Por Ahmed Brahim y Rachid Elalamy
Foto: El principal puesto fronterizo entre Argelia y Marruecos permanece cerrado desde hace 20 años. 
 
Las fronteras terrestres entre Argelia y Marruecos están cerradas desde hace 20 años, después de un incidente diplomático entre los dos países hegemónicos del Magreb. Rabat acusó a los servicios secretos argelinos de haber organizado un atentado terrorista en Marrakech. El 24 de agosto de 1994, dos turistas españoles fueron asesinados por un grupo terrorista procedente de Argelia en el Hotel Atlas de la ciudad ocre, un lujoso complejo de cinco estrellas situado en una de las zonas más selectas de Marrakech. Pocos meses antes, el Hotel Atlas había sido la sede de una reunión de trabajo de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Tras el asesinato de los dos turistas españoles, las autoridades marroquíes reaccionaron con rapidez y convocaron al cónsul de Argelia en Rabat, Nuredine Amir, para expresarle su profundo malestar por el atentado terrorista de Marrakech. “Las cosas degeneraron rápidamente”, recuerda un antiguo diplomático. Marruecos restableció la necesidad de visado para los argelinos y algunos ciudadanos de esta nacionalidad fueron expulsados del país. El entonces ministro del Interior de Marruecos, Driss Basri, hombre de la máxima confianza del rey Hasan II, defendió una política de mano dura contra los argelinos y la prensa marroquí llevó a cabo una campaña contra el vecino magrebí. Los argelinos se convirtieron en terroristas en Marruecos; y los marroquíes, en enemigos del pueblo argelino. “Las autoridades argelinas siguieron los pasos de las marroquíes: establecimiento del visado y cierre de las fronteras terrestres”, evoca un periodista argelino. La llegada al poder de Abdelaziz Buteflika en Argelia fue valorada en Marruecos como un gesto a favor del deshielo. En 2005, los dos países suprimieron la necesidad de visado, pero las fronteras permanecieron cerradas. Las diplomacias de ambos Estados se acusaron entonces mutuamente de ser responsables de la crisis bilateral que tanto daño político, económico y social hace a los dos países y al conjunto del Magreb. 
 
Conflicto permanente
“¿De qué manera podemos interpretar el hecho de que en 2006 el Gobierno de Driss Jettu se negara a recibir a su homólogo argelino Ahmed Uyahia, que había anunciado una visita de trabajo a Marruecos?”, se pregunta un diplomático argelino. En opinión del politólogo marroquí Mustafá Sehimi, “Argelia es el principal responsable de la crisis. Lleva décadas provocando a Marruecos, y ha hecho todo lo posible por impedir una salida política al conflicto permanente entre los dos países”.  “No es cierto. Argelia ha hecho grandes esfuerzos para serenar las relaciones bilaterales con Marruecos, pero este país lleva a cabo campañas calumniosas y feroces contra Argelia”, asegura el diplomático argelino. Las relaciones diplomáticas entre los dos grandes países del Magreb están muy degradadas y en los últimos años se han visto salpicadas por numerosos incidentes como, por ejemplo, la agresión que sufrió el cónsul general de Argelia en Casablanca. En esta situación, “es muy difícil tender puentes” entre Rabat y Argel, opina el politólogo argelino Nordine Chekruni. “Para que Argelia abra sus fronteras con Marruecos, este país tendría que hacer algunos gestos positivos hacia su vecino. Y lo mismo tendría que hacer Argelia”, señala Chekruni. Mientras, los delincuentes y las redes mafiosas que trafican con drogas, seres humanos, armas, carburantes, bienes alimentarios, medicamentos y todo tipo de productos campan a sus anchas a ambos lados de las fronteras terrestres cerradas a cal y canto. Sobre todo en el puesto más importante, la frontera de Uchda, capital de la región Oriental, en el este de Marruecos. En 1994, el turismo argelino generaba en esta zona marroquí unos ingresos de más de 2.000 millones de dólares anuales. 20 años después, el paro y la pobreza son dos compañeros inseparables de la vida de miles de marroquíes en la región Oriental. Según un estudio de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Uchda citado por el diario marroquí ‘L´Economiste’, en 2007, las pérdidas económicas  provocadas por el cierre de la frontera en la región Oriental fueron de 6.700 millones de dirhams (unos 640 millones de euros) y se perdieron 32.400 puestos de trabajo. Hoy en día, los delincuentes hasta trafican con el pan, y venden este producto elaborado en las panaderías de las ciudades argelinas de Tlemcen y Maghnia en algunas plazas de Uchda. Y los turistas argelinos prefieren viajar en coche a Túnez, donde disfrutan de buenos servicios. Dicen los expertos que si se abriera este importante puesto fronterizo, los dos países se verían beneficiados desde el punto de vista económico y social. El cierre de las fronteras terrestres entre ambos Estados es un “desastre económico”, afirma rotundamente el economista marroquí Najib Akesbi. El Banco Mundial (BM) evalúa las pérdidas económicas en decenas de miles de millones de dólares cada año, y por culpa de esta situación la Unión del Magreb Árabe (UMA) está políticamente paralizada.
 
Situación anacrónica
El statu quo dura ya dos décadas y los dirigentes de los dos países no han conseguido acercar posiciones, aunque muchos marroquíes y argelinos estén a favor de la reapertura de las fronteras terrestres. Argelia espera que Marruecos le pida disculpas por haber acusado a este país de organizar tramas terroristas y de manipular al Frente Polisario, un movimiento apoyado por los dirigentes argelinos que lucha por la independencia de la antigua colonia española del Sáhara occidental, que Rabat considera como parte de su territorio. Marruecos acusa a Argelia de “mala voluntad” y de torpedear las relaciones bilaterales. “No somos los responsables del cierre de las fronteras y no haremos nada que exacerbe la tensión”, asegura un diplomático argelino a la revista ‘Jeune Afrique’. Por su parte, el rey Mohamed VI calificó de “situación extraña” que daña los intereses del “ciudadano magrebí” el cierre del puesto fronterizo de Uchda. Argelia y Marruecos comparten una frontera de unos 1.500 kilómetros y la actual situación perjudica claramente los intereses de 70 millones de habitantes de ambos países. “La necesidad de tener un Magreb integrado nunca ha sido tan fuerte. El comportamiento de Argel y Rabat es totalmente anacrónico”, recalca Khadija Mohsen-Finan, investigadora en el Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) de Francia. “No nos podemos permitir el lujo de retrasar” el proceso de integración del Magreb, advierte la investigadora. En otro orden de cosas, según informaciones periodísticas, Argelia estaría preparando la creación de una fuerza de intervención regional, pero sin  la participación de Marruecos. En 2009, Argel puso en marcha una entidad para combatir el terrorismo en el Sahel, denominada Coordinación de Tamanraset. Ahora, pretende crear una fuerza de intervención norteafricana en Libia bajo control de la Unión Africana (UA). Este objetivo fue debatido el martes de esta semana, en El Cairo, entre el ministro argelino de Asuntos Exteriores, Ramtane Lamamra, y el presidente egipcio, Abdelfatah al-Sisi. Egipto, como así lo desea Argelia, sería uno de los grandes protagonistas de esta entidad militar. Marruecos abandonó la antigua Organización para la Unidad Africana (OUA) en 1984 tras la admisión de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) del Frente Polisario apoyado por Argelia. Por otra parte, según Akram Kharief, periodista argelino especializado en cuestiones de defensa y de geoestrategia y autor del blog ‘Secret Difa3’, el Ejército del Aire de Argelia es el responsable del bombardeo de un depósito de armas en Trípoli y no Egipto y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), como publicaron hace unos días muchos medios de comunicación. Según Kharief, Argelia es el único país de la región con capacidad militar para llevar a cabo una acción de esta naturaleza, que contó con el apoyo de las principales potencias occidentales. 
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