de libertad y respeto al otro (no sucede lo mismo en las sociedades de algunos de nuestros adversarios).

No obstante, las sociedades europeas de la segunda postguerra mundial acabaron por convencerse, a mi modo de ver equivocadamente, que al entrar en la Alianza sus gobernantes habían firmado un contrato con una «compañía» de seguridad llamada OTAN, que se encargaría de mantener al enemigo al otro lado de las fronteras y así evitar que nada pudiera perturbar su paz y tranquilidad, y que garantizaría su estilo de vida, cualquiera que fuese la situación y sin necesidad de «mancharse las manos».

Esto no era, ni es así. Lo que las sociedades a través de sus gobernantes firmaron es un contrato en el que se comprometen, ellas mismas, a mantener un nivel de preparación suficiente para defenderse a sí mismos y ayudar en la defensa de cualquier miembro del
«club» en caso de que este sea atacado14.

Traducido al mundo del siglo XXI, ya no se trata tan solo de recuperarse de un ataque perpetrado por nuestros adversarios, o incluso de evitar que este suceda. Se trata también de evitar que el adversario erosione los cimientos de nuestra sociedad para hacerla incompetente. Para ello se ha de estar preparado y alerta. Esta actitud tiene una relación directa con la disuasión, en el entendido que cuanto mejor estemos preparados y concienciados de nuestra defensa más veces se pensará el adversario si merece la pena «atacar».

¿Qué hacemos entonces?

Empecemos por reconocer que nuestro día a día es un continuo debatir en la ZG para mantener aquello que tanto costó a los que nos precedieron y de lo que ahora nosotros disfrutamos, y que a su vez debemos salvaguardar para aquellos que nos sucederán.

La sociedad actual está diversificada; hemos asignado tareas a diferentes «gremios» y poco a poco nos hemos olvidado de que para llegar hasta aquí nuestros predecesores tuvieron que «arrimar el hombro» en los momentos difíciles para salvaguardar lo «nuestro».

Es más, hoy en día, aceptamos sin controversia mental alguna, que aquellos a los que asignamos la labor de librar las «guerras» realicen también otras funciones «sociales» cuando la llamada «sociedad civil» se ve incapaz de afrontar por sí sola la «tensión o el shock», y no me parece mal, pero también nos produce rechazo pensar que es labor de todos participar en la defensa de lo nuestro, de aquello que se nos ha dado y de lo que disfrutamos todos, cada uno en el lugar que ocupa en la sociedad15.

Por tanto, no se trata de resiliencia, se trata de conciencia; conciencia de saberse en
«combate» diario, conciencia de saberse atacado por el adversario, conciencia de reconocerse objetivo de la voluntad del adversario para influir en la tuya y dejar de defender lo nuestro, para defender lo suyo.

Es por eso por lo que el art. 3 del Tratado ha de releerse conforme a la situación actual, y se debe entender en el contexto de las actividades que los actores internacionales
«juegan» en la ZG, donde ya hemos señalado que nos encontramos en situación de
«guerra abierta», no declarada, pero abierta.

En este sentido, la OTAN puede y debe contar con unos sistemas de combate y de mando y control sofisticados y tecnológicamente superiores a los del previsible adversario; pero no debe olvidar que estos se sustentan en dos pilares fundamentales: las infraestructuras y las personas.

Esos dos pilares han sido identificados ya por nuestros adversarios, que desde hace algunas décadas se están dedicando a hacer buenos los postulados del ya mencionado Sun Tzu, de forma que esos sistemas tan sofisticados, que nos debieran dar la ventaja militar en el campo de batalla, vean disminuida, cuando no anulada, su eficacia, porque los pilares en los que se sustentan (infraestructuras y personas) ya no los sostienen.

Las infraestructuras

Conforme al último informe conjunto UE / OTAN16 sobre infraestructuras críticas, se identifican estas como aquellas necesarias para garantizar los servicios públicos esenciales y actividades económicas en los mercados internos, así como la seguridad y la defensa.

Podemos decir que nos referimos a todos aquellos sistemas como son: cables submarinos, puentes y carreteras, sistemas y medios de comunicación, satélites, sistemas de salud pública, hospitales, centros de generación y distribución de energía, etc. que permiten a nuestras sociedades desarrollar su actividad diaria conforme a los más altos estándares de vida y dota a nuestros sistemas de combate y mando y control, de las herramientas para su eficaz funcionamiento en todo el territorio de la Alianza17.

El citado informe señala el impacto que tendría el mal funcionamiento o la interrupción del servicio por ellas proporcionado tanto en la población como en la seguridad colectiva, y subraya que gran parte de estas infraestructuras son propiedad de empresas civiles. Esto nos da una idea de la importancia que cobra concienciar a la sociedad18 de la necesidad de involucrase en la defensa colectiva.

Sin entrar en los detalles del informe, este identifica cuatro sectores interrelacionados que requieren especial atención en cuanto al desafío que representa garantizar su seguridad; estos son el sector energético, el transporte, las infraestructuras digitales y el espacio. Todos ellos en mayor o menor medida se encuentran liberalizados en el mercado internacional, y por tanto susceptibles de ser controlados por aquellos que se oponen a nuestros intereses como miembros de la Alianza19. Las consecuencias de que esto suceda o esté sucediendo se sale del objeto de este documento y las dejo a la imaginación y conocimientos del lector sobre las nuevas tecnologías.

Es, pues, necesario reconocer el hecho, tal y como lo hace la OTAN, como primer paso para poner remedio. Y, en este sentido, concienciar a las sociedades de los países miembros de la Alianza, de la importancia de mantener una autonomía estratégica frente a los que pretendan atentar contra la seguridad global y subvertir las normas del orden internacional que nos hemos dado atentando contra nuestros intereses y valores20.

Se hace por tanto indispensable mantener un cierto nivel de control sobre aquellos sectores que afectan directamente a las infraestructuras críticas, que nos permita garantizar su normal funcionamiento y seguridad.

Las personas

Son las personas las que mantienen la voluntad de defender su sociedad, su sistema de vida; en nuestro caso y como decíamos antes: nuestra libertad, nuestros valores, las democracias más o menos imperfectas que elegimos cómo forma de gobierno, etc.

Por tanto, podemos decir que adueñarse de la voluntad del adversario es el objetivo primordial de cualquier confrontación entre seres humanos.

No es esto algo nuevo, ha sido así siempre, pero cuando el adversario está al otro lado de la muralla, es más difícil de conseguir. Aun así, nuestros antepasados podían ser muy convincentes utilizando diversos métodos para doblegar la voluntad de sus contrincantes21.

Hoy día el adversario está, como decía, «paseando» por nuestras «avenidas sociales», y la OTAN es consciente de ello; desde el Mando Aliado de Transformación (ACT) se ha acuñado el término «Cognitive Warfare» como las «actividades realizadas en sincronización con otros instrumentos de poder, para afectar actitudes y comportamientos influyendo, protegiendo y/o alterando las percepciones individuales y grupales para obtener una ventaja»22. Por su parte, España ya reconocía el «ámbito cognitivo» como uno de los cinco dominios donde operan las Fuerzas Armadas23.

Esto pone de manifiesto la importancia que cobra la preparación, concienciación y protección de las personas, para evitar que sean «manipuladas».

En la actualidad, las personas que componen nuestras sociedades se «desplazan» libremente por las «avenidas sociales» sometidas a un continuo acoso mediático que trata de influir en sus comportamientos conforme a los intereses de muy diversos actores: compañías comerciales, entidades públicas, agentes operando para actores externos, etc.

Esta libre circulación se desarrolla en gran parte de los casos sin la preparación y el adiestramiento adecuados: no se necesita «carné de conducir» que nos enseñe a interpretar las señales que vemos en nuestra «circulación» por las «avenidas sociales», para seguir el trayecto que deseamos recorrer.

Parece, pues, necesario dotar a nuestros ciudadanos de las herramientas que les permitan gobernar su libertad frente a los «ataques» de nuestros adversarios, de los adversarios de nuestra sociedad, de la sociedad que todos debemos defender.

No se trata de alarmar a la sociedad, pero sí de concienciarla, pues ellos son, sin duda, objetivo del adversario que busca influir en sus mentes para debilitar nuestras estructuras sociales. Ejemplos de la forma de operar en este ámbito y del impacto que puede tener en cualquier sociedad son: el caso de Rusia en la actual guerra con Ucrania, pero también en los procesos electorales de diversos países europeos, y el de China en otra dimensión, tratando de crear corrientes de opinión internas y externas que converjan hacia la marginación y exclusión de ciertas poblaciones, cuando no subvertir el orden mundial, son ejemplos claros de la forma de operar en este ámbito y el impacto que puede tener en cualquier sociedad24.

La OTAN desde ACT, trabaja para dar herramientas a los aliados contra las amenazas que se ciernen sobre este ámbito cognitivo, mediante la educación, colaboración, protección y formación que les permita proteger sus valores democráticos fundamentales25.

Conclusión

La OTAN, ante los dramáticos acontecimientos que se suceden a las puertas de nuestras fronteras, ha sentido la imperiosa necesidad de preparar a sus sociedades para que puedan recuperarse de un posible «primer golpe» asestado por nuestra amenaza más inmediata: Rusia26.

Por esta razón, desde la Cumbre de Varsovia de 2016 se viene impulsando toda iniciativa para mejorar la resiliencia de los países miembros, en coordinación con su socio esencial, la Unión Europea27; con la que ha propuesto una serie de recomendaciones para evitar un colapso de sus infraestructuras críticas28.

No obstante, la velocidad con la que las nuevas tecnologías irrumpen en nuestras vidas, junto con el conjunto de valores que los Aliados nos comprometimos a promover y defender, está ocasionando que nuestros adversarios hayan atravesado nuestras fronteras cuasi impunemente, y amenacen a diario y desde dentro, las estructuras sociales que garantizan el mantenimiento de esos valores que con tanto esfuerzo nos dimos; como si de un «caballo de Troya» se tratara.

Por eso, más allá de garantizar la resiliencia de la sociedad, se ha de concienciar a esta de la realidad en la que se desenvuelve, sometida al acoso mediático de nuestros adversarios en las «avenidas sociales» que recorren a diario.

Se trata no solo de ser resilientes, sino de cooperar con la defensa colectiva de la Alianza que se ve sometida continuamente a las amenazas y «ataques» de nuestros adversarios, por debajo del umbral de la guerra, en la conocida zona gris de las relaciones internacionales.

No basta con disponer de los sistemas de combate y mando y control más modernos y tecnológicamente superiores a los de nuestros adversarios: se trata de asegurar que cuando debamos hacer uso de ellos, las infraestructuras y las personas estén dispuestas.

Una sociedad consciente de su responsabilidad y comprometida con la defensa de los valores de la libertad individual, la democracia, los derechos humanos y el imperio de la ley, es un poderoso elemento de disuasión para cualquier adversario.

En definitiva, es la hora de trasladar a la sociedad la necesidad de participar activamente en el cumplimiento de lo acordado en el Tratado del Atlántico Norte. Cómo hacerlo es motivo de otro estudio.

Francisco Javier Gamboa Herraiz*
Capitán de Navío NATO Defense College-Faculty Advisor

Referencias:

1 Como dice el Libro del Génesis. Gén.1,28.
2 Ibíd., Gén.4.
3 En la actualidad se hace una división entre seguridad y defensa, que al autor le parece eufemística, pues parece que el término «seguridad» trata de evitar el uso del término «defensa» por asociarlo inconscientemente al uso de las armas; algo que produce rechazo hoy día. Piensa el autor que la defensa se refiere a la protección y salvaguarda de aquello que nos permite vivir con garantías la libertad y seguridad de las personas y las cosas, protegiendo aquello que nos hemos dado frente a la voluntad de arrebatarlo de nuestros adversarios. Es por ello por lo que los ministerios de Defensa no debieran confundirse con los ministerios de las Fuerzas Armadas, y debieran asumir la responsabilidad de coordinar las actividades necesarias en todos los ámbitos de la sociedad para garantizar el normal transcurrir de la vida de los ciudadanos ante una agresión exterior, cualquiera que sea su naturaleza.
4 No hay más que una sociedad, la formamos todos y está compuesta por diferentes sectores; uno de ellos sería el civil, en contraposición a aquel que viste el uniforme: el militar.
5 Término no compartido por el autor pero que es comúnmente aceptado.
6 «A fin de lograr más eficazmente la realización de los fines del presente Tratado, las partes, actuando individual y conjuntamente de manera continua y efectiva mediante la aportación de sus propios medios y prestándose asistencia mutua, mantendrán y acrecentarán su capacidad individual y colectiva de resistir a un ataque armado» art. 3 del Tratado del Atlántico Norte. Washington 1949.
7 Commitment to enhance resilience. Issued by the Heads of State and Government participating in the meeting of the North Atlantic Council in Warsaw, 8-9. July 2016.
8 NATO 2022_Strategic Concept. Madrid, June 2022.
9 Iniciativa lanzada el 16/3/2023 que reúne a funcionarios de ambas organizaciones para compartir mejores prácticas, conciencia del entorno y desarrollar principios para mejorar la resiliencia. https://www.nato.int/cps/en/natohq/news_212874.htm?selectedLocale=en
Nota: Todos los enlaces se encuentran activos con fecha 24 de octubre de 2023.
10 Resilience, civil preparedness and Article 3. 2/8/2023. https://www.nato.int/cps/en/natohq/topics_132722.htm
11 Cómo responde la UE a las crisis y crea resiliencia. 2/10/23. https://www.consilium.europa.eu/es/policies/eu-crisis- response-resilience/
12 «El arte supremo de la guerra es someter al enemigo sin luchar». Sun Tzu, El arte de la guerra.
13 «Los guerreros victoriosos ganan primero y luego van a la guerra». Sun Tzu, El arte de la guerra.
14 Tratado del Atlántico Norte, arts. 3 y 5. Washington DC, 4/4/1949.
15 Se trata recordar la célebre frase: «No os preguntéis qué puede hacer vuestro país por vosotros. Preguntaos qué podéis hacer vosotros por vuestro país», John F. Kennedy. Discurso de investidura, el 20 de enero de 1961.
16 «EU-NATO Task Force on the resilience of Critical Infrastructure», Final Assessment Report. Junio 2023.
17 Tratado del Atlántico Norte, art. 6. Washington DC, 4/4/1949.
18 El autor se refiere a la sociedad en su conjunto, no compartiendo la corriente actual de dividir a la sociedad en sectores como ya ha señalado: por ejemplo, sociedad civil frente a sociedad militar.
19 Arts. 1 y 2 del Tratado del Atlántico Norte. Washington DC, 4/4/1949.
20 Strategic Compass de la Unión Europea, p.7, 21/3/2022.
21 Dejo a la imaginación del lector, a su cultura histórica y cinematográfica, identificar la variedad de métodos utilizados en el pasado para quebrar la voluntad de resistencia de un adversario.
22 Cognitive Warfare: Strengthening and Defending the Mind. 5⁄4⁄23. https://www.act.nato.int/article/cognitive-warfare- strengthening-and-defending-the-mind/
24 Cognitive Warfare: Strengthening and Defending the Mind. 5/4/23. https://www.act.nato.int/article/cognitive- warfare-strengthening-and-defending-the-mind/