Irán es el objetivo

El ayatolá Alí Jamenei, a la derecha, pasa revista a las Fuerzas Armadas - PHOTO/OFICINA IRANÍ vía AP
El ayatolá Alí Jamenei, a la derecha, pasa revista a las Fuerzas Armadas - PHOTO/OFICINA IRANÍ vía AP
Con numerosos manifestantes en las calles pidiendo su dimisión y la celebración de elecciones, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, autorizó dos operaciones arriesgadas contra intereses iraníes en Siria. 

Una en el aeropuerto de Alepo y pocos días después en Damasco. Se podrá discutir si Netanyahu actúa completamente al servicio de los intereses de Israel en la región en este momento o aprovecha las oportunidades para intentar convencer de que tiene que seguir al frente del Gobierno en estos momentos tan delicados.

El caso es que Israel ha subido un peldaño la escalada de su estrategia de acabar con la influencia de Irán en Oriente Medio. El intercambio de ataques, más o menos esporádicos con lanzamiento de misiles, con la milicia libanesa Hizbulá de los últimos meses ha registrado un golpe sustancial con el bombardeo israelí contra un almacén de misiles y una base de entrenamiento en instalaciones del aeropuerto de la localidad siria de Alepo. 

Ahora, el objetivo del ataque ha sido el Consulado iraní en Damasco donde se confirma la muerte, entre otros, del comandante para Líbano y Siria de las Brigadas Al Quds, fuerzas especiales en el exterior de la Guardia Revolucionaria de Irán, responsable del despliegue de sus efectivos y del apoyo a las milicias proiraníes en esos dos países. 

Irán promete venganza, pero sigue sin explicar por qué y para qué están ahí esas fuerzas especiales, aunque todos lo saben. Israel no sabe, no contesta, pero mantiene su estrategia implacable contra la influencia de los ayatolas en la región y, de momento, evita un enfrentamiento directo con Teherán mientras va dando pasos en Gaza, Cisjordania, Líbano y Siria. Los Estados Unidos y el Reino Unido lideran la coalición que responde en Yemen a los ataques de los hutíes a buques en aguas del mar Rojo y trata de evitar un efecto negativo mayor para el comercio internacionales. 

Aunque sea de manera soterrada e indirecta, resulta evidente que el objetivo es Irán.

Desde que se registró el ataque terrorista de Hamás el pasado 7 de octubre contra Israel, donde se demostraron las verdaderas intenciones de destrucción por parte de los grupos afines al régimen de los ayatolas con la colaboración externa de su aliado ruso, la decisión adoptada tras asumir que no es posible la convivencia con grupos terroristas como Hamás fue la de acabar con su influencia y dictadura en Gaza donde han mantenido secuestrados a dos millones de palestinos desde el año 2007, que junto con los de Cisjordania necesitan recuperar sus instituciones. Y terminar con la cadena construida en los últimos años por las Brigadas Al Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán continúa con Hizbulá en el Líbano, con los hutíes en Yemen y con las milicias proiraníes en Siria e Irak, donde los gobernantes tendrán que valorar si están dispuestos a enfrentarse a Israel. 

El Gobierno de Israel ha recibido un nuevo paquete de ayuda militar de Estados Unidos porque Washington respalda la decisión de acabar con las milicias proiraníes en Oriente Medio. 

La iniciativa no es nada fácil y tiene un elevado coste en vidas que el Ejército de Israel trata de minimizar con su despliegue de infantería casa por casa, túnel por túnel en hospitales, escuelas y otros edificios civiles lo que representa muchas bajas en sus filas, en lugar de continuar con bombardeos que causarían peores estragos. 

Sin embargo, la muerte de civiles y la escasez de alimentos, medicinas, electricidad y gasolina creando una crisis humanitaria muy grave entre los palestinos es algo que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, debería tener mucho más en cuenta. También debería reflexionar sobre si es el dirigente más idóneo en estos momentos. La abstención de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU que permitió aprobar una resolución que reclama un alto el fuego es un serio toque de atención por parte de la Administración Biden, que también tiene que velar por sus intereses electorales frente a un Donald Trump decidido a cualquier acción con tal de regresar a la Casa Blanca. Israel y Estados Unidos enfrentan un objetivo difícil y complicado, con un desgaste público evidente por los elevados costes de sus operaciones, pero en la región, donde los Acuerdos de Abraham demuestran que árabes e israelíes se pueden entender, la mayoría son conscientes de quién es el verdadero enemigo que anida entre el fanatismo del régimen de Irán y sus milicias repartidas en la región , los Hermanos Musulmanes en varios países, los grupos terroristas y los movimientos rusos para desgastar a Occidente y a los países de la región, no solo en Oriente Medio, también en África. 

La causa palestina exige un tratamiento y una solución sin Hamás, con la recuperación de la legitimidad y la gobernanza de una verdadera Autoridad Nacional Palestina con todos los apoyos que sean necesarios. 

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