Marruecos-España: Una relación en caída libre

Marruecos-España: Una relación en caída libre

Abril y mayo han sido testigo de un nuevo encontronazo en la ya tensa relación hispano-marroquí. El motivo ha sido la hospitalización del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, enfermo de COVID, en España. Para Rabat, la acción es una afrenta grave, ya que considera al Polisario como un grupo terrorista. Por si fuera poco, la credibilidad española quedó en entredicho cuando el periódico Jeune Afrique reveló que se acogió a Gali como favor a Argelia -principal suministrador de gas a España y sostén del Polisario- no por razones humanitarias, como se dijo en un principio. 

Esta semana, la crisis se ha extendido de la esfera diplomática a la migratoria, con la entrada masiva de migrantes a Ceuta ante la pasividad de las autoridades marroquíes. La reacción de España fue inmediata, con el anuncio del envío de militares y policías a la frontera y la decisión del presidente del Gobierno de viajar a la zona para ver de primera mano la situación. 

Sin embargo, no se ha analizado las implicaciones a largo plazo de este nuevo bache entre Rabat y Madrid. Aún no se sabe cuándo ocurrirá la Reunión de Alto Nivel (RAN) entre ambos países, pospuesta desde diciembre, mientras que la hospitalización de Gali ha vuelto a abrir dosieres judiciales en su contra, complicando la decisión española de darle tratamiento médico. 

La RAN entre Marruecos y España iba a tener lugar en diciembre del año pasado, sin embargo, al poco de que ocurriera, Marruecos decidió posponerla. La razón oficial fue la COVID-19 y el riesgo de contagio. Extraoficialmente, el malestar español al reconocimiento por parte de los Estados Unidos de la soberanía marroquí sobre el Sahara fue el motivo para aplazar la reunión.

Dentro del gobierno de coalición español -especialmente en el sector de Podemos- hay simpatía hacia el Polisario. A Rabat tampoco tuvo que sentarle bien la tibia reacción oficial del gobierno español, el cual se limitó a pedir el respeto de las resoluciones de la ONU – a ojos de Rabat papel mojado-. La diferencia de opiniones respecto al tema instaló un malestar que la hospitalización de Gali ha amplificado. De hecho, es muy probable que este episodio empeore las posibilidades de que la RAN ocurra pronto. 

Respecto a la hospitalización de Gali, más allá del doble enfado marroquí por el hecho de que España esté dando tratamiento médico al que en sus ojos es su máximo enemigo y que esto se hiciera como favor a Argelia, la decisión por parte de la justicia española de citar a Gali el mes que viene por genocidio, complica las posibilidades de resolver la crisis. Esta citación judicial cuestiona aún más la decisión de Madrid de hospitalizarlo, pues ahora no sólo se está cuidando de alguien molesto para otro país, sino también de alguien con causas pendientes con la justicia española. Rabat argumentará que España ha dado cobertura médica a alguien con causas pendientes en España, lo cual dañaría nuestra imagen en Marruecos, pues a sus ojos hemos dado asilo al líder de un grupo terrorista que lucha por la independencia de un territorio que el reino alauí considera (ferozmente) como suyo. Es muy probable que la estancia de Gali en España se alargue. Esto desagradará a Marruecos, lo cual puede traducirse en una relajación en las fronteras, facilitando así el pase de migrantes hacia España, como hemos visto esta semana. 

La entrada masiva de inmigrantes a Ceuta, ante la pasividad de las autoridades marroquíes es una de las herramientas de presión que Rabat usa cuando hay tensiones en las relaciones bilaterales. Esta situación no sólo ha hecho saltar las alarmas en Ceuta y Melilla, limítrofes por tierra con Marruecos, sino también en las Islas Canarias, que han visto como el número de inmigrantes subsaharianos – de los cuales la mayor parte salen de las costas saharauis- ha crecido exponencialmente desde 2020. Se teme que lo ocurrido en Ceuta pueda pasar en el archipiélago, complicando la frágil capacidad de acogida de las islas (Pocas instalaciones para tal fin, falta de medios para patrullar y rescatar a los inmigrantes). Además, si esto ocurriese, tensaría aún más las relaciones bilaterales, sobre todo porque en las Islas Canarias, por cercanía y vínculos coloniales, hay simpatía hacia la causa del Polisario, especialmente entre algunas formaciones políticas canarias con poder en el gobierno autonómico. 

En conclusión, las relaciones hispano-marroquíes, que ya iban por un mal camino, han empeorado recientemente con la decisión de España de acoger y hospitalizar al líder del Frente Polisario Brahim Gali, enfermo de COVID 19. El secretismo de tal hospitalización- la cual no fue comunicada a Marruecos- y la revelación de que fue hospitalizado como favor a Argelia y no como se dijo inicialmente por motivos humanitarios, enfadó a Marruecos. Este enfado complica las posibilidades de que la RAN, aplazada desde diciembre, tenga lugar. Además, la reapertura de una causa judicial contra Gali por genocidio augura que su estancia en España será larga, complicando así la resolución de la crisis. 

La entrada de migrantes a Ceuta, ante la pasividad de Marruecos, no sólo ha levantado las alarmas en ambas ciudades autónomas, sino también en las Islas Canarias, que han visto como desde el año pasado, el número de inmigrantes que llegan a sus costas ha aumentado, a pesar de contar con pocos medios, tanto para acogerlos como para vigilar las costas. Se teme que lo ocurrido en Ceuta tenga su réplica en las islas a través de las costas saharauis, cercanas al archipiélago. Esto tensaría aún más las relaciones en un territorio donde la causa del Polisario tiene eco social e institucional. 

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